UN "OLVIDO" DE BORGES:

RAMON VILLAAMIL,

PRECURSOR DE KAFKA

Vicente Cervera Salinas

11

"Ni Dante ni Quevedo soñaron, en sus fantásticos viajes, nada parecido al laberinto

oficinesco, el campaneo discorde de los timbres que llaman desde todos los confines de

la vasta mansión, al abrir y cerrar las mamparas y puertas, y al taconeo y carraspeo de

los empleados que van a ocupar sus mesas colgando capa y hongo: nada comparable

al mete y saca de papeles polvorosos, de vasos de agua, de paletadas de carbón, a la

atmósfera tabacosa, a las órdenes dadas de pupitre a pupitre, y a tráfago y zumbido,

en fin, de estas colmenas donde se labra el panal amargo o la Administración"

(Benito Pérez Galdós: "Miau")

Tal es la descripción, entre grotesca y visionaria, que la mirada crítica de un escritor del

XIX nos proponía tras el conocimiento directo y cabal de una sociedad (simbolizada en un

entorno profesional concreto) sometida al progresivo empuje de la mecánica burocrática

como soporte esencial para el mantenimiento de su organización en tanto Estado. Estamos

en 1888. La novela es "Miau", y en el capítulo citado (el XXXV), se nos presenta a su

protagonista, Ramón Villaamil, en compañía de su amigo Argüelles, deambulando por los

corredores de la Administración pública en el Ministerio de Hacienda, cual un "burlesco

Dante por lo escueto de la figura y por la amplia capa que lo envolvía", en un absurdo viaje,

sito en los Infiernos de oficinas estatales, a la búsqueda de un empleo imposible donde

materializar su tan ansiado plan de reformas administrativas y abocado a la paulatina

desesperación de quienes no han cobrado la suficiente y amarga lucidez de no creer en los

paraísos como reinos de este mundol

.

Una personalidad de estas características, yen virtud de sus propias contradicciones

entre el idealismo y la torpeza pragmática o insensatez, no podía haber sido ideada sino por

la imaginación de quien tantas figuras concibió como víctimas propiciatorias de sus propias

convicciones personales (tales como Nazarín, Angel Guerra o el propio León Roch) , es decir,

como representación simbólica de ese conflicto insalvable entre los intereses del individuo

generoso y altruista, y los de la comunidad, paradójicamente marcados por el egoísmo y la

voluntad deshumanizada. Mas, con ser motivo recurrente de las obras galdosianas, cabe en

este caso subrayar las diferencias que nos permiten acceder al "caso villaamil" desde una

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óptica singular donde su figura adquiera una dimensión histórico-literaria fecunda y

sorprendente. La raíz de esta visión proviene de la propia ubicación que el narrador asigna

al personaje en las coordenadas de la trama narrativa. No se trata en este caso de un

enfrentamiento general entre mundo e individuo (como ocurre en los casos anteriormente

mencionados), sino que en nuestro hombre se particulariza la referida oposición merced a

sus peculiares condiciones laborales, de modo tal que cabría concretar el polo "mundo" del

enfrentamiento en la sola localización de su ámbito profesional distintivo.

Así pues, y según esa formulación introductoria, el interés teórico hacia Ramón Villaamil

como personaje galdosiano no va a estribar tan sólo en su entidad funcional como eje

fabulístico de la trama novelesca ideada por el escritor canario, sino, simultáneamente,

radicará en las muy particulares y sugerentes calidades espirituales que perfilan su

naturaleza literaria. y con ello aludo a sus propias virtualidades ético-psicológicas que, al

dotarlo de una especial textura dramática, configuran ese extraordinario ahondamiento

galdosiano en lo que respecta a la evolución de su zarandeada y frágil personalidad fictiva.

Cabría, en este sentido, proponer la lectura de Ramón villaamil como un personaje

"moderno", si atendemos a la relación problemática que él simboliza entre el espacio

profesional, amparado en mecanismos y superestructuras inaccesibles para la razón

individual, por un lado, y el hombre aislado, inerme, disminuido y progresivamente

"enajenado", por otro. Y es así como nuestro "héroe" galdosiano al que cabría calificar como

"tragicómico", a medio camino entre la noble obstinación quijotesca y las personalidades

"desmitificadas", los "hombres sin atributos" que pueblan tantas páginas de la novela

europea de nuestro siglo, admite un acercamiento teórico que, desde la atalaya crítica de un

"sui generis" com parativismo literario, ponga de relieve las peculiaridades que hacen posib le

su definición como "precursor" espiritual de algunas de las criaturas más sobresalientes en

el universo novelesco de Franz Kafka.

A partir de esta caracterización primaria, es preciso recordar que ya en 1969 abogaba

Alexander A. Parker por la tesis de la ambigüedad cualitativa del personaje, al que hacía

oscilar entre el estatuto de víctima trágica y el de ridículo y grotesco fracasad02• Abundando

sobre este mismo aspecto, Theodor A. Sackett también ha apuntado explícitamente las

deudas que guarda la ficción galdosiana en relación con la fábula universal del maestro

Cervantes: "Like Cervantes" masterpiece befare it, "Miau" is constructed with a conscious

procees of ambiguity, irony, shifting levels of appearances and reality, and above all, with

a sense of comody. Several generatios passed befare readers and critics realized that "Don

Quijote de la Mancha" was in fact a tragicomedy. The complexity of intention encompassed

in Galdós novel "Miau" has not been essily comprehended eithe"3. Todo lo cual nos conduce,

indefectiblemente, a corroborar la modalidad irónica, rasgo implícito de modernidad,

característica del personaje galdosiano, actualizando con ello la perspectiva de la ironía como

enfrentamiento desigual, y por ello no susceptible de nivelación, entre los intereses y

aspiraciones del individuo y el imperativo categórico de la realidad con su insobornable

tiranía. El resultado final no puede sino confirmar la categoría tragicómica del personaje

sometido a tan impar dicotomía4

Un paso más en el proceso de configuración teórica de Ramón Villaamil como una de las

más atractivas y singulares criaturas galdosianas -cuya génesis se remonta a una breve

IV CONGRESO GALDOSIANO _

aparición, también como cesante de faz "escuálida y cadavérica", en donde "están impresas

todas las miserias de la Administración pública" -cabe rastrearse en el excelente y profundo

trabajo de Ricardo Gullón, "Galdós, novelista moderno", donde, en el capítulo "la burocracia,

mundo absurdo", establece con su habitual fino instinto las vinculaciones entre el protagonista

de "Miau" y algunos de los personajes kafkianos como el agrimensor señor K. de "El

castillo", advirtiendo dicha similitud en puntuales evidencias insertas en ambas tramas

narrativas, como el hecho ilustrativo de que los dos personajes traten "de penetrar en un

espacio cerrado al que se sienten llamados por sus peculiares destrezas" y "adonde creen

tener derecho de acceso", viéndose, en sendos casos, abocados al choque "con la misma

resistencia imposible de forzar". Para Gullón, esta analogía obedece a una similar, o, cuando

menos, allegable constatación crítica de los mecanismos en que se ampara la dinámica del

Poder, en su dimensión de control y organización estatales, contra cuyo esencial y demoledor

automatismo, "el hombre no consigue entablar relación"s.

A través, por tanto, de este itinerario crítico llegamos a la curiosa formulación de la

existencia de ciertos rasgos distintivos en la personalidad del "perpetuo cesante" galdosiana

que son presumiblemente entroncables con el universo kafkiano, no sólo en virtud de las

hipotéticas equivalencias entre los caracteres de sus entes de ficción, sino, sobre todo, como

consecuencia de un espíritu crítico comparable, que aplicado por ambos autores al planteamiento

de las relaciones entre el individuo -más o menos fiel a sus estigmas-y una sociedad

progresivamante coercitiva en sus instancias oficiales, desvinculada, en suma de un

verdadero modelo ético que salvaguarde la dimensión humana de su jerarquización

omnímoda. Sin embargo, cabe al menos poner en tela de juicio la validez de estas conjeturas

teóricas cuando, distanciándonos de nuestro objeto de trabajo (los dos autores mencionados)

somos capaces de evidenciar la esencial disparidad que anida tanto en los niveles

histórico, formativo, referencial, psicológico o cultural, cuanto en las mismas peculiaridades

estilísticas, estructurales, compositivas e incluso ideológicas, propias de cada uno de ellos.

¿Es posible, entonces, y a pesar de esta evidente inconexión de modalidades narrativas

defender la hipótesis de un modelo galdosiano precursor de ciertas ficciones kakfianas?

Un sutil y original argumento podrá sacarnos de este aparente atolladero comparativo.

Una teoría que, en cierto modo, revoluciona la crítica de las relaciones literarias a través de

la historia. Una teoría que, no azarosamente, parte de la obra novelística del escritor nacido

en Praga.

a) Una teoría borgesiana

La autoría del pensamiento así aludido procede del escritor argentino Jorge Luis Borges,

y la hallamos en uno de sus más paradigmáticos -aunque, curiosamente, menos conocidos-,

ensayos. No es ahora el momento de entrar en el capítulo de los ecos que la escritura kafkiana

produce en la literatura de Borges. Sí lo es, por contra, de registrar las enjundiosas páginas

de la obra borgesiana en que se recrea de algún modo el espíritu de la creación literaria de

aquél. Así, en una lejana reseña del año 1937 de la revista bonaerense "El hogar", sobre la

"biografía sintética" de Kafka, ponía al argentino de relieve la equiparación de los

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mecanismos paradójicos kafkianos con las célebres aporías filosóficas del presocrático

Lenón de Eleai

, yen su prólogo a los cuentos fantásticos de Kafka, subrayaba asimismo,

como la "más indiscutible" desusvirtudesautoriales, la llamada "invención de situaciones intolerables"8.

Pero será en el susodicho ensayb, "Kafka y sus precursores", escrito en Buenos Aires en

1951 Y recogido en el volumen "Otras inquisiciones" (1952), donde, a partir del reconocimiento

de algunos de los predecesores de la angustiada sensibilidad kafkiana, introduzca

Borges una auténtica renovación en el fecundo y siempre móvil concepto de las influencias

histórico-literarias, que nos permitirá, en fin, solventar el manifiesto escollo de la asociación

de nombres y obras en apariencia tan heterogéneos como son los de Galdós y Kafka. Según

dictamen borgesiano, la nómina de los antecedentes o precursores de Kafka en la historia

no sólo de la literatura, sino también del pensamiento especulativo, es vasta y populosa.

Reconocer a Kafka supone, por lo pronto, abundar en la ya citada idea de que, merced al

parangón con el imposible arribo del agrimensor K. al castillo en la fábula moderna, la

"flecha" y el "Aquiles" eléatas se convierten en "los primeros personajes kafkianos de la

literatura". A pareja conclusión conduce, según Borges, el cotejo de Kafka con un textoapólogo

procedente de la literatura oriental: su autor es un narrador chino del siglo IX, Han

Yu, y versa sobre la enigmática existencia de un animal fabuloso: el unicornio. Pero también

las historias literarias de Dinamarca, Inglaterra y Francia abonan la hipótesis de los múltiples

y varios precursores del escritor judío: Kafka viene a ser prefigurado mediante las "parábolas

religiosas de tema contemporáneo y burgués" del filósofo pre-existencialista Soren

Kierkegaard; a través de ciertos versos del genial poeta inglés Robert Browning, yen algunos

de los más patéticos e insondables relatos del místico francés León Bloy y del aristócrata

inglés Lord Dunsany.

El corolario borgesiano afina y puntualiza este ensayo comparativo. A decir de Borges,

lo auténticamente notable del cotejo no estriba en la noción tópica de la influencia literaria.

La mayoría de los autores y textos citados no precisaron influir en la escritura del gran Kafka

para que sus lectores rastreemos sus ecos y sus aproximaciones. Muy al contrario -y a pesar

de la inversión del concepto lineal o sucesivo del tiempo que ello comporta-, es la huella de

Kafka, posterior a todos los nombres citados, la que destella paradójicamente en sus obras.

"El poema "Pears and Scruples" de Robert Browning -decreta Borges- profetiza la obra de

Kafka, pero nuestra lectura de Kafka afina y desvía sensiblemente nuestra lectura del poema.

Browning no lo leía como ahora nosotros lo leemos".

Observemos que en la médula central de esta sentencia borgesiana late y se articula toda

una noción aplicable a una teoría general de recepción literaria. Si es la lectura quien modifica

las connotaciones hermenéuticas de una creación hecha escritura, de ello se infiere que en

la historia de la literatura universal no existe sólo una influencia directa y unívoca de los

escritores en sus descendientes literarios a través de la línea progresiva del tiempo, sino que

también puede observarse la repercusión de algunos autores sobre aquellos que los

antecedieron en el tiempo. La clave explicativa de este hecho radica en la propia entidad de

la lectura, verdadero puente de interrelaciones suprahistóricas o "metalineales". En su raíz,

subyace una evidencia: la lectura opera con el" corpus" total de la Literatura, sin la mediación

restrictiva ~el concepto histórico y su ámbito viene a cifrarse, pues, en los dominios

platónicos de la sincronía.

IV CONGRESO GALDOSIANO al

La formulación de Borges al respecto es precisa e impecable: "En el vocabulario crítico,

la palabra "precursor" es indispensable, pero habría que tratar de purificarla de toda

connotación de polémica o de rivalidad. El hecho es que cada escritor "crea" a sus

precursores. Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar el

futuro"9. Inferida, de este modo, la teoría borgesiana, cabe, al cabo, remitirnos al objeto

principal de estas consideraciones. Al aplicar esta conclusión a los escrupulosos interrogantes

anteriormente aludidos acerca de la supuesta validez de una comunicación textual entre las

obras de Pérez Galdós y Kafka, descubrimos la posible disolución del susodicho prejuicio

crítico. No se trataría, pues, de proponer una asociación directa de influencias imposibles de

Galdós en Kafka, ni siquiera una suposición de equivalencias explícitas (algo sobre lo que

más tarde volveré). Se trata, en suma, del hallazgo de resonancias kafkianas en la escritura

y el mundo fictivo de Galdós, derivado de una experiencia lectora ajena al imperativo lineal

del tiempo. Si tal como conjetura Borges en su ficción cuentística, Pierre Menard escribió un

texto que, siendo el mismo Quijote literal cervantino, es sustantivamente distinto, debido

a presupuestos de recepción histórica o lectura 10, cabe asimismo proponer la presencia de las

vertiginosas pesadillas kafkianas en la historia de un personaje que, en esencia, ha sido

sometido a las presiones de un entorno superior a sus capacidades de respuesta vital y, por

lo tanto, inútil y absurdo. Leído (y escrito) en nuestro siglo, el Quijote de Menard es "otro"

texto. Inserto en nuestro siglo, el "perpetuo cesante" galdosiano revela -al menos, en

potencia- el influjo de las criaturas del universo kafkiano, perpetuamente fatales.

b) Ramón Villaamil, víctima social y nominalista

Remitiéndonos, pues, de nuevo a la figura ideada por Galdós, es preciso -previo al

establecimiento de su lectura precursora de Kafka- perfilar su caracterización distintiva

dentro de la tupida y compleja red de la ficción galdosiana "Miau". No es difícil, en este punto,

admitir la definición de Ramón Villaamil como personaje -víctima de un contexto social no

menos despiadado que incierto. Yen cuanto víctima, se nos presentará, en primer lugar, en

relación al mundo profesional en que ha transcurrido su vida, pues el narrador nos lo sitúa

en la "fábula" a sus sesenta años, habiendo sumado 34 años y 10 meses de servicios a la

institución ministerial de Hacienda, ya falta de dos meses para poder jubilarse "con los

cuatro quintos del sueldo regulador, que era el de su destino más alto, jefe de Administración

de tercera" (cap. IV), pero también -cuestión inmarginable-como víctima de una situación

familiar desastrosa y alienante, a la cual en verdad jamás plantó cara, razón por la que el

c'rítico y especialista galdosiano Robert J. Weber desvía la culpabilidad de la tragedia del

personaje a sus propias determinaciones personales, concretadas en el hecho de haber

entregado" su libertad personal a su esposa, y su libertad profesional al Estado" 11. Pero, en

cualquier caso ¿qué podemos inferir de la personalidad de Villaamil según los datos

aportados por el narrador en su texto?

Como personaje público, pertenece a la especie de los "cesantes" en los cargos

profesionales de la Administración estatal, figura ya común en la sociedad española del XIX,

pues el propio Mesonero Romanos había trazado su perfil como tipo costumbrista, habiendo

_ BIBLIOTECA GALDOSIANA

adquirido tal presencia social por razones derivadas de los sucesivos cambios en el panorama

político contemporáneo a Galdós. "En la burocracia española -señala Sáinz de Robles-( ... )

cada ola era un cambio de rumbo en la política. ( ... ) ¿Qué subían los conservadores al Poder?

Se quedaban cesantes todos los liberales ministros, directores generales, jefes de Administración,

jefes de negociado, oficiales, escribientes, conserjes, ordenanzas, porteras ... ¡Todos!"

12. y como tal cesante, vivirá Villaamil desde el comienzo hasta el final de la novela, que

es también el de su vida, a pesar de sus denodados y vanos intentos por liberarse de su destino

de cesantía. Pero es precisamente en su condición de personaje de frustradas aspiraciones

donde cabe subrayar uno de los aspectos más destacados de su carácter literario: la

personalidad evolutiva de villaamil. Dicha evolución es, además, detectable en varios

aspectos de su biografía.

En primer lugar, como rasgo más evidente, en lo relativo a su descripción física. El

narrador nos presenta a Villaamil en el primer capítulo de la novela como "un hombre alto

y seco, los ojos grandes y terroríficos, la piel amarilla, toda ella surcada por pliegues enormes

en los cuales las rayas de sombra parecían manchas". La comparación del personaje con un

representante de la especie felina surge, por ello, pronta a los ojos de su autor: "La robustez

de la mandíbula, el grandor de la boca, la combinación de los tres colores: negro, blanco y

amarillo, dispuestos en rayas, la ferocidad de sus ojos negros, inducían a comparar tal cara

con la de un tigre" ... pero, de "un tigre viejo y tísico que, después de haberse lucido en las

exhibiciones ambulantes de ferias, no conserva ya de su antigua belleza más que la

pintorreada piel" (cap. 1). Si a ello superponemos la presentación caricaturesca de su mujer,

su hija y su cuñada como las cursis y grotescas "Miaus", prestas a aparentar en sociedad una

dignidad felina a todas luces inexistente (contra la cual sólo se rebelará el buen don Ramón

en su delirio y trastorno finales), no cabe sino reconocer en Villaamil esa entidad de evolución

degenerativa que le lleva desde su primitiva esencia tigresca hasta su transformación

definitiva en tigre domesticado y, por lo tanto, inofensivo, en que lo hallamos desde su

primera aparición en la novela.

Pero a esta evolución implícita del personaje sirve de correlato otra de signo espiritual

y psíquico, esta vez presentada ante los ojos de los lectores, pues supone, en realidad, el

propio desarrollo argumental del texto, e incide en uno de los aspectos más relevantes de la·

maestría técnica del escritor canario. Aquello que Baquero Goyanes caracterizó como "la

perspectiva cambiante de Galdós", sancionada por el hecho de que "la condición humana se

configura, galdosianamente, como algo frágil e inestable, hecho de afirmaciones y de

claudicaciones, de heroísmos y de torpezas; merecedor unas veces de burla, pero otras de

tierna compasión"13. Pues bien, el desarrollo evolutivo del "cesante" galdosiano desde la

perspectiva movediza de su particular psicología, cuestión que, como extraordinariamente

documentó Sherman H. Eoff, había adquirido "una gran importancia en España alrededor

de 1880" , am parada en la adopción hispana de la filosofía natural de Wilhelm Wundt 14, viene

determinado en el texto de Galdós mediante el sabio artificio de la imbricación de una

personalidad psíquica con un elemento esencial en la estructura compositiva de la novela.

Aludo, claro está, a la funcionalidad trascendente del propio título de la obra.

En principio, el título viene referido al mote como que son publicamente denominados

los miembros femeninos de la familia Villaamil, apodo que el propio narrador no duda en

IV CONGRESO GALDOSIANO &JI

com partir con los demás personajes 15, subrayando de ese modo la caracterización de ridiculez

felina propia de los histriónicos comportamientos habituales de dichos personajes. Pero,

además, y aquí radica el proceso de mutación grotesca llevado a cabo por el protagonista de

la fábula. Ramón Villaamil, otrora probo y entusiasta funcionario del Ministerio de

Hacienda, particulariza su faceta profesional por el hecho de involucrarse profundamente

en ella, hasta el punto de haber llegado a concebir un plan general de reformas en la

Administración, sentado en cuatro principios ideales sobre los que habría de basarse el

correcto funcionamiento de los mecanismos administrativos de la recaudación. Conocedor

cabal del dinamismo burocrático que entorpece el buen fluir de las instituciones, Villaamil

propone y lanza a los cuatro vientos -sin reparar en lo progresivamente grotesco de su

recepción- esos cuatro pilares que vienen a funcionar, al comienzo de la novela, como

auténticos arquetipos platónicos obsesivos e inoperantes: "Podré acertar o no; -propone don

Ramón en el capítulo XXII-, pero que aquí hay algo, que aquí hay una idea, no puede dudarse

( ... ). Mi trabajo consta de cuatro Memorias o tratados, que llevan su título para más fácil

inteligencia. Primer punto: Moralidad ( ... ). Segundo punto: Income tax ( ... ). Tercer punto:

Aduanas ( ... ); Cuarto punto: unificación de la deuda". La transfiguración de tales ideales en

su propia caricatura paródica no podía hacerse esperar. A la salida de Villaamil de dicha

escena, uno de los subalternos, el "despiadado" y "maligno" Guillén, convierte los nobles

principios villaamilescos en grosera moneda de mofa y escarnio, haciéndolos, pues, bajar a

la grosera y torpe realidad del insensible funcionariado: "-Aquí he copiado los cuatro puntos

conforme los decía. Señores, oro molido ( ... ). Vean, vean los cuatro títulos escritos uno bajo

el otro". Y el narrador sanciona así la escena: "juntadas las cuatro iniciales resultaba la

palabra MIAU. Una explosión de carcajadas retumbó en la oficina, poniéndola tan alegre

como si fuera un teatro" (Cap. XXII).

Al decir de Francisco Ayala, "como en el autor del "Quijote" ( ... ), también en Galdós los

nombres atribuidos a los personajes revelan con su incertidumbre y su plasticidad la

condición proteica de quienes los llevan" , pudiendo materializarse dicha condición cambiante

de diversas y complementarias maneras: "puede darse en la descripción de su carácter

ofrecida por el narrador, puede cumplirse en la interpretación de este carácter que otros

personajes hagan, y puede ser obra, de la mente acalorada del personaje mismo"16. Si

aplicamos este sutil principio a la criatura ficcional que nos ocupa, habremos de convenir que

en su caso singular la evolución psíquico-nominativa proviene de la suma de los casos

referidos por Ayala, pero acaba, al fin, por concretarse en el tercero: como producto de la

"mente acalorada" del personaje. En este sentido, el narrador nos evidencia con aplastante

rotundidad y precisión, los pasos dados por Villaamil en su proceso. Y así, si en el capítulo

anteriormente aludido, se ha operado ya la metamorfosis del "tigre" en el "tigre maullador",

ridículo y caricaturesco, habremos de asistir, en el resto de la trama y a partir de ese

momento, al terrible proceso de decadencia mental de Villaamil, conducido de forma

simbólica por la vía de esas siglas fatídicas que comparten sus ideales y su parodia.

El valor funcional del título adquiere desde estas premisas, una significación peculiar

como parábola del destino de Villaamil, presa de su propio entorno (su familia "Miau" y su

trabajo ideal, mutado, al fin, también en "M.LA.U. "), pero también de su propia personalidad

algo rígida e inflexible. Todo ello le llevará a cifrar sus cuatro reglas en un verdadero caos

_ BIBLIOTECA GALDOSIANA

de asociaciones nominales de carácter casi cabalístico (también en inversión grotesca),

expresión señera de su trastorno psíquico que es, al mismo tiemppo, el lógico fluir de su

destino como tigre enjaulado y transformado en infeliz felino. Cuando, perdidas ya las

esperanzas en su anhelado nombramiento, descubre Villaamilla burla de que ha sido objeto,

acudirá, por lo tanto, mentalmente a su caracterización ya sustantiva: "Díjome también que

con las iniciales de los títulos de mis cuatro Memorias ha compuesto Guillén el mote de Miau

( ... ). Yo lo acepto. Esa M, esa 1, esa Ay esa U son, como el Inri, el letrero que le pusieron

a Cristo en la cruz ... Ya que me han crucificado entre ladrones, para que todo sea completo,

póngame sobre la cabeza esas cuatro letras en que se hace mofa y escarnio de mi gran misión"

(Cap. XXXVI).

La evolución de las letras sobre la personalidad del ya trastornado cesante no concluye,

empero, en ese instante, sino que irá adquiriendo tintes paulatinamente más absurdos,

parejos a la enajenación creciente de su cerebro: en la conversación con Urbanito Cucúrbitas

del Capítulo XXXVII·, como broche a la terrible escena doméstica en que explotan finalmente

los resortes internos de sus descabaladas relaciones familiares, espeta al personaje con altiva

(y tragicómica) dignidad de San Andrés crucificado en aspas: "Mujeres locas, mujeres

cobardes, ¿no sabéis que Morimos ... Inmolados ... Al... Ultraje"; y en el capítulo XLIII,

inmerso ya en su monólogo interior enajenado, aduce la siguiente conclusión de su propia

historia: "Todos me han abandonado, y por eso adopto el lema que anoche inventé y que dice

literalmente: Muerte ... Infamante ... Al... Universo" ... ; todo ello para concluir, en la página

final de la novela, y en el mismo instante que ejecuta su destino de suicida, con la concepción

del último de sus pensamientos: "¿Apostamos a que fallo el tiro? ¡Ay! Antipáticas "Miaus"

¡Cómo os váis a reir de mí!. .. Ahora, ahora ... ¿a que no sale?"

Visto lo cual, se induce una razón determinante: si es Villaamil un personaje víctima de

su entorno social, en su dob le contenido de sociedad laboral y familiar, resulta no serlo menos

de su propia identidad como individuo determinado por su historia personal, por sus

obsesiones particulares y por su carácter noble pero torpe en su actuación y en sus relaciones,

con natural tendencia a la monomanía ... víctima, en suma, de un proceso interno que no es

sino la misma evolución de sus ideales como cifra y sello de su nominación personal

sustantiva.

e) Villaamily laJabulación kqfkiana

Cabe entonces, una vez desmenuzada el alma del desventurado personaje, atraer el

mundo ilógico de Kafka como presunto contrapunto de subrepticias equivalencias. En sus

ya citados trabajos sobre el autor de "La metamorfosis", incide Jorge Luis Borges en dos

aspectos esenciales que define de manera clara y rotunda: el motivo "de las infinitas

postergaciones" y, ligado a la virtud kafkiana de crear "situaciones intolerables", la alusión

a las "instituciones atroces" que pueblan su obra17• Si a estos elementos superponemos, por

último, la convicción, a que arriba el no menos genial Elías Canetti en su luminoso trabajo

ensayístico sobre la figura de Franz Kafka, de que "el miedo ante la supremacía del prójimo

es un tema central en Ka fka " 18, idea resultante no sólo del examen de su obra literaria, sino

IV CONGRESO GALDOSIANO lB

también del rastreo de sus propias experiencias biográficas (diarios y cartas) conservados

por su amigo, el también escritor Max Brod, podremos diseñar con mayor nitidez la exégesis

de la novela galdosiana a la luz de una lectura kafkiana de la misma.

Pensemos, de entrada, en un texto como "La metamorfosis" (de 1912). Dos aspectos

sobresalen desde esta perspectiva contrapuntística y comparativa: en primer lugar, el mismo

hecho de tratarse, como objeto central de la fábula, de una mutación de rasgos físicos

(Gregario Samsa convertido en un monstruoso y repugnante insecto), pero, sobre ello,

destaca una cuestión fundamental: la reacción de su familia, que no dudará, al final de la

novela, en agredir al desdichado personaje, sino que incluso precipitará su destrucción

definitival9• En un texto citado por Elías Canetti, confesaba Kafka su propia aversión a la

institución familiar por cuanto significaba de opresora y restrictiva en relación a su

hipocondríaca personalidad solitaria: "No puedo vivir con gente; odio incondicionalmente a

todos mis parientes, no por que sean malas personas, sino sencillamente porque son quienes

viven más cerca de mí". Asimismo, conectada mediante el motivo de la "situación

intolerable", puede servirnos la alusión a la novela "El castillo" (1922) de referencia

iluminadora. Recordemos, a este respecto, que la negativa a la pertinaz pretensión de

Villaamil para formar parte de la nómina del funcionario público de Hacienda es, como la del

agremensor K. de entrar en el castillo, también infinita, y que el propio narrador nos describe

el edificio ministerial empleando los adjetivos "feud 1" Y "carcelario" (cap XXI), metáfora

implícita de un castillo inaccesible, al que el personaje acude con su "sostenida obstinación

espiritual" sin dejar por ello, eso sí, de profesar un verdaderamente destructivo "cariño a la

mole colosal del Ministerio".

Pero es, sin duda, la novela "El proceso" (escrito entre 1914 y 1915), el texto que más

juego puede ofrecemos en este ensayo de lectura borgesiana: tanto el tema de la "infinita

postergación" como el de las "instituciones atroces" comparten indiscutible preeminencia en

el cotejo de ambas novelas. Comenzando por el segundo, no es preciso insistir en el magnífico

documento de la sociedad moderna que es, entre otras muchas cosas: "El proceso". Según

declara Walter Benjamín, en su conocida "iluminación" sobre Kafka' la característica

predominante del ciudadano del Estado moderno es la de saberse "entregado a un

inabarcable aparato burocrático, cuyas funciones dirigen instancias no demasiado precisas

para los órganos que las cumplen, cuanto menos para los que están sujetos a ellas"20. La

aplicación de este principio a la narrativa de Kafka es a todas luces revelador: "Es evidente

que Kafka -testimonia documentalmente Max Brod-adquirió gran parte de su conocimiento

del mundo y de la vida y, además, su escepticismo, por experiencias profesionales, en su

contacto con los obreros que vivían injustamente y por el engranaje avasallador de su

empleo, esto es, por la vida estacionaria de las actas"21. Los espacios narrativos seleccionados

por Kakfa en "El proceso" dan cumplida cuenta de esta dimensión claustrofóbica de las

instituciones sobre el trabajador en el mundo moderno: pensemos no sólo en las oficinas

bancarias, donde realiza Josef K., protagonista del texto, sus actividades laborales, sino en

los despachos de los abogados consultados por la víctima, en los negociados, en las

abrumadoras y laberínticas salas de los tribunales de Justicia, en la catedral e incluso en la

habitación del pintor Tintoretti, adonde acude Josef K. en busca de una imposible colaboración.

1m BIBLIOTECA GALDOSIANA

En cuanto a "Miau", ya han sido señaladas de modo general algunas de estas

características espaciales. Basta ahora con aludir a ciertos momentos culminantes en que

el narrador parece guiarse por una extraña voluntad de revelar aquellos rasgos que hoy

podemos considerar kafkianos: al comienzo de la novela, cuando todavía Villaamil confía en

sus interminables cartas de recomendación, entrevistas con amigos presuntamente influyentes

y continuas visitas al edificio "sacro" e inaccesible, nos lo sitúa el narrador lanzándose

ciegamente y con "un inquieto hormigueo hacia el, así denominado, "dédalo oscuro de los

pasillos" de la institución (Cap. IV). A lo largo de la novela, aprovecha de igual modo las

sucesivas incursiones del protagonista al Ministerio, para retratar el ambiente de alienación

colectiva del personal allí instalado, y en las breves, pero sutiles, pinceladas de su descripción

destaca -salvando, eso sí, algunas honrosas excepciones- el ambiente de total indiferencia

hacia el trabajo, cuando no la vagancia y faIra de aptitudes laborales, reveladoras de un

trasfondo absolutamente común: el nefasto sistema de acceso a los puestos laborales,

dictado por razones casi exclusivamente políticas, si no sentimentales. Momento culminante

de tal retrato es el ofrecido en el capítulo XXXVII, en que se pinta el estado de prosaica

algarabía producido por el pago mensual de las nóminas: "En la escalera de anchos peldaños

desembocaban, como afluentes que engrosan el río principal, las multitudes que a la misma

hora chorreaban de todas las oficinas". El narrador recurre a un léxico profuso en

connotaciones que desintegran todo resto de referencias individualizadas. Se habla de la

"numerosa grey", del "humano torrente", de "corrientes" y de "muchedumbre". Todo ello

deriva finalmente en una aguda reflexión del propio narrador que, sin duda, resuena con

claridad en las paredes y rincones de los espacios kafkianos: "Era sin duda una honrada plebe

anodina, curada del espanto de las revoluciones, sectaria del orden y la estabilidad, pueblo

con gabán y sin otra idea política que asegurar y defender la pícara olla; proletario

burocrático, lastre de la famosa nave; mas resultante de la hibridación del pueblo con la

mesocracia, formando el cemento que traba y solidifica la arquitectura de las instituciones".

Pero es en el motivo de la "postergación infinita" donde hallamos un territorio aún más

fecundo para concluir la aproximación de ambos dominios novelescos: en este caso, el lazo

de unión procede del propio contenido de "proceso" que ambas novelas comparten. Toda

postergación por muy infinita que sea, implica un sentido procesal en tanto progresivo. En

el arranque de la ficción de Kafka, Josef K. es presentado por el narrador en esta insólita

situación: "Alguien debía de haber hablado mal de JosefK., puesto que, sin que hubiera hecho

nada malo, una mañana lo arrestaron", situación que provoca en el personaje una lógica

reacción de absurdo invencible: "Entró en un estado de excitación, ( ... ) y dijo: "No tiene

sentido""22. Desde ese momento, como lectores asistimos a un complicado proceso, que se

singulariza por una bifurcación de sus ámbitos de aplicación: por un lado, el proceso externo,

como inútil búsqueda de una ayuda válida frente al "otro" proceso jurídico legal que,

incesante, sigue su curso irreversible; pero, simultáneamente, somos también los mudos

testigos del proceso psicológico de Josef K., en cuyo espacio de existencia va surgiendo y

apoderándose la terrible sensación de que el proceso contiene y es todo cuanto le rodea:

"Tampoco hizo ahora apenas un movimiento cuando el pintor se inclinó sobre él y le susurró

al oído para que no le oyeran afuera: "También estas muchachas pertenecen al tribunal".

IV CONGRESO GALDOSIANO 111

"¿Cómo?", preguntó K., apartó la cabeza hacia un lado y miró al pintor ( ... ) "Todo pertenece

al tribunal". "Aún no me he dado cuenta de eso", dijo K. sin rodeos"23.

De esta manera, parece resultar que el único modo posible de zafarse de los "procesos"

viene a concretarse, para K., en el recurso de su propia condena. El resto de las soluciones

no son, en verdad, más que estériles prolongaciones del asfixiante acoso. El proceso interno

llega, por lo tanto, al supremo grado de manifestación absorbente y demoledora, que, a su

vez, no es sino la final consecución de una única claridad: la de estar "metafisicamente"

perdido. Prueba de ello es el impresionante capítulo IX que, no arbitrariamente, se desarrolla

en la catedral, donde la voz de un anónimo sacerdote revela a Josef K., en tono bíblico y

mosaico, su condición de "ser" culpable24. En opinión docta de Marthe Robert, "el auto de

Josef K. se vincula ( ... ) al mismo tiempo, con lo judicial y lo patológico ( ... ); y como además

ninguno de los dos sentidos corresponde a un objeto definido, nada permite saber si K. es

culpable o está enfermo; en el primer caso, de qué crimen o de qué delito; yen el segundo,

de qué naturaleza fisica o moral es la enfermedad"25. Sírvanos este argumento de puente para

insistir en la lectura kafkiana del proceso de villaamil. También es éste objeto y sujeto (como

ya vimos) de un proceso de dos caras complementarias: como en el caso de Josef K.,

ignoramos asimismo las verdaderas causas que determinan legalmente la persistencia de

Villaamil en su condición de cesante (aplicado en "hora fatídica" y sin motivaciones claras,

según nos dice el narrador en el capítulo XIII), por más que cartas, ruegos y recomendaciones

intenten sacarlo de ese estado.

Las referencias del narrador al personaje en lo tocante a la adjetivación destacan este

inmutable principio de su historia: el "desgraciado", "perpetuo", "pobre", "atribulado",

"infeliz", "sufrido" y "buen" cesante "infortunado". De modo similar, Villaamil comparte

con Josef K. la dimensión interna o mental de ese proceso objetivo. Sin embargo, aquí son

notables y significativas las diferencias: el narrador galdosiano no pretende en ningún

momento enmascarar la realidad de la depauperación mental de su personaje. Es más,

introduce rasgos explicativos (de signo naturalista) en la misma. Estos pertenecen "tanto al

bien definido carácter del sujeto analizado, cuanto a rasgos dependientes de su biografia

pasada o del propio decurso de la fáb].lla. Así, pues, sabemos de villaamil que posee una

personalidad marcada por la tendencia a la obsesión: cree tener enemigos ocultos en la

Administración (cap IV) y se empeña en aplicar un correctivo mental a sus aspiraciones,

basado en la imposición de un pesimismo falaz y enfermizo (cap. VII y otros).

En lo que respecta a su biografia, don Ramón ya fue objeto de anteriores cesantías (cap.

XIII), Y su personalidad sufrió un fatídico revés cuando muere, mentalmente perturbada, su

hija mayor, "quedándose como ruina lamentable, sin esperanza, sin ilusión ninguna de la

vida; y desde entonces se le secó el cuerpo hasta momificarse". Pero será, en definitiva, el

detonante de un personaje de su entorno familiar quien modulará los grados del proceso de

trastorno mental en Villaamil: se trata de Víctor Cadalso, yerno de don Ramón, seductor

impenitente, el más directo culpable del desequilibrio de su hija y ejemplo palmario de la total

ausencia de princi pios éticos como la vía más propicia para la su pervivencia social y aun para

la ascensión. Cadalso, que ha sido despedido de su anterior empleo por prevaricación, presta

sus varoniles servicios a damas encumbradas e influyentes en la política madrileña para

conseguir un puesto en el propio Ministerio de Hacienda, cargo que, al cabo, en inversión

_ BIBLIOTECA GALDOSIANA

paralelística con su suegro, conseguirá, no sin antes haberle perjudicado notoriamente con

sus escarceos y sus comentarios. Y es, precisamente, este otro proceso de encumbramiento

inmoral el que precipitará la defenestración mental de Villalamil: cuando, con reconcentrada

crueldad, su otra hija, Abelarda, "Miau" burlada por los falaces arrebatos amorosos de

Cadalso, notifica a su padre en la Iglesia de Montserrat (como en la novela de Kafka, este

hecho central transcurre en el interior de un recinto sagrado) el nombramiento de Víctor en

la Administración económica de Madrid, Villaamil queda definitivamente consternado ante

la terrible ironía de los acontecimientos (cap. XXX). Asimismo, la verificación, dada a don

Ramón por su amigo Cucúrbitas, de que su yerno informó al influyente Diputado acerca de

su ineptitud y su locura, remacha de forma atroz el clavo de su desesperación. El comentario

del narrador es, en ese punto, explícito: "Esto acabó de trastornarle. Ya la insistencia de su

incansable porfia y la expresión de ansiedad que iban tomando sus ojos asustaba a sus

amigos" (Cap. XXXIII).

Las resoluciones de ambas novelas aportan aún un último vínculo secreto: el

aniquilamiento. En el caso de Villaamil, el suicidio supone una expresión verosímil y lógica

de su desdicha y trágica (pero también irónica) existencia. Supone, en suma, la liberación

de un proceso que, de puro reincidente, se carga con las tintas del absurdo ... 26. Para Josef

K., ser asesinado significa la corroboración de la condena como única salida para los procesos

de involucración metafísica. Una inspiración común sella finalmente esta alianza: las

últimas palabras proferidas por ambos personajes marcan no sólo la conclusión de sus

historias, sino también las de sendas tramas narrativas. "¡Como un perro!", profiere sin

ambages Josef K. "Pues ... SÍ... ", descubre villaamil en su deceso.

d) Galdós, precursor de Kqfka

El acto de leer, por tanto, una obra de ficción está sujeto a misteriosas e incógnitas

posibilidades interpretativas. Leer a Galdós cuando la historia ya nos ha permitido leer a

Kafka amplía insospechadamente la riqueza de los textos galdosianos. Es, sin duda, un

imperativo hermoso de los avatares de la Literatura, liberada del tiempo unívoco y lineal,

insobornable en nuestra vida cotidiana y sucesiva. Y así, si según decreta Borges, el único

hombre perfilable en las elaboraciones fictivas de Kafka es "el Horno domesticus -tan judío

y tan alemán-, ganoso de un lugar, siquiera humildísimo, en un Orden cualquiera; en el

universo, en un ministerio, en un asilo de lunáticos, en la cárcel"27, no nos resulta hoy en

exceso violento considerar que don Ramón Villaamil, (olvidado en la nómina borgesiana de

antecedentes de Kafka) , aun tan hispano y madrileño, pertenece igualmente a esa curiosa

especie del "horno domesticus", deseoso de un Orden perfecto en el prosaico y desvaído

mundo de las instituciones contemporáneas, extranjero en su trabajo y en su hogar, Aquiles

que n0 alcanza a la lenta tortuga administrativa y "precursor", en fin, de otras varias

criaturas de la ficción humana, también vencidas en el absurdo de su infinita postergación.

IV CONGRESO GALDOSIANO _

Notas

I Pérez Galdós, Benito: MIAU. Labor, Barcelona, 1981 (1 i ed. 1973). Edición, prólogo y notas de

Robert J. Weber. Véase también la edición de OBRAS COMPLETAS del escritor canario en el volumen

n de NOVELAS. Aguilar, Madrid, 1970, a cargo de Federico Carlos Sáinz de Robles, págs. 983-1.116.

En este trabajo citaré por la edición de Weber, que contiene además un valioso cotejo de los manuscritos

originales de la novela, actualmente conservados en la Casa-Museo de Pérez Galdós en Las Palmas de

Gran Canaria, manuscritos que dan cuenta del proceso de redacción así como de las variaciones operadas

por el autor en su texto. Vid. a este respecto, el volumen mongráfico de WEBER, Robert J.: THE "MIAU"

MANUSCRIPT OF BENITO PEREZ GALDOS. A CRITICAL STUDY. University of California Press,

Berkeley and Los Angeles, 1964.

2 "Of course Villaamil is a "comic" figure. His obsessions make him, by the end, a rather tireseme

bore; his importunity and his lackadaisical ménage are undignified, even grotesque; ( ... ) but he is

"made" all by his fellowmen, who include the female "miaus" ... " PARKER, Alexander A.: Villaamil,

tragic vitim or comicJallure? En "Anales Galdosianos" , año IV, 1969. The University ofTexas, Austin,

Texas; págs. 13-23.

3 Para el citado crítico, la verdadera "tragedia" del personaje estriba en la contraposición esencial

existente entre esa apariencia y su interioridad, de donde adquiere dimensión funcional la caracterización

tigresca de villaamil prestada por su autor: "Galdós is always careful to set forth, clearly te reasons

for the disparity between how Villaamil appears to be and what he is really thinking and feeling"

SACKETT, Theodor A.: The Meaning Q/ "Miau". Anales Galdosianos, año IV, 1969. The University of

Texas, Austin, Texas, págs. 25-38. Cita págs. 37 y 26, respectivamente.

4 Vid. a propósito de esta caracterización quasi-humorística del "héroe" galdosiano, el magistral

trabajo de NIMETZ, Michael: HUMOR IN GALDOS. New Haven, London, 1968.

5 "La burocracia será, pues, por un lado, mecanismo para entorpecer justas pretensiones, demora

y trampa en que caerá, sin poder evitarlas ni comprenderlas, el hombre común ( ... ). En "Miau" el mundo

es la oficina, ambiguo círculo de lo casual y arbitraria, y a la vez, desde otro ángulo, ámbito automatizado

y mecánico". GULLON, Ricardo: GALDOS, NOVELISTA MODERNO. Gredos, Madrid, 1073. Cap. La

burocracia, mundo absurdo, págs. 321-352. Cita págs. 336 y 326, respectivamente.

Ó En lo tocante a las valoraciones de la novelística galdosiana a la luz del pensamiento literario

"moderno". véase el artículo de TORRE, Guillermo de: El Redescubrimiento de Galdós. Insula, nQ 136,

15-I1I-1958. págs. 1-2. donde. tras glosar elogiosamente el "redescubrimiento" galdosiano de Gullón

lB BIBLIOTECA GALDOSIANA

(opus. cit.), culmina el autor con la siguiente afirmación: "Las resurrecciones suelen sobrevenir en

épocas de estiaje. Cada literatura experimenta periódicamente las suyas; Melville y Henry James

cuentan entre las venas más fértiles últimamente alumbradas. Pero en el caso de Galdós no se trata tanto

de un "redescubrimiento" como de una exploración por vez primera, del cateo y denuncia de parajes

antes inexplorados. Sólo ahora comienza a verse que en la ancha y profunda extensión de su universo

novelesco hay más, infinitamente más, de lo que antes se había creído".

7 "No me parece casual-añade Borges-que en ambas novelas (alude a "El proceso" y "El castillo")

falten los capítulos intermedios: también en la paradoja de Zenón faltan los puntos infinitos que deben

recorrer Auiles y la tortuga" BORGES, Jorge Luis: Franz Kqfka. Biogrqfía sintética. La Nación, Buenos

Aires, 29-X-1937. Recogido en TEXTOS CAUTIVOS. Tusquets Editores, Barcelona, 1986, págs. 182-

183. Acerca de esta vinculación teórica, véase el artículo de AZANCOT, Leopoldo: Borgesy Kqfka. Rev.

Indice, nº 170; 1963, pago 7.

8 KAFKA, Franz: EL BUITRE. Siruela, Madrid, 1987. Prólogo de Jorge Luis Borges, págs. 9-14.

9 BORGES, Jorge Luis: Kqfka y sus precursores. En OTRAS INQUISICIONES (1952). PROSA

COMPLETA, Vol n. Bruguera, Barcelona, 1980; págs. 226-228.

10 Cfr: oo ... el fragmentario Quijote de Menard es más sutil que el de Cervantes. Este, de un modo

burdo, opone a las ficciones caballerescas la pobre realidad provinciana de su país: Menard elige como

"realidad" la tierra de Carmen durante el siglo de Lepanto y de Lope ( ... ). El texto de Cervantes y el de

Menard son verdaderamente idénticos, pero el segundo es casi infinitamente más rico" BORGES, Jorge

Luis: Pierre Menard, autor del "Quijote" en FICCIONES (1944). PROSA COMPLETA, vol. 1. Bruguera,

Barcelona, 1980, págs. 425-433.

11 WEBER, Robert J.: Introducción a la edición crítica de MIAU. Opus cit. pág. 8. Cfr: "Villaamil

calló. Tiempo hacía que estaba resignado a que su señora llevase los pantalones. Era ya achaque antiguo

que cuando Pura alzaba el gallo bajase él la cabeza, fiando al silencio la armonía matrimonial". (Cap. XII).

12 SAINZ DE ROBLES, Federico Carlos: Nota Preliminar a MIAU, en la edición citada de Obras

Completas"pag. 983.

13 La perspectiva crítica de Baquero parece abonar, por tanto, la consideración evolutiva de

Villaamil, al proponer, casi como principio teórico general que" en la obra narrativa galdosiana abundan

los personajes caracterizados por lo cambiante y movedizo de sus actitudes. Y suele ser precisamente

esa capacidad de mutación la que, al evitar a tales personajes cualquier rasgo de rigidez o petrificación,

les comunica un convincente aire de humana verdad". BAQUERO GOYANES, Mariano: La "perspectiva

cambiante" en Galdós. HOMENAJE A JOAQUIN CASALDUERO. CRITICA y POESIA. Gredos, Madrid,

1972, págs. 71-83.

14 "Los españoles, que en general rechazaron todo género de materialismo científico, recibieron con

los brazos abiertos una psicología que abría paso a un idealismo filosófico ( ... ). Por lo que respecta a

Pérez Galdós, para nosotros Wundt tiene un interés mayor que los sistemas de otros notables psicólogosfilosóficos

europeos, como Spencer y Taine". EOFF, Sherman H.: EL PENSAMIENTO MODERNO Y LA

NOVELA ESPAÑOLA. Seix-Barral, Barcelona, 1962. Cap. La deificación del proceso consciente. Benito

Pérez Galdós, págs. 125-151. Cita pago 127.

15 Cfr: "y se fueron las tres "Miaus", dejando a Villaamilconsu nieto sus fúnebres soledades". (Cap.

XX).

16 AYALA, Francisco: La creación del personqje en Galdós. HOMENAJE A LA MEMORIA DE D.

ANTONIO RODRIGUEZ-MOÑINO. 1910-1970. Castalia, Madrid, 1975, págs. 81-91. Cita pág. 87.

17 BORGES, Jorge Luis: Prólogo a KAFKA, Franz: EL BUITRE. Opus. cit., págs. 12-13.

18 CANETTI, Elias: EL OTRO PROCESO DE KAFKA. Alianza, Madrid, 1973. pág. 63 Y ss.

19 Poco antes de quedar definitivamente enclaustrado. ha de escuchar Gregorio Samsa este

parlamento de su hermana: "Es preciso que se vaya ( ... ). Este es el único medio. padre. Basta con que

IV CONGRESO GALDOSIANO 111

procures des~char la idea de que se trata de Gregorio. El haberlo creido durante tanto tiempo es, en

realidad, el origen de nuestra desgracia. ¿Cómo puede ser esto Gregorio? Si tal fuese, ya hace tiempo

que hubiera comprendido que no es posible que unos seres humanos vivan en comunidad con semejante

bicho ( ... )" KAFKA, Franz: LA METAMORFOSIS. Revista de Occidente, Madrid, 1965, pág. 93. En un

curioso documento del autor, una carta a la editorial Kurt Wolff, donde aconseja acerca de la portada

más apropiada para la edición de esta novela, se rebela contra el proyectado dibujo-portada del insecto,

y añade esta significativa propuesta: "Si yo mismo pudiera proponer algún tema para la ilustración,

escogería temas como: los padres y el apoderado ante la puerta cerrada, o mejor todavía: los padres y

la hermana en la habitación fuertemente iluminada, mientras la puerta hacia el sombrío cuarto se

encuentra abierta". KAFKA, Franz: ESCRITOS SOBRE SUS ESCRITOS. Anagrama, Barcelona, 1983.

(Carta del escritor a la editorial Kurt Wolff, fechada en Praga el 25 de Abril de 1915). Pág. 64.

20 BENJAMIN, walter: Dos iluminaciones sobre Kqfka.En ILUMINACIONES 1. Taurus, Madrid,

1971, págs. 199-221. Cita pág. 204.

21 "Capítulos enteros de las novelas "El proceso" y "El castillo" deben su atmósfera realista al medio

ambiente del "Instituto de seguros". BROD, Max: FRANZ KAFKA. Alianza, Madrid, 1982, pág. 84.

22 KAFKA, Franz: EL PROCESO. Cátedra, Madrid, 1989. Cap. 1, págs. 65 Y 75.

23 Ibidem, cap. VII, pág. 203.

24 "Se te considera culpable. Tal vez tu proceso no salga nunca de un tribunal inferior. De momento,

tu culpa se considera probada" "Pero yo no soy culpable", dijo K., "es un error. ¿Cómo puede una persona

ser culpable? Aquí todos somos personas, tanto los unos como los otros". "Eso es cierto", dijo el

sacerdote, "pero así suelen hablar los culpables". KAFKA, Franz: EL PROCESO. Edic. cit., Cap. IX, págs.

259-260.

25 ROBERT, Marthe: FRANZ KAFKA O LA SOLEDAD. Fondo de Cultura Económica. México, 1982,

págs. 234-235. Vid. también el volumen de la misma autora: ROBERT, Marthe: ACERCA DE KAFKA.

ACERCA DE FREUD. Anagrama, Barcelona, 1980.

26 Acerca del suicidio del personaje galdosiano, vid. el artículo deMILLER, Stephen: Villaamil'suicide:

action, chaca ter and motivation in MIAU. Anales Galdosianos. Excmo. Cabildo Insular de Gran Canaria.

Casa-Museo Pérez Galdós. Año XIV, 1979, págs. 83-96; y PAOLlNl, GILBERTO: AN ASPECT OF

SPIRlTUALlSTlC NATURALlSM IN THE NOVELS OF BENITO PEREZ GALDOS: CHARITY. Las Américas

PublishingCompany. NewYork, 1967. Especialmente, págs. 41-42.

27 BORGES, Jorge Luis: Prólogo a KAFKA, Franz. Opus cit., pág. 13.