LOCALIZACION y AMBIENTES

DE LA NOVELA MIAU

DE DON BENITO PEREZ GALDOS

Enrique Avilés Arroyo

Miau, una de las mejores novelas de don Benito Pérez Galdós y de las más pesimistas,

nos presenta un retazo gris de la vida madrileña de la época, concretamente la actitud de

diversos personajes de la Administración pública española frente al Estado. Unos sucumben,

como don Ramón Villaamil, otros triunfan, como su yerno Víctor Cadalso. El problema se

centra -en principio-en la inadaptación a las circunstancias del pobre cesante, o en la hábil

adaptación al medio, prescindiendo de escrúpulos morales, del vividor. Queda una tercera

actitud, representada fundamentalmente por Federico Ruiz y su mujer, Pepita Ballester, que

consiste en vivir según sus posibilidades, actitud que las "Miaus" no están dispuestas a

asumir.

De aquí se deriva el otro fracaso de Villaamil, el de su propio hogar. Don Ramón llega a

sentirse extraño entre los suyos y no se siente acompañado más que por su nieto Luisito,

con el que no puede franquearse en razón de sus cortos años. En el Ministerio lo acogen con

simpatía al principio, pero su amargura progresiva, su sarcasmo y por último su locura lo

van alejando de sus antiguos compañeros. Lógico epílogo a tal situación es primero la

soledad y después la muerte.

La novela ofrece una impresionante galería de personajes de carne y hueso, en cuyas

conciencias y pensamiento bucea el autor hasta profundidades realmente estremecedoras.

El mundo de las visiones oníricas aflora a lo largo de la misma. El proceso degenerativo del

protagonista es analizado minuciosamente por el novelista ... Pero no voy a a fijarme en ellos,

estudiados ya por críticos tan ilustres como Joaquín Casalduero, Ricardo Gullón, Robert J.

Weber y Gustavo Correa, entre otros, sino en un aspecto parcial y muy concreto de la novela:

su localización y su ambientación en el Madrid alfonsino. Sabido es ya el relieve que la

topografía madrileña adquiere en las novelas galdosianas, hasta convertirse lugares y

entornos en auténticos personajes que, como comparsas, rodean a los protagonistas

animados y contribuyen a dar esa sensación de vida que se desprende de las mismas.

_ BIBLIOTECA GALDOSIANA

La calle de Quiñones, la explanada frente al Cuartel del Conde-Duque, el Colegio de la

plazuela del Limón, el interior del Teatro Real, los despachos y dependencias del Ministerio

de Hacienda, la Iglesia de las Comendadoras, los desmontes del Cuartel de la Montaña,

poseen tan acusada entidad como don Ramón Villaamil, doña Pura y su hermana Milagros,

Abelarda, Víctor o Luisito Cadalso.

La época

Se inicia la novela en febrero de 1878. Poco antes, e123 de enero, Alfonso XII se había

casado con su prima Mil. de las Mercedes en la Basílica de Atocha.

El12 de febrero se firmó el Convenio o Paz de Zanjón, que concedía a Cuba las mismas

condiciones políticas, orgánicas y administrativas que disfrutaba Puerto Rico.

Gobernaba el partido conservador con Cánovas a la cabeza desde el 2 de diciembre de

1875. Le quedaba poco más de un año, exactamente hasta e13 de marzo de 1876 en que

dimitió para dejar paso al Gabinete presidido por Martínez Campos. Cánovas había

gobernado con anterioridad y volvería a hacerlo poco después. villaamil no llegó a ver la

sustitución de don Antonio, su suicidio tuvo lugar en la primavera de aquel mismo año, ya

que en el capítulo XLII de la novela se nos dice:

"El día era espléndido. raso y bruñído el cielo de azul, con un sol picón y alegre; de estos

días precozmente veraniegos en que el calor importuna más por hallarse aún los árboles

despojados de hoja. Empezaban a echarla los castaños de Indias y los chopos; apenas

verdegueaban los plátanos, las soforas (sic), gleditchas y demás leguminosas estaban

completamente desnudas. En algunos ejemplares del árbol del amor se veían las

rosadas florecillas, y los setos de aligustre ostentaban ya sus lozanos renuevos,

rivalizando con los evonymus de perenne hoja" 1 •

Cuando Galdós publica su novela, en 1888, gobiernan los liberales con Sagasta al frente

del Ejecutivo, ha muerto Alfonso XII y figura como regente doña María Cristina de

Hausburgo y Lorena, la reina viuda.

Las tres Miaus, a pesar de sus apuros económicos,

"no perdieron ninguna de las fiestas públicas que con aquel motivo se celebraron en Madrid"2.

El novelista nos enumera iluminaciones, retretas y el paso de la comitiva hacia Atocha,

y añade:

"todo lo vieron perfectamente, y de todo gozaron en los sitios mejores, abriéndose paso

a codazo limpio entre las multitudes"3.

Basta abrir las páginas de revistas como La ilustración españolay americana de aquellas

fechas para comprobar la exactitud del dato. Los festejos duraron desde el toque de diana

del 23 hasta la retreta de la madrugada del día 28.

IV CONGRESO GALDOSIANO __

Madrid se engalanó para festejar la felicidad de sus reyes, como pocos meses más tarde

vestiría crepones de luto para acompañar en su dolor a don Alfonso, ya viudo.

Las Miaus contemplarían los globos con luz eléctrica de la Puerta del Sol; las fuentes de

Neptuno, de Cibeles y de los Galápagos (entonces en la Red de San Luis, llevada un año más

tarde al Parque del Retiro) iluminadas con bombillas; pasearían por el Salón Central del Paseo

del Prado, codeándose con lo mejorcito de la Villa y Corte; y se detendrían a contemplar la

fachada del Palacio del Marqués de Campo o la de la Casa de la Villa, donde pudieron leer

" Alfonso XII, rey constitucional" .

La noche del 2 7 de enero asistirían probablemente al paso de la retreta militar por el Arco

de la Armería entre guardias a caballo, soldados, y otras damas friolentas con pañoleta, chal

y manguito, bajo la luz de grandes farolas, según el dibujo del natural del Sr. Pellicer.

De seguro no se perderían la vuelta por la calle de Alcalá de la regia comitiva una vez

celebradas las bodas reales, el 23 de enero, aplaudiendo con el pueblo a su paso.

Como recordatorio del "finis gloriae mundi" , el primer día de fiestas desfilaba por la calle

de la Magdalena el cortejo fúnebre que conducía al Cementerio general del Sur el cadáver de

don Patricio de la Escosura... Por aquellos días mueren también Amador de los Ríos,

Raimundo de Miguel, Claude Bernard y el pintor Daubigny, aunque es posible que el pueblo

recordara mejor las muertes de S.S. Pío IX y la de S.A.1. Francisco Carlos-José, archiduque

de Austria, padre del Emperador Francisco-José.

Con regocijo los madrileños presencian la elevación del globo "El Intrépido" en el Campo

del Moro. La estudiantina española visita París, poniendo una nota de alegría en los Campos

Elíseos. Los Sres. Meneses inauguran su nuevo establecimiento de objetos de metal blanco

en una espléndida casa de la calle del Príncipe, número 7, que ha sido edificada hace tan sólo

veinticuatro años ...

Pero volviendo a las fuentes, es decir a la propia novela, nos enteramos de la asistencia

de las Miaus a una función de ópera, a la que también asisten los reyes. Esta vez no van con

en tradas de alabarda o de claque al Paraíso (última fila lateral de la derecha, junto a la salida) ,

sino a Delantera, convidadas por Víctor Cadalso. Se presenta "La Africana" de Meyerbeer.

Una de las Miaus comenta:

"¡Pero qué pálida está Mercedes; pero qué pálida! ... "4

Durante la temporada 1877-78 se representaron en el Teatro Real, además de "La

Africana", "La Favorita", "Los Puritanos" y "Fra Diavolo". E126 de enero asistieron Alfonso

y Mercedes a la representación de la ópera "Roger de Flor" de Capdepón y Chapí, se interpretó

también una "Cantata de bodas" con música de Arrieta y cantó Gayarre.

Menos ecléctico que su madre en gustos teatrales, Alfonso XII había puesto sus amores

en la ópera y no los había repartido como ella entre ópera, zarzuela y otros géneros.

La ópera se impuso desde la Corte, la zarzuela fue un espectáculo democrático,

"se dirigió no solamente a las clases del pueblo, sino a todas aquellas que, alejadas a

la mundana exhibición, tan costosa como la del teatro, y poco aptas para entender

música cantada en un idioma extranjero, necesitaban un goce, una distracción, si se

&lB BIBLIOTECA GALDOSIANA

quiere que sólo la aristocracia, por lo general, había monopolizado en nuestro teatro de

ópera"5.

Las Miaus citan a la Pellegrini, a la Scolpi Rolla ya Rossina Penco, famosas cantantes

que en realidad habían actuado entre 1865 y 1870 ó 75. Quienes triunfaban en el Teatro Real

aquella temporada eran Paolina Lucca (prima donna), Erminia Borghi Mamo (prima donna)

y Cesare Boccolini (primer barítono).

Los inviernos eran muy crudos en Madrid. Luisito, nieto de don Ramón Villaamil tiene

"las manos heladitas, y con sabañones"6.

Por La ilustración españolay americana7 sabemos que

"los fríos de estos últimos días han producido en Madrid una verdadera epidemia de

catarros".

Por el propio Villaamil sabemos que se ha quedado helado en su despacho.

Galdós se convierte, una vez más, al escribir su novela, en el cronista encargado de

transmitirnos la almendrilla de la noticia, la nota pintoresca, con un ajuste total a la realidad

del momento.

Localización

La acción esencial de la novela se sitúa dentro de la tercera ampliación de Madrid (a partir

del siglo XVI) en el cuartel alto -según el criterio de don Ramón de Mesonero Romanos-y

más concretamente en un sector del cuarto de círculo comprendido entre la plazuela de Santo

Domingo y la calle Ancha de San Bernardo, hasta la Puertas de San Vicente y el Palacio Real.

Los límites estarían constituidos por las calles comprendidas entre la Cuesta de San

Vicengte, la plaza de San Marcial (hoy de España), la calle de los Reyes, la calle Ancha de

San Bernardo, la Puerta de Fuencarral, el paseo de Areneros (hoy de Alberto Aguilera), la

Montaña del Príncipe Pío, la plazuela de Afligidos (hoy de Cristino Martos) y el Cuartel de

la Montaña.

Dentro de este perímetro se incluyen: la plazuela del Limón, donde estuvo el Colegio en

que estudiaba Luisito Cadalso; la calle de Quiñones, donde vivía la familia Villaamil (en el

número 3, 2Q

); la del Conde-Duque con la explanada frente al Cuartel del mismo nombre,

donde jugaba Luisito y donde vio al Padre Eterno; la calle del Acuerdo, donde vivía el cojo

Guillén y donde murió su sobrino "Posturitas" ; y la plaza de las Comendadoras, donde se alza

la iglesia del mismo nombre, felizmente conservada.

Ya en los límites de dicha zona, se sitúan: la calle de los Reyes, donde vivían los tíos de

Luisito Cadalso (Ildefonso y Quintina); la iglesia de Montserrat, donde Luisito volvió a ver

al Padre Eterno; la cuesta de San Vicente, donde se sitúa la taberna "La Viña del Señor", en

la que Villaamil comió opíparamente poco antes de su muerte; y el Cuartel de la Montaña en

N CONGRESO GALDOSIANO _

cuyas proximidades se suicida el desdichado cesante abrumado por el infortunio, harto de

soportar el asfixiante ambiente familiar en que vive y medio loco de desesperación al

comprobar que no le llegará nunca la credencial que perdió con los vaivenes políticos de la

época.

El barrio es descrito de la siguiente manera por Federico Carlos Sainz de Robles:

"Impresionantes son, en Miau , los escenarios. Las viejas calles del viejo barrio del Noviciado.

Casas cuarteladas con caras ictéricas, con interiores cochambrosos y malolientes. Plazuelas

provincianas de arbolillos entecos, costaneras y costanilladas. Empedrados de guijos

picudos, entre los que la hierba brota con fuerza. Tenduchines de mala muerte. Tabernas

suspechosas de tipos y delatadas de mugre a cien metros. Basuras abandonadas en la

calzada. Rincones convertidos en mingitorios. Reverberos pálidos de cristales rotos a

pedradas. Gritos y canciones canallas. Ropas miserables puestas a secar en los balcones y

en cuerdas tendidas de árbol a árbol. Comadres en banquetas por las aceras. Sacerdotisas

de Venus chistando desde las bocas de los portales más tétricos. Obreros escurridizos con

las tarteras colgadas de las muñecas. De vez en cuando, algún guindilla municipal, con su

chacó de acordeón y su charrasco enmohecido, haciendo la vistagorda y caracoleando, a dos

dedos, el bigote cerdoso de las apariencias respetables ... "7.

Quizás no fuera tan siniestro el aspecto de aquel barrio como nos lo pin ta Sainz de Robles.

En todo caso, muchos de los barrios de Madrid no serían mejores que éste.

Dos centros importantes que capitalizaban el mundo de las finanzas y el templo del "bel

canto" escapan a los estrechos límites del barrio de Amaniel, me refiero al Ministerio de

Hacienda y al Teatro Real. Podríamos añadir también el Congreso de los Diputados en la plaza

de las Cortes, su actual emplazamiento, inaugurado treinta y cinco años antes por la reina

Isabel 11.

Itinerarios madrileños

Hay en la novela dos itinerarios que el novelista describe con cierta morosidad.

El primero es el de Luisito Cadalso que lleva una carta de su abuelo al señor de Cucúrbitas

(don Francisco, pedantón insufrible), en petición angustiosa de dinero y ayuda, viaje que

concluye en el vacío porque no obtiene respuesta satisfactoria.

El segundo, el de Villaamil acompañado de su nieto y después solo, que desemboca en

la muerte.

El primero comprende la calle Ancha de San Bernardo, la calle del Pez y la de la Puebla,

donde se alza el convento de don Juan de Alarcón, las "Alarconas", a cuyas puertas pide

limosna un pobre que adopta la figura del Padre Eterno en los delirios de Luisito. Esta última

referencia se recoge a la vuelta del niño a su hogar pero hay que pensar en ella puesto que

el novelista al final del capítulo añade: " ... buscando la dirección más corta por el mismo

laberinto de calles y plazuelas, desigualmente iluminadas y concurridas"8.

Interrumpido en ese punto el itinerario, podemos deducir que el niño baja por la calle de

Valverde, la Red de San Luis y la calle de la Mon tera hasta la Puerta del Sol, con su iluminación

recientemente inaugurada. Subiría después por la calle de Carretas a la plaza del Angel y

_ BIBLIOTECA GALDOSIANA

por la calle de las Huertas (donde a la vuelta se entretiene en una pastelería) para entrar por

último en la calle del Amor de Dios, final de su recorrido.

Otro nuevo itinerario de Luisito concluye en el Congreso y sabemos que tarda veinte

minutos en llegar allí, con referencias a la calle de Florida-Blanca, invadida de coches; al

cercano teatro de la calle de Jovellanos (el de la Zarzuela); a la calle del Sordo, y a la carrera

de San Jerónimo, ya al abandonar el edificio.

El segundo itinerario, éste más detallado, es el último que realiza don Ramón de Villaamil

antes de quitarse la vida, constituye una auténtica bajada al Infierno dantesco.

Salen abuelo y nieto a la calle Ancha, pero en vez de dirigirse directamente a la de los

Reyes, donde quedará el niño bajo la custodia de sus tíos, suben ambos hacia el Norte, hacia

el Hospital de la Princesa, bordeando el paseo de Areneros, a la izquierda de donde se abrió

el Portillo de Fuencarral.

Ya solo, baja don Ramón hacia la plaza de San Marcial, llega hasta los vertederos de la

antigua Huerta del Príncipe Pío y se detiene a contemplar la hondonada del Campo del Moro

y los términos distantes de la Casa de Campo. Hasta allí le llega el aire tibio y primaveral del

valle del Manzanares. Bordea el Cuartel de la Montaña y baja por la cuesta de San Vicente.

En una taberna se siente momentáneamente feliz, lejos de un hogar odioso y de una familia

enojosa e insufrible.

Hay hasta como una fugaz parodia del Beatus ille... ante un público de quintos

pueblerinos, que no lo entienden, Villaamil se ha ido "quijotizando" progresivamente:

"- Jóvenes, pensad lo que hacéis. Aún estáis a tiempo. Volveos a vuestas cabañas

y dehesas, y huid de este engañoso abismo de Madrid, que os tragará y os hará

infelices para toda la vida. Seguid el consejo de quien os quiere bien, y volveos al

campo"9.

Don Ramón vuelve a escalar la Montaña, cruza vertederos y no para hasta las áridas

vertientes que desde el barrio de Pozas descienden a San Antonio de la florida. Se para al

borde de un gran talud que hay hacia la cuesta de Areneros, sobre las nuevas alfarerías de

la Moncloa. Llega a los altos de San Bernardino que miran a Vallehermoso, y desde allí

contempla el caserío de Madrid como Rastignac París desde lo alto del Cementerio del PereLachaise,

en actitud de desafío.

Ya de noche regresa a su barrio, lo recorre palmo a palmo, pero no entra en casa, está

a punto de ser descubierto por Mendizábal, el memorialista, pero consigue burlar su

persecución. Vuelve a los derrumbaderos del Cuartel, y allí, como con desgana, se dispara

un tiro en la cabeza.

Me recuerda este caprichoso itinerario que desemboca en la muerte, el de Max Estrella

y don Latino por un Madrid nocturno y fantasmagórico: los desmontes, la soledad, la taberna

y las prostitutas de ínfima nota, los faroles agonizantes ... todo contribuye a preparar el

trágico desenlace de la novela.

Si en Galdós Villaamil "respiró con gusto el aire tibio que del valle del Manzanares

subía"ll\ en el Esperpento de Valle-Inclán, "El perfume primaveral de las lilas embalsama la

humedad de la noche"]].

IV CONGRESO GALDOSIANO lB

El mismo pesimismo que invade a villaamil al considerar la política española de la época de la

Restauración es el que domina a Max Estrella cuando analiza la España de don Alfonso XIII.

La misma amargura de Villaamil al recorrer las dependencias del Ministerio de Hacienda

rezuma Max Estrella cuando acude al Ministerio de la Gobernación.

El Viaducto parece ser la solución tanto para Villaamil como para Max. Compárese la

situación en ambas obras:

"Dios tenga piedad de nosotros, pues si este amigo nos desampara iremos todos a

tirarnos por el viaducto"12

"Latino, vil corredor de aventuras insulsas, llévame al Viaducto. Te invito a regenerarte

con un vuelo"13.

Amarga reflexión del cesante/ sarcasmo del bohemio. Las propuestas son, no obstante,

idénticas.

Abelarda, desesperada, piensa también en el Viaducto:

"creyó volverse loca en aquel mismo instante, soñando como único alivio a su desatada

pena salir de la casa, correr hacia el Viaducto de la calle de Segovia y tirarse por él"14.

La vida en Madrid

La novela ofrece un interesantísimo panorama de hábitos y costumbres de la clase media

madrileña, en la que se insertan, a pesar de su escasez de recursos económicos, doña Pura

y su hermana Milagros que llevan un ritmo de vida insostenible, pendientes del qué dirán

y aparentando lo que no son.

Villaamillo ve con toda claridad pero es incapaz de enfrentarse con su esposa, incuba

en su interior un resentimiento progresivo que va trastornando su juicio y anulando su ya

débil voluntad.

"El maldito suponer, el trapito, las visitas, el teatro, los perendengues y el morro

siempre estirado para fingir dignamente de personas encumbradas, nos perdieron ... "15.

Consecuencias de la mentalidad de las Miaus son: pedir fiado en las tiendas, frecuentar

el Monte de Piedad o las casas de préstamos (una pignoración en gran escala se había

efectuado precisamente el día del casamiento de don Alfonso con la reina Mercedes), dar

sablazos a diestro y siniestro, componery recomponer vestidos y sombreros, pasar hambres,

frío en el invierno, y andar por casa vistiendo mal y calzando peor.

El hogar de los Villaamil en la calle de Quiñones es presentado como triste y lóbrego,

ofreciendo restos de su antiguo esplendor y dominado por un dudoso gusto.

El ambiente del Teatro Real es una mezcla de escenario donde triunfaban los grandes

cantantes y de lugar de exhibición de la sociedad alta y media del Madrid de entonces. Se vivía

el éxito de Meyerbeer, es decir de la ópera alemana, en detrimento de la italiana.

_ BIBLIOTECA GALDOSIANA

Las Miaus se esponjan de orgullo al sentirse observadas por los conocidos, aunque en

el fondo lo son más con ojos burlones que con admiración; su vanidad no les permite

descubrir el engaño. Ellas también pasan revista a los personajes ilustres que ocupan el

Teatro, como S.S. M.M. los Reyes, María Buschental, don Antonio (Cánovas del Castillo) y

don Fernando Cos-Gayón, del que comentan: "así lo fusilaran" (no olvidemos que con el

gobierno conservador de Cánovas se quedó cesante don Ramón).

Se discuten los méritos de las cantantes y se viven las óperas, la sociedad cursilona de

la Restauración está en todo su apogeo.

La costumbre hace ley: los Villaamil van a Misa los domingos a las Comendadoras de

Santiago. La más piadosa, al menos en apariencia, es Abelarda, la hija, aunque influye en

su fervor religioso el convencimiento de que su cuñado Víctor se ha enamorado de ella, por

lo que más bien hay que pensar que quiere tener a Dios de su parte, también influye cierta

dosis de ingenuidad, el novelista nos la pinta como una boba. "La insignificante" prefiere

con mucho la soledad de la iglesia de Montserrat donde puede entregarse a sus dulces

ensueños. Víctor la espera comúnmente al salir del templo y la acompaña hasta la casa.

Las iglesias mencionadas e incidentalmente la de don Juan de Alarcón de Mercenarias

descalzas de Valverde esquina a Puebla, desempeñan un importante papel en la novela, sobre

todo a partir de la segunda mitad de la novela o coincidiendo con las figuraciones de Luisito

Cadalso a quien se le "aparece" el Padre Eterno para aconsejarlo, revonvenirlo o anticiparle

noticias.

El niño prefiere las Comendadoras a Montserrat.

.. A Montserrat encontrábalo frío y desnudo; los santos estaban mal trajeados; el culto

le parecía pobre, y además de esto había en la capilla de la derecha, conforme entramos,

un Cristo grande, moreno, lleno de manchurrones de sangres, con enaguas y una

melena natural tan larga como el pelo de una mujer, la cual efigie le causaba tanto miedo

que nunca se atrevía a mirarla sino a distancia, y ni que le dieran lo que le dieran entraba

en su capilla"16.

Como compensación disfruta recorriendo toda la iglesia con su amigo y condiscípulo

Silvestre Murillo, hijo del sacristán, y aprendiendo una pintoresca liturgia.

Las riñas entre colegiales al salir de la Escuela Pública de la plazuela del Limón; los

procedimientos expeditivos del maestro (verdugo, fiero cómitre) para restablecer el orden

en clase; el coleccionismo (sortijas de puros, cromos, estampas de santos, sellos) tan

característico de la infancia, constituyen otras tantas pinceladas costumbristas.

De la mano de Luisito entramos en el Congreso por la puerta de la calle del Sordo (hoy

Zorrilla). Es un lugar que impone respeto y que produce en el niño sentimientos contradictorios.

Allí está la clave para su abuelo porque --en su sentir-los Ministros conceden los

destinos, pero también, por habérselo oído decir, las Cortes son una farsa y allí sólo se pierde

el tiempo.

Villaamil nos introduce en tabernas como las de la Cuesta de San Vicente y Amaniel. En

ellas se junta un público ordinario formado por quintos, militares de poca graduación,

paisanos de chaqueta corta y mozas de malísimo pelaje, desenvueltas y alborotadoras.

IV CONGRESO GALDOSIANO &lB

Pero el lugar que llega a convertirse prácticamente en un personaje más, en una especie

de monstruo que chupa la sangre a los infelices que trabajan en él, que despersonaliza al

individuo hasta convertirlo en pieza o engranaje de una máquina diabólica, es el Ministerio

de Hacienda.

Villaamil se lo conoce como la palma de la mano, en él trabajó hasta que perdió el empleo

y lo recorre infructuosamente saludando a unos y a otros, pidiendo ayuda y analizando con

ironía, sarcasmo más bien, la realidad española de su tiempo. Del edificio de la antigua

Aduana se mencionan sus dos patios, la monumental escalera, sus gruesos muros, la

chimenea en las porterías, las estufas con sus tubos al aire en oficinas y despachos ... Don

Ramón tiene incluso sus preferencias. En el 22 Contribuciones a Propiedades.

El Ministerio de Hacienda es una caja de sorpresas. Tiene interminables corredores y

pasadizos misteriosos.

"Ni Dante ni Quevedo soñaron, en sus fantásticos viajes, nada parecido al laberinto

oficinesco, al campaneo discorde de los timbres que llaman desde todos los confines de

la vasta mansión, al abrir y cerrar de mamparas y puertas, y al taconeo y carraspeo de

los empleados que van a ocupar sus mesas colgando capa y hongo ... "17

El día de la paga el personal del Ministerio forma como una red fluvial que desciende hasta

la calle donde se dispersa, sintiendo el alegre tintineo del dinero en sus bolsillos. Este

acontecimiento permite al novelista presentar el panorama gris de la burocracia española,

esclava de la rutina, falta de horizontes, mecanizada hasta la crispación, formando con otros

estamentos sociales como un sólido cemento para que funcionen las instituciones.

Numerosas tiendas desfilan por la novela, aunque de forma esporádica: la casa de

empréstitos del padre de "Posturitas" con las capas empeñadas puestas a airear; el local de

Mendizábal, el memorialista; la pastelería de la calle de las Huertas donde Luisito compra

dos bollos con los 20 cts. que le dan en casa de Cucúrbitas; una cestería y una tienda de vinos

de la calle de la Puebla; la tienda de objetos religiosos que poseen los tíos de Luisito, con la

que sueña el niño, que piensa hacerse sacerdote cuando sea mayor; la armería del número

3 de la calle de Alcalá, muy cerca del Ministerio de Hacienda, donde Villaamil compra el

revólver que acabará con su vida ...

Hay alusiones en la novela al espectáculo callejero del vendedor de elixires, de los

prestidigitadores, de los extranjeros pidiendo limosna ("nihil novum sub sale"), del cura

llevando el Viático, de los vendedores de cacahuetes y avellanas, del sastres y el zapatero

a domicilio ...

Costumbre de la época era ensayar alguna pieza dramática en casa, con actores

aficionados, la distribución de los papeles daba lugar a situaciones jocosas. En casa de las

Miaus no se podía faltar a la tradición; se elige un entremés cursi que termina en boda y con

una décima pidiendo los aplausos del público, e incluso se inician los ensayos, pero la obra

no llegó a representarse ya que las circunstancias dramáticas de la familia se agudizan. En

el capítulo XXXVIII se nos informa de que "fué abandonado el proyecto de función teatral" 18.

Han ironizado sobre estas funciones costumbristas como Mesonero Romanos en "La

comedia casera" (incluido en el Panorama matritense, 1832-1835) y Carlos Frontaura en

_ BIBLIOTECA GALDOSIANA

"Los cómicos de afición" (incluido en Caricaturas y retratos, 1868), entre otros. No

olvidemos que Galdós consideró siempre a Mesonero como su maestro.

Miau constituye además una espléndida galería de tipos inolvidables, como el dueño de

la casa de préstamos; el memorialista; el empleado de ferrocarriles que además trafica con

objetos del culto, abusando de su cargo; los porteros del Ministerio; el tabernero ...

Entre todos los tipos destaca el del cesante, encarnado por el protagonista de la novela.

"El estado de cesante ( ... ) reduce a un hombre a la nulidad", afirma Carlos Frontaural9•

En otros empleos, los que se desacomodan, encuentran pronto nuevo trabajo, el cesante no,

el cesante "espera indefinidamente el nuevo acomodo, que llega a veces tras largos años de

penalidades, y cuando el pretendiente está sin codos, por habérselos comido" -sigue

diciendo este autor20. Otras veces, podríamos añadir nosotros, dramáticamente no

llega.

El cesante ha de pasar también por la humillación de que le retiren el saludo quienes antes

lo saludaban con interés, mira con envidia a sus antiguos compañeros que han conseguido

mantener el empleo, recibe vanas promesas del Sr. Ministro de turno, y se vuelve a su casa

con las manos vacías. Por todos estos tragos amargos pasa nuestro personaje.

"El cesante, -afirma Carlos Frontaura- mientras está en esta situación, es un hombre

que no halla en el mundo nada que le consuele, como no sea la noticia de la cesantía del

prójimo, siendo su mayor satisfacción la caída del ministerio que le dejó a pie"21.

Pero villaamil es incapaz de desear el mal a nadie, hay en él un fondo de bondad innata,

por otra parte está firmísimamente convencido de que su situación no cambiará por nada

del mundo, precisamente por su honestidad:

"La lógica española no puede fallar. El pillo delante del honrado; el ignorante encima

del entendido; el funcionario probo debajo, siempre debajo"22.

"La condenada Administración es una hi de mala hembra con la que no se puede tener

trato sin deshonrarse ... "23

Conclusión

Madrid está presente, vivo y palpitante como en la mayoría de las novelas galdosianas,

asociándose a sus personajes. Pocos lugares de los citados son bellos o agradables, parece

como si quisieran asociarse al duelo que enluta el alma del desdichado Villaamil.

Así la casa de la familia está situada en la calle de Quiñones precisamente frente a la

Cárcel de Mujeres.

Luisito recorre calles "desigualmente iluminadas y concurridas. Aquí mucho gas, allí

tinieblas; acá mucha gente; después soledad, figuras errantes. Pasaron (el niño y Canelo, el

perro de los Mendizábal) por calles en que la gente, presurosa, apenas cabía; por otras en

que vieron más mqjeres que luces; por otras en que había más perros que personas"24. (El

subrayado es mío).

Hay mendigos a las puertas de las iglesias, como el ciego de la capa parda, que infunde

respeto al niño, sentado en el escalón del convento de don Juan de Alarcón.

IV CONGRESO GALDOSIANO _

Las iglesias son lóbregas, como la de Montserrat, donde "había muy poca luz, y todo en

ella era misterioso, sombras que la cadencia tétrica del rezo hacía más cerradas y

temerosas"25.

Callejas y plazuelas oscuras, solitarias y silenciosas, que rodean el hogar de los Villaamil:

calles de San Hermenegildo, del Acuerdo, de Juan de Dios, y plazuelas como las del Limón,

Capuchinas y Comendadoras.

y por último solares, vertederos y desmontes como aquel por donde va a rodar ya sin vida

el cuerpo del desdichado Villaamil que ha dudado sobre si suicidarse "al borde de un gran

talud que hay hacia la cuesta de Areneros, sobre las nuevas alfarerías de la Moncloa "26, donde

sólo lo encontraría "algún pastor de cabras"27, o junto al Cementerio de la Patriarcal, lugar

igualmente desolado y triste.

Desenlace desgarrador, final lógico de un personaje no sólo víctima de la España oficial

de la época, sino también de su propia pusilanimidad.

_ BIBLIOTECA GALDOSIANA

Notas

Pérez Galdós (Benito): Miau (Ed., prólogo y notas de Robert J. Weber) Guadarrama/Punto

Omega. 6i edición, Barcelona, 1981. Pag'o 370. (Se cita siempre por esta edición).

2 y 3 Pérez Galdós (Benito): Op. cit. PagA. 98.

Pérez Galdós (Benito): Op. cit. Paga. 263.

Peña y Goñi (Antonio): España, desde la ópera a la zarzuela (Ed. y prólogo de Eduardo Rincón)

El libro de Bolsillo/Alianza Editorial, Madrid, 1967. Paga. 210.

Pérez Galdós (Benito): Op. cit. Paga. 74.

Núm2• 5 Madrid 8 de febrero de 1878. Pag'o 91.

7bis Sainz de Robles (Federico Carlos): Nota preliminar a Miau. Ed. de O.O.C.C. de Benito Pérez

Galdós. Tomo V. Novelas. 21 ed. Aguilar, Madrid, 1950. Pags. 550-51.

Pérez Galdós (Benito): Op. cit. Pag'o 79.

Pérez Galdós (Benito): Op. cit. Paga. 373.

10 Pérez Galdós (Benito): Op. cit. Paga. 370.

11 Valle-Inclán (Ramón del): Luces de bohemia (Ed., prólogo y notas de Alonso Zamora Vicente)

Espasa-Calpe/Clásicos Castellanos, Madrid, 1973. Pagi. 113.

12 Pérez Galdós (Benito): Op. cit. Pagª. 71.

13 Valle-Inclán (Ramón del): Op. cit. Pagi. 129.

14 Pérez Galdós (Benito): Op. cit. Paga. 238.

15 Pérez Galdós (Benito): Op. cit. Pagª. 378.

16 Pérez Galdós (Benito): Op. cit. Pagi . 231.

17 Pérez Galdós (Benito): Op. cit. Pag'o 322.

18 Pérez Galdós (Benito): Op. cit. PagA. 340.

19 F'rontaura (Carlos): Can·caturasy retratos. Madrid, 1868. (Obras de D. C. F., 1 iI serie). Pagil• 282.

20 Frontaura (Carlos): Op. cit. Pagi. 283.

21 Frontaura (Carlos): Op. cit. Paga. 287.

22 Pérez Galdós (Benito): Op. cit. Pagi . 326.

23 Pérez Galdós (Benito): Op. cit. Pagil. 329.

24 Pérez Galdós (Benito): Op. cit. Paga. 79.

25 Pérez Galdós (Benito): Op. cit. Paga. 232.

26 Pérez Galdós (Benito): Op. cit. Pagª. 380.

27 Pérez Galdós (Benito): Op. cit. Pagª. 380.