EL SACRIFICIO: TEMA Y RECURSO DRAMATICO EN LA

OBRA TEATRAL DE BENITO PEREZ GALDOS, 1892-1903

Maryellen Bieder

Indiana University

Cuando Nora, en Casa de muñecas de Ibsen, cerró de golpe la puerta de su

casa al final del drama y se marchó deliberadamente hacia su propio futuro,

dejando atrás a su marido y a sus hijos, el golpe reverberó por toda Europa.

Las protagonistas de las obras dramáticas de Galdós coetáneas con la polémica

en tomo a Ibsen se declaran igualmente firmes y se comportan con igual resolución

de cara al futuro, pero dentro de un marco totalmente diferente. La

acción que unifica a las protagonistas de toda una serie de dramas galdosianos

es el sacrificio que hace el individuo, el abandono de una postura egocéntrica

al asumir la responsabilidad por la familia. Aprovechando la atención que provocaba

en las últimas décadas del siglo XIX el debate sobre la condición, la

educación, los derechos, el futuro y el carácter moral de la mujer, y los ecos de

estas preocupaciones sociales en la representación de la mujer en el mundo de

la ficción, Galdós juntó su visión de la España del futuro con la potencia y la

plasticidad de la figura proteica de la mujer al crear sus protagonistas dramáticas.

Algunas de estas protagonistas, como Nora, abandonan a su familia, o

están dispuestas a hacerlo, pero siempre cuentan con dos apoyos al dejar la

casa familiar: el de un hombre mayor, desinteresado, al margen de la crisis, y

el del novio. Si cierran la puerta -pienso en Mariucha- marchan hacia el

matrimonio, hacia una nueva familia. En Galdós el matrimonio representa la

base esencial del futuro y no el fracaso del pasado. Sus protagonistas expían su

egocentrismo con un sacrificio que las renueva y las abre el camino al futuro.

«La loca de la casa» y «el ángel de la casa» -estos dos tipos contrastantes,

la mujer frívola y la mujer ideal, aparecen con frecuencia en la literatura popular

de la segunda mitad del XIX. De 1876 son, por ejemplo, los dos tomos de

El ángel del hogar: estudios morales acerca de la mujer, por María del Pilar

Sinués de Marco!, escritora fecunda y popular. Galdós también se sirve de la

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dicotomía «la loca de la casa» / «el ángel de la casa» contrastando la mujer

frívola, fantaseadora, caprichosa con la mujer sacrificadora, abnegada, ordenada2•

En La loca de la casa, el padre de las dos hermanas las describe así:

[Victoria es] lo contrario de su hermana Gabriela, toda reflexión y calma. En

aquella, el instinto del método, las acciones lentas, las ideas prácticas; en esta,

el arranque súbito, ideas brillantes, actos atrevidos que parecían obra de la inspiración

o del capricho [II, i; 571].

En manos de Galdós este contraste fundamental heredado de la literatura

moralizante casera entre la mujer heroica, el ama de casa idónea, y la mujer

defectuosa, se transforma al invertir Galdós la consabida lección moral. No es

«el ángel del hogar» quien lleva a cabo la salvación de la familia con el sacrificio

desinteresado de sí misma; ese papel le toca a «la loca de la casa». Gabriela

cumple el papel del ama de casa ideal, cuidando de los 6 hijos de su difunto

hermano, pero como a la bíblica Marta la falta el alcance de la imaginación de

María. Lo que en la literatura popular son defectos en la visión de la obra

galdosiana son la grandeza y la fuerza necesarias para asumir el sacrificio requerido,

sacrificio que Gabriela se niega a aceptar. Victoria define su carácter

como lo ven los demás:

Aquí tienes a la que llamabais la loca de la casa, a tu hijita caprichuda y soñadora;

aquí la tienes, amenazándote con nuevos delirios de su imaginación arrebatada

[II, ii; 572].

Las mismas características que la hacen llamar «la loca de la casa» resultan

ser esenciales para el papel que asume. Nunca ha sido la novicia contemplativa

que imagina su familia sino una María en busca de un sacrificio. En La loca de

la casa Galdós no sólo invierte el valor de la oposición la loca/el ángel sino que

cambia de signo, de negativo a positivo, los atributos de soñadora e imaginativa.

La inversión de la jerarquía heredada de la literatura popular no ocurre

solamente en La loca de la casa. Semejantes contrastes y revalorizaciones estructuran

la representación de la protagonista en otras obras dramáticas de

Galdós, obras que comparten un esquema básico y un enfoque temático. Cuatro

son las obras dramáticas seleccionadas a base de los elementos comunes: el

carácter, las técnicas de representación y la trayectoria de la protagonista. El

esquema fundamental trasciende los límites de la obra individual y se manifiesta

en una serie de dramas escritos a través de una década:

La loca de la casa (1892)

La de San Quintín (1893)

Voluntad (1895)

Mariucha (1903)3

Victoria, Rosario, Isidora, Mariucha -cuatro protagonista unidas por un

acto decisivo que determina no sólo su propio futuro sino el de la familia y por

extensión el de la sociedad y, simbólicamente, el del país. Cuatro mujeres al

servicio de un nuevo futuro y una nueva sociedad; cuatro mujeres que se sacrifican

para redimir a la familia. Las cuatro comparten unas características fundamentales

que las separan de las demás protagonistas del teatro galdosiano; son

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jóvenes casaderas, independientes (o en trance de independizarse), burguesas

o aristócratas, listas, con talento administrativo y habilidad económica. Mujeres

fuertes, decididas tienen una gran capacidad imaginativa que les deja ver y

luchar para un nuevo futuro donde otros sólo saben desesperarse. Galdós plantea

en estos dramas la necesidad de una mujer nueva a la altura del momento

histórico y las circunstancias económicas y recrea el esquema fundamental en

cuatro ambientes socio-económicos diferentes:

La loca de la casa - la alta burguesía barcelonesa

La de San Quintín - la aristocracia/la nueva burguesía provincial

Voluntad - la pequeña burguesía madrileña

Mariucha - la aristocracia/el pueblo

Aunque dos de las protagonistas nacen dentro de la aristocracia, todas marchan

hacia el futuro dentro de la clase media. Al nivel anecdótico divergen

mucho las cuatro obras pero al nivel estructural revelan elementos comunes

que las unen. El modelo literario de la mujer inútil y débil se transforma en

estas obras en una figura cuyos defectos se hacen fuerzas por medio del ejercicio

del poder imaginativo y el acto sacrificador. Esta trayectoria del egocentrismo

al sacrificio define las cuatro protagonistas. Las variaciones sobre el tema

del sacrificio planteado desde mundos y circunstancias diferentes demuestran

una base constante en la estructuración de la representación de la protagonista4

En la representación de Victoria en La loca de la casa, el esquema básico

consiste en una serie de contrastes, siendo el contraste con su hermana Gabriela

el principal. Otros aspectos de esta técnica de representación binaria los

ofrecen la tía doña Eulalia y la marquesa de Malavella, los dos de una generación

mayor. Si la caridad a que se dedica Eulalia es paternalista e institucionalizada,

las acciones de Victoria son individuales, comprometidas y radicales.

Otro polo de contraste lo ofrece la marquesa, representante de la aristocracia

venida a menos que lucha para mantener su pedacito del pasado, esclavizada

por este pasado e incapaz de crear un nuevo futuro. Estas mujeres encarnan el

pasado, las tradiciones gastadas y las soluciones inválidas en el mundo de la

burguesía industrializada que mira hacia el siglo xx.

La protagonista se estructura sobre un configuración binaria con otras mujeres,

jóvenes y mayores, haciendo resaltar sus cualidades por contraste con ellas.

La figura principal que hace contraste con la protagonista puede ser su hermana,

como en La loca de la casa o Voluntad, u otra joven de la casa, como en La de

San Quintín, o más ampliamente, otra joven de la sociedad como en Mariucha.

La figura contrastante representa otro camino al que recoge la protagonista,

camino que evita el sacrificio adoptado por ésta. La oposición entre las dos

jóvenes se basa en la dicotomía pasiva/activa, aceptar/desafiar. En La de San

Quintín se repite la dicotomía monja/mujer que en La loca de la casa se resuelve

a nivel de una sola persona, Victoria, que rechaza la vida del convento para el

matrimonio. Rufina y Rosario encarnan la dicotomía monja/mujer en el drama

posterior, siendo Rufina «el ángel del hogar», o en las palabras de su abuelo,

«el ángel de la administración» (1, vi; 662). Menor de edad, como Electra, a

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Rufina le falta el poder de forjar su propio destino, pero la vocación religiosa

la convierte en una figura estática, una representante del pasado, como reconoce

el abuelo al final de la obra. Una vez más ni «el ángel de la casa» ni la

monja abre el camino hacia el futuro; sus actividades sólo sirven para perpetuar

el presente.

Las figuras contrastantes en Voluntad y Mariucha son esencialmente negativas

y no solamente estáticas. Isidora, la hija rebelde, vergüenza de la familia,

contrasta con su hermana menor, una jovencita modelo del tipo tan frecuente

en la novela popular cuya formación social y educativa consiste en tocar (mal)

el piano. Como en La loca de la casa, Galdós invierte la valorización de los

papeles, convirtiéndole a la hija perdida en el modelo y a la mimada pianista

en discípula de aquélla. Siendo la obra más extensa, Mariucha desarrolla varios

papeles que hacen resaltar el papel de la protagonista epónima. Por una parte

en Teodolinda se presenta la resolución económica sin matices; ella y César

exhiben el dinero heredado frente al dinero ganado por esfuerzo propio que

encaman Mariucha y León. La confidenta de Mariucha, Vicenta, constituye la

resolución clasista, siendo pueblo aunque de la ~lase dirigente del pueblo. Vicenta

es el pueblo-pueblo, por decirlo así, y no la fusión de ras cualidades de

aristocracia y pueblo que parece proponer Galdós, sobre todo en La loca de la

casa. Surge también en Mariucha la posible dicotomía monja/mujer, alternativa

que ella misma rechaza.

Aun dentro de la esfera tradicional de la mujer, el ejercicio de la caridad

cristiana, el papel de la protagonista contrasta con la tradición patemalista

institucionalizada, representada por las mujeres de la generación anterior. Isidora

contrasta también con su madre, una mujer que se sirve de la iglesia

como escape de la realidad problemática que la rodea en casa. La madre de

Isidora y la de Mariucha, la tía de Victoria -las tres llevan a cabo las buenas

obras de la caridad tradicional. El contrapunto con las protagonistas deja ver

que por buenas que sean esas mujeres, y suelen ser ingenuas, y por mucho que

hagan, sólo ayudan a que todo siga igual. La transformación radical viene con

la visión radical que produce una ruptura con el pasado. Si esas señoras caritativas

contribuyen también una dimensión de humor a l3:s obras con S11 devoción

exagerada e ineficaz, otra figura, la de monja, hace contrapeso sin ningún elemento

de humor. No haya nada cómico ni negativo en el papel que hace Rufina

pero por contraste con el papel activo y decisivo de Rosario el convento se

reduce a una opción estancada, estéril, encerrada, de espaldas al mundo que

pide soluciones.

La trayectoria de Victoria parece circular a primera vista: de la novia de

Daniel ha pasado a ser una novicia para después aceptar el matrimonio con

Cruz. La aparente circularidad revela una doble renuncia: la renuncia del matrimonio

para la vida del convento y la renuncia de su vocación para salvar a

la familia casándose con Cruz. En otras palabras, rechaza el matrimonio burgués

tradicional para el que parecía destinada, como su hermana, a cambio de

un matrimonio problemático en términos sociales, emocionales y espirituales.

La doble renuncia subraya el control que ejerce Victoria sobre su destino y la

gama de opciones que la vida le ofrece. La llegada de Victoria el domingo de

Ramos con su palma en la mano establece un contrapunto litúrgico para el

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acto de sacrificio que emprende al ofrecerse a Cruz: es otra víctima propiciatoria

que marcha conscientemente hacia el sacrificio.

La transformación por medio del sacrificio constituye el aspecto esencial de

la trayectoria de todas las protagonistas y estructura la tensión dramática de las

obras.

Victoria: [novia] - noviciada - esposa/Cruz

Rosario: [vida aristocrática] - vida retirada, sencilla «hija» - esposa/Víctor

Isidora: [amante/Alejandro] - hija - esposa/Alejandro

Mariucha: [vida aristocrática] - vida provincial/hija - esposa/León.

Victoria e Isidora se mueven desde fuera del círculo familiar a la reintegración

en la familia y la regeneración concomitante de ésta. Al asumir el sacrificio

Rosario y Mariucha rompen con sus familias y ponen su ímpetu regenerador al

servicio de la creación de un nuevo núcleo familiar en un ambiente diferente

del que conoce su familia. La transformación de posición social, de aristocracia

a burguesía, se complementa con la distancia física entre su vida pasada y la

proyectada vida futura. El renacimiento de la protagonista y la regeneración

del novio preparan el camino hacia la sociedad del futuro. Las dos protagonistas

que rompen con su familias requieren hombres fuertes, regenerados ya,

mientras que en La loca de la casa y Voluntad se dramatiza el proceso de

transformación tanto de la protagonista como de su novio.

Las trayectorias que comparten las protagonistas de estas obras dramáticas

se ve con mayor claridad al examinar a los cuatro hombres con quienes se

casan y que sirven también de contrapunto a las protagonistas. En estas obras,

si no también en otras, Galdós rompe con la tradición heredada del teatro

romántico del héroe decisivo, activo, noble, que se sacrifica en nombre de un

ideal absoluto.

En el teatro de Galdós, como otro crítico ha escrito ya, «Galdós reconocía

la naturaleza anti-heroica de la cultura de la clase media»5. Alejandro, el amante

de Isidora en Voluntad, por ejemplo, se construye según las normas del

teatro romántico. De una familia rica y aquejada de locura hereditaria6

, Alejandro

es muy dado a gestos dramáticos y devoto del amor como valor absoluto,

es decir, del amor libre. Un hombre abúlico, sin voluntad, es por otra parte

incapaz de afrontar la realidad económica, mezquina, cotidiana del mundo burgués

en que ·le ha tocado vivir. Parece un hombre inútil, anacrónico, sin otro

porvenir que sus sueños y visiones de lo ideal. Pero en combinación con Isidora,

«el ángel administrativo» de la casa y comercio de su familia, Alejandro

representa la locura necesaria para compensar el talento por las cifras de su

futura esposa. El hombre del pasado y la mujer nueva serán los padres del

futuro, en las palabras de don Santos: «os lo digo yo: los hijos de estos hijos

serán la perfección humana» [111, ix; 777]. El matrimonio entre personas de

carácter y formación contrarios se repite en casi todas estas obras con un claro

valor simbólico:

matrimonio de contrarios: La loca de la casa

clase, condición económica diferentes

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La de San Quintín

doble transformación de rico(a) a pobre clase

Voluntad

doble transformación de rico(a) a pobre

matrimonio de maestro/discípula: Mariucha

En La de San Quintín y Mariucha las trayectorias de hombre y mujer se

aproximan más, la transformación de la mujer a la zaga de la del hombre. Si

León ha sabido regenerarse a sí mismo, la regeneración de Víctor se debe en

gran parte a Rosario, siendo los papeles de estos dos más complementarios.

Salvo en el caso de Mariucha, el sacrificio que hace la protagonista lo inicia

ella sola, sin apoyo.

Para que estas cuatro mujeres puedan cumplir la salvación de la familia,

convirtiéndose en «ángeles administrativos» con su dosis esencial de locura,

tiene que ceder la figura patriarcal, delegando en sus hijas los poderes y responsabilidades

de su posición. A la vez que cede el patriarca, se forja una nueva

sociedad basada en la unión de la protagonista y su marido. La erosión de la

estructura del poder junto con el nuevo alienamiento llevado a cabo por el acto

sacrificador cambia radicalmente la estructura de la sociedad, sobre todo en

cuanto a los papeles respectivos de los dos sexos. Por otra parte, suele haber

un hombre maduro, solitario, al margen de la sociedad burguesa que sirve de

guía y consejero a la protagonista y que remplaza al padre desplazado. Este

papel del hombre desinteresado que sólo vela por el bienestar de la protagonista

lo dempeñan don Santos en Voluntad, el cura don Rafael en Mariucha y

hasta cierto punto el mismo don José en La de San Quintín. Derribado el

poder monolítico, queda en pie la relación maestro/discípula que en Mariucha

coincide con la de novio/novia 7

Los elemetnos aquí analizados no se limitan a estas cuatro obras sino que

se encuentran en diferentes concentraciones y combinaciones en otras obras

dramáticas de Galdós. Lo que estas obras revelan es una asociación de tema y

técnica que permanece constante a través de los cuatro dramas, constituyendo

variaciones dramáticas en contestación a una preocupación constante en Galdós.

En contestación a la necesidad de proyectar una visión dramática de la

sociedad española del futuro y de ofrecer una trayectoria desde la sociedad

actual (entiéndase, en su representación literaria) a la de mañana (otra vez,

proyectada teatralmente) Galdós repite un tema y unos recursos nada innovadores

en sí pero que se combinan para provocar un innegable impacto dramático.

Galdós sabía tomar un tema que ocupaba un lugar privilegiado en la literatura

romántica y posteriormente en la literatura popular, el sacrificio, un fundirlo

con una preocupación social y literaria constantemente expresada en toda

Europa durante las últimas décadas del siglo, los parámetros del papel de la

mujer. Mientras que en la literatura romántica el enfoque caía sobre las circunstancias

del sacrificio que el protagonista llevaba a cabo, en la obra dramática

galdosiana, el énfasis suele caer sobre el resultado del acto sacrificador. En

vez de provocar la destrucción del individuo, cuando menos, en Galdós el

sacrificio se convierte en el camino hacia una transformación fundamental a

múltiples niveles, desde el individual a la nacional.

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«El ángel del hogar» -las características favorecidas por la sociedad actual,

representada por el patriarca, no bastan para la regeneración de la familia y,

por extensión, de la sociedad. Lo que se requiere es una visión iconoclasta,

una entrega total del individuo, una superación de esquemas heredados y la

forja de esquemas nuevos. En contraste con otras figuras femeninas y con la

figura masculina a quien le tocaría el papel que asume la protagonista, las

cuatro protagonistas de estos dramas tienen en común la imaginación y la fuerza

interior de abrir un camino nuevo. Aprovechando la plasticidad de la figura

de la mujer, Galdós la proyecta como la salvación de la familia, la sociedad, el

país, a través del sacrificio que sublima su egocentrismo a la vez que hace

resaltar la combinación única de poder imaginativo y habilidad administrativa.

NOTAS

1 La obra vio por los menos ocho ediciones en México y Madrid entre 1876 y 1904.

2 Cito por la edición de Obras Completas, tomo VI (Madrid, Aguilar, 1961). En el texto doy

el acto, la escena y la página en la edición citada.

3 Ya que se trata de la composición del texto y no del estreno, indico el año en que Galdós

compuso la obra. Al seleccionar las obras para este estudio he dejado de lado los dramas históricos

y las refundiciones de novelas. Al estipular que la joven protagonista sea independiente, o con

madurez suficiente para independizar, elimino el drama Electra, por otra parte estrechamente

relacionado con la figura de «la loca de la casa» y con el tema del sacrificio.

4 Según la clasificación de las obras dramáticas de Galdós propuesta por GONZALO SOBEJANO,

La de San Quintín y Mariucha son «dramas de la separación» mientras que La loca de la casa y

Voluntad son «dramas de la conciliación». Teatro selecto de Benito Pérez Galdós, editado por

Gonzalo Sobejano y Rodolfo Cardona (Madrid, Escelicer, 1972), pp. 57 ss.

Es verdad que la unidad de la familia se rompe al final de La de San Quintín y Mariucha con

la separación de la joven pareja del núcleo familiar estancado, inmovilizado en el pasado. Triunfan

la verdad y el sacrificio pero a expensas de la armonía. En La loca de la casa y Voluntad la pareja

se integra en la familia, transformándola y llevándola hacia el nuevo futuro. Se podría hacer notar

también que la ruptura definitiva se proyecta en el contexto de las familias aristócratas y no las

burguesas, aunque las regeneradoras surgen en igual proporción en las dos clases. Sin embargo, en

términos de la trayectoria de la protagonista, que es lo que interesa aquí, los pasos son paralelos

en las cuatro obras, sólo que en dos de ellas la ruptura con la familia no se dramatiza y la reconciliación

y reintegración de la protagonista ocurren coetáneamente con el sacrificio.

5 S. FINKENTHAL, El teatro de Galdós (Madrid, Fundamentos, 1980), p. 24.

6 Según el padre de Isidora, la familia de Alejandro es una «familia de dementes, degenerados,

idiotas o no sé qué ... » [1, v; 751].

7 Electra también se resuelve con el matrimonio de maestro y discípula.

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