SESIÓN DE CLAUSURA

GALDÓS DESDE NUESTRO

FIN DE SIGLO

Rodolfo Cardona

Sr. D. Gonzalo Angulo González,

Vicepresidente del Excmo. Cabildo Insular de Gran Canaria, lltma. Sra.

Dña. Hilda Mauricio Rodríguez, Directora General de Cultura del Gobierno

Autónomo de Canarias, Dra. Dña. Yolanda Arencibia Santana, Decana

de la Facultad de Filología de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria,

Dra. Dña. María del Prado Escobar Bonilla, Secretaria del Comité

Organizador del V Congreso Internacional Galdosiano. Distinguidas señoras

y señores invitados. Queridos compañeros y colaboradores de este V

Congreso que habéis contribuido con vuestra presencia, sabiduría, inteligencia

y sensibilidad crítica a que este congreso haya sido el mejor de

esta distinguida serie de encuentros internacionales sobre la obra de

Oaldós.

Deseo agradecer asimismo a los organizadores de este Congreso el

honor que me han conferido al invitarme a presentar esta conferencia de

clausura. Lo acepté, no por mis méritos personales sino por considerarme

representante de la vieja guardia de galdosistas, desgraciadamente

ausentes de este y de futuros congresos. Deseo dedicarles esta conferencia.

Se trata de los maestros José Fernández Montesinos, Joaquín Casalduero,

Walter Pattison, WiIliam Shoemaker y, ante todo de mi excelente

amigo y querido colega Ricardo Gullón y de ese hermano, más que amigo,

que fue para mi Steve Gilman. A todos ellos los conocí personalmente;

en las lecturas de las obras de Montesinos y Casalduero empecé a

adquirir una visión totalizante de la obra del genial canario. Gullón, con

su magistral edición de Miau me indicó el camino a seguir en la investigación

del realismo de Galdós en el contexto del Realismo europeo.

Pattison y Shoemaker aportaron importantísimas ediciones de obras

dispersas por revistas o en manuscritos hasta entonces inéditos. Y de la

obra de Gilman, todos, viejos y jóvenes, hemos aprovechado su originalidad.

De todos ellos aprendí mucho y mis alumnos recibieron los frutos

de ese aprendizaje. Deseo asimismo, a modo de nota personal. expresar

_ BIBLIOTECA GALDOSIANA

mi agradecimiento a otro galdosista, posiblemente menos conocido de

ustedes, el profesor Paul Rogers, quien fue el primero en insistir que volviera

a leer a Galdós en una época en que yo estaba inmerso en las literaturas

de vanguardia y en la inmensa obra de Ramón Gómez de la Serna.

El resultado de esa sugerencia, como todos ustedes lo saben, no fue

echada en saco roto. Mi regreso a la obra de Galdós produjo tal impresión

en mí que, entre otras cosas, me obligó a formularme la siguiente

pregunta: ¿Por qué existen unos Anales J3alzacienes y no unos «Anales

Galdosianos»? Esa pregunta me obsesionó hasta el punto que, con el

apoyo moral de galdosistas como Casalduero y Montesinos, me puse a

indagar la manera de financiar tal publicación. El primer número

salió gracias a la fe que depositó en mi el entonces Decano de Humanidades

de la Universidad de Pittsburgh, cuyo nombre, Frank Wadsworth,

deseo hacer constar. Mil dólares, de su presupuesto discresionaL me permitieron

sacarlo, sin saber de dónde iba a obtener el dinero para

los próximos números. La Universidad de Pittsburgh me ayudó también

a sacar el segundo número. Ambos fueron publicados en Nueva

York, en la imprenta de la editorial Las Américas, entonces dirigida por

Gaetano Massa, cuyo apoyo deseo hacer constar. Para las fechas en

que se preparaba el tercer número, ya me encontraba yo en esta bella

ciudad y contaba con el apoyo incondicional del entonces Director-Conservador

de la Casa Museo Pérez Galdós, don Alfonso Armas Ayala. Esa

triple A fue milagrosa para el futuro de los Anales, pues su sortilegio cabalístico

consiguió el apoyo del Excelentísimo Cabildo Insular de Gran

Canaria, sin el cual los Anales Galdosianos ya hubieran dejado de existir

desde hace mucho tiempo. A trompicones, a veces, pero con constancia

y buena voluntad, se ha logrado que salgan 25 números, correspondientes

a otros tantos años, y hay varios más que están esperando entre

bastidores para presentarse al público interesado. Esto me obliga a expresar

en mi nombre y en el de todos los galdosistas del mundo, nuestro

agradecimiento al Excelentísimo Cabildo Insular de Gran Canaria

por la asiduidad con que nos ha acompañado en nuestra difícil labor de

sacar adelante esta prestigiosa revista, y su reiterada promesa de continuidad.

Ahora se preguntarán muchos de ustedes, ¿qué tiene que ver todo

esto que les he dicho con el tema de esta sesión? Y yo les respondo: La

obra de Galdós en su proyección finisecular depende en grandísima parte

de la publicación de los Anales Galdosianos. Fue esta revista la que

estimuló los estudios galdosianos; primero, en Estados Unidos e Inglaterra

principalmente, pero más tarde, a través de la Asociación Internacional

de Galdosistas, por el resto de Europa, de las Américas, de Asia, y

hasta de Oceanía. La Asociación, a cargo ahora de la publicación de

los Anales Galdosianos, también se ocupa de promover sesiones dedicadas

a la obra de Galdós en los congresos anuales de la Asociación de

Lenguas Modernas, en las trienales de la Asociación Internacional de Hispanistas,

y en muchas otras reuniones de asociaciones locales en EuroV

CONGRESO GALDOSIANO _

pa y América. Sin estas actividades sería difícil visualizar la proyección

de la obra de Galdós durante la vuelta del siglo xx. Es importante, por

consiguiente, expresar nuestro agradecimiento a los miembros de la nueva

generación de galdosiastas que, precisamente, surgió con los Anales

Galdosianos y en cuyas manos está actualmente el destino de esta publicación

y de la Asociación Internacional de Galdosistas. Son demasiado

numerosos para nombrarlos a todos, pero me vaya permitir destacar

sólo cinco nombres: John Kronik, Peter Bly, Germán Gullón, Harriett TUfner

y Chad Wrighi, todos presentes en este Congreso excepto el último.

De los animadores de actividades galdosistas dentro de España y en los

países de la Comunidad Europea, hay que destacar el nombre de don

Pedro Ortiz ArmengoL distinguido investigador cuya profesión diplomática

le ha permitido expander su entusiasmo por Galdós a países donde

sirvió en diversos puestos importantes incluyendo el de Embajador.

Del apoyo efectivo aquí en España de don Francisco Yndurain, todos tenemos

noticia y hoy ha sido reconocido oficialmente por su contribución.

Perdonen ustedes este largo preámbulo, pero no creo que haya sido

del todo impertinente al tema que nos ocupa. Me ha parecido interesante

echar un vistazo a la obra producida por Galdós a la vuelta del siglo,

es decir, durante los últimos años del XIX y los primeros del xx, para sugerir

en lo posible cuál es y será la proyección de la obra de Galdós en

nuestro fín de siglo.

Empecemos viendo la obra de Galdós a finales de los años noventa y

cómo reflejó en ella, si es que lo hizo, el fenómeno de la entrada de un

nuevo siglo.

Es interesante que en la fecha, posteriormente tan importante para

España por razones históricas, políticas y culturales, es decir, en 1898,

Galdós iniciara la continuación de los Episodios Nacionales con la publicación

de Zumalacárregui, primer tomo de la tercera serie. ¿Qué puede

notarse en esta obra que acuse ya sea una nueva visión o una nueva

manera de narrar que nos pueda revelar actitudes o tendencias finiseculares

en su autor? y, ¿qué podemos encontrar en este episodio que tenga

alguna especial significación para nuestro propio fin de siglo? Para

empezar, me parece que en la novela encontramos rasgos de un pacifismo

tolstoyano que tuvo adeptos muy importantes entre personalidades

mundiales de la talla de Gandhi, de Bernard Shaw, de Bertrand Russell,

para nombrar los más destacados entre un grupo importante y numero·

so de pacifistas, algunos de los cuales se opusieron rotundamente a la

beligerancia británica que condujo a la Gran Guerra. El discurso del ero

mitaño Borra, cuyo nombre, me parece, no es casual, ante José Fago y

sus compañeros, cuya empresa es encontrar y traerle a Zumalacárregui

el enorme cañón conocido con el nombre de .. el Abuelo .. , para que éste

pueda intensificar su campaña guerrera, es importantísimo en el subsi·

guiente desarrollo del conflicto que se opera en el protagonista de este

tomo. Escuchémosle:

mi BIBLIOTECA GALDOSIANA

Oiganme, señores míos, y si quieren hacerme caso, bien, y si no, también.

Yo les digo que la guerra es pecado, el pecado mayor que se puede cometer.

y que el lugar más terrible de los infiernos está señalado para los

generales que mandan tropas, para los armeros que fabrican espadas o

fusiles, y para todos, todos los que llevan a los hombres a ese matadero

con reglas. La gloria militar es la aureola de fuego con que el Demonio

adorna su cabeza. El que guerrea se condena, y no le vale decir que guerrea

por la religión, pues la religión no necesita que nadie ande a trastazos

por ella. ¿Es santa, es divina? Luego no entra con las espadas. La

sangre que había que derramar por la verdad, ya la derramó Cristo, y era

su sangre, no la de sus enemigos. ¿Quién es ese que llaman enemigo?

Pues es otro como yo mismo, el prójimo (Cap. XII, pág. 354 b).

Ahora bien, este pequeño discurso de Borra, quien quiere borrar las

guerras, resulta ser sintomático del conflicto que se desarrolla en Fago,

verdadero «Angel Guerra» literalmente hablando. José Fago es un personaje

cuyo problema sicológico termina aniquilándolo. Pecador arrepentido

quien encuentra en la religión y el sacerdocio su salvación, pero

quien, a la vez, se siente acuciado por una ambición guerrera de hombre

de acción y mando, que le convierte, en ciertos momentos, en especie

de desdoblamiento de Zumalacárregui. La técnica narrativa empleada

por Galdós en la presentación y desarrollo de este sugerente

personaje es diferente de la que habíamos encontrado en los episodios

de las primeras dos series. Se incorporan aquí sueños, visiones, monólogos

interiores, parecidos a los que ya había empleado en novelas anteriores,

todas más o menos finiseculares, como Angel Guerra, Nazarín y

Misericordia, todas también pertenecientes a la época que Casalduero

denominó «espiritualista» y que introducen elementos que no caben en

el realismo tradicional si es que éste realmente existió alguna vez, particularmente

en Galdós. La sorprendente aparición del alcalde Ulibarri en

la batalla de Arquijas (Cap. XVI), después de su ejecución en el capítulo

primero, queda sin ninguna explicación. ¿Es una representación, figurada

en la mente de Fago, de su sentimiento de culpabilidad? ¿Es instrumento

divino para que el sacerdote llegue a aborrecer la guerra? ¿Es

autosugestión para huir del horror de la batalla? ¿O es simplemente producto

del miedo? No lo sabemos y se deja a nuestro criterio de lectores

para decidirlo, porque el narrador no nos lo aclara.

Otra característica finisecular en esta novela es la importancia que se

da al instinto sobre la razón, a la intuición, al azar, a las corazonadas. En

el capítulo XXIV leemos:

Toda la noche anduvo (Fago) por desolados campos, sin dirección fija,

adoptando el acaso por guía único de su andar vagabundo, y creyendo

que los senderos desconocidos suelen conducirnos donde deseamos.

Renegaba de la previsión, del método, de todo el fárrago de prescripciones

porque se guían los hombres, y que comunmente resultan de menor

eficacia que los dictados de la fatalidad. Somos unos seres infelices que

creemos saber algo y no sabemos nada, que inventamos reglas y principios

para engañar nuestra impotencia; vivimos a merced de la Naturaleza

V CONGRESO GALDOSIANO _

y de las misteriosas combinaciones del tiempo y el espacio (págs . .390 b.391

al.

Interesantes conceptos antipositivistas que más bien debemos asociar

con las ideas que Bergson desarrollaba a fines de siglo con su énfasis en

la intuición sobre la razón.

La simbiosis creada en este episodio entre el personaje principal. José

Fago, y el histórico general cuyo nombre le da su título, repite de una

manera más sugerente el desdoblamiento de Angel Guerra en esa novela

escrita a comienzos de la década de los noventa; y en el episodio que

nos ocupa, se convierte en verdadero «dopplegangern cuya presencia nos

revela otra característica finisecular. La doble muerte final. es decir, la de

Fago y la de Zumalacárregui, resulta ser un recurso francamente literario

exento de toda pretención de realismo.

Desde nuestra perspectiva de finales del siglo xx vemos la presentación

y condena de guerras fratricidas, como las que ocasionó la causa

carlista, como preludio de la Guerra Civil de los años 36 a 39, y proyectamos

hacia adelante esa condena a las actuales guerras civiles. No hay

«causa» que justifique un derramamiento de sangre y menos entre hermanos.

No hay tal cosa como una «guerra santa» o «cruzada». Dios no

escoge partidos en las contiendas políticas e ideológicas. Hoy, sin embargo,

encontramos todavía esta mentalidad, como lo demuestra el titular

de un artículo de El País, fechado a 30 de agosto de 1993, que reza:

«Muerte en el nombre de Dios», que se refiere a la actual situación en

Bosnia Herzegovina. El Dios invocado por los facciosos como aliado, es

más bien visto por Fago, aunque no lo exprese con la misma imagen,

como ese Dios quien mira de reojo las acciones humanas mientras se

monda las uñas, como lo presentaría Joyce unos años más tarde. Y creo

que si hay una proyección finisecular, es decir, para nuestro fin de siglo,

en esta obra de Galdós, es esa negación de la existencia de causas divinas

que puedan justificar supuestas guerras santas y una condena a todo

fundamentalismo beligerante. La situación actual en el Oriente Medio, en

Bosnia y la Europa del Este, y en varias repúblicas africanas, no puede

menos de ocurrírsenos al releer hoy día ZumaJacárregui. A la luz de este

episodio no podemos menos de repudiar la llamada «Guerra del Golfo».

Detrás de todas estas «causas» no hay más que ambiciones personales

de los que, desde lejos, deciden esas matanzas. Las palabras de Fago a

Zumalacárregui hacia el final del episodio (Cap. XXXII) adquieren enorme

importancia en nuestro fin de siglo:

-La guerra, digo yo, deben hacerla en primera línea aquellos a quienes

directamente interesa ... Verdad que si tuvieran que hacerla ellos, quizás

no habría guerras, y los pueblos no se enterarían de que existen éstas o

las otras «causas» por las cuales es preciso morir.

Al oír esto, Zumalacárregui permaneció un instante silencioso mirando

al techo.

-Pienso yo, mi general, que nos afanamos más de la cuenta por las que

mi BIBLIOTECA GALDOSIANA

llaman «causas», y que entre éstas, aun las que parecen más contradictorias,

no hay diferencias tan grandes como grandes son y profundos los

ríos de sangre que las separan ... (págs. 415b-416 a).

¿No hay una prefiguración aquí de lo que, en nuestros días, ha servido

de tema al conocido sociólogo Daniel Bell para su libro The Bnd of Ideolag}'?

Curiosamente, nuestro fin de siglo, con las transformaciones sorprendentes

que se han producido recientemente -recrudecimiento de

los nacionalismos y fundamentalismos religiosos, además de este

supuesto fin de la ideología- se ha encargado de poner al día la

visión histórica que Galdós presentó a sus lectores a finales del siglo

pasado.

El mensaje pacifista y anti-ideolágico continúa insistentemente, y uno

de sus principales voceros es Don Beltrán de Urdaneta. La figura de Don

Beltrán "el Grande" es uno de los muchos aciertos del Galdós de esta

época. Aparece en varios episodios de la tercera serie, pero protagoniza

La campaña del Maestrazgo. En el capítulo XII de Luchana encontramos

una autodescripción de Don Beltrán que podría tomarse como otra prefiguración

del Galdós viejo, pero debemos resistir la tentación de esa lectura,

como nos lo ha advertido sabiamente John Kronik en su conferencia

para este Congreso. Urdaneta es interesante principalmente por otras

razones más congruentes con los temas que persigo. Tengamos en cuenta

que los sucesos históricos narrados en la tercera serie toman lugar

durante la época del Romanticismo en España. Así no es de sorprender

que si en MendizábaJ había parodiado Galdós el argumento de una novela

de un realista romántico como Dickens, en La campaña del Maestrazgo

parodie todo el ambiente, figuras y temas de la literatura romántica.

Todo esto lo he tratado en detalle en mi reciente ponencia en el "Curso

de Verano» sobre Galdós ofrecido por la Universidad Complutense en

Almeria y no es necesario detallarlo aquí otra vez.

Pero el tema pacifista y anti-ideológico que ya habíamos encontrado

en Zumalacárregui, continúa aquí. a través de Don Beltrán, con una perspectiva

más sofisticada que la de José Fago y que viene de la figura cosmopolita

y exquisitamente civilizada de este prócer. Su mensaje a los

facciosos, antes de su supuesta ejecución, en el Cap. XXIV de La campaña,

es inequívoco y está dirigido también a los españoles de principios

de este siglo, cuando Galdós escribía este episodio:

Sin vituperar esta causa ni la otra, sin enaltecer a ninguna de las dos, os

digo que no derraméis más sangre de españoles. Guardad esta sangre

para mejores y más altas empresas. No defendáis con tesón tan extraordinarios

derechos de principes o princesas, pues voy entendiendo yo que

tanto valen unos como otros, y que cuando la cuestión se dilucide y haya

un vencedor definitivo, habréis desgarrado a vuestra patria, que es la legitima

poseedora de todos los derechos. Mientras poneis en claro, a tiros,

cuál es el verídico dueño de la corona, negáis a la nación su derecho a la

vida, porque le estáis matando todos sus hijos, y le destruís sus ciudades

y le arrasáis sus campos. Será muy triste que cuando de vuestras quereV

CONGRESO GALDOSIANO _

Has salgan triunfantes un trono y un altar, no tengáis suelo firme en que

ponerlos (pág. 848 b).

La arenga continúa así por el estilo y no podemos menos, hoy día, de

proyectar ese mensaje un tercio de siglo hacia adelante y aplicarlo a las

campañas guerreras del 36 al 39 y a las actuales en Bosnia y otros sitios

más a los que me he referido más arriba.

La figura de Don Beltrán de Urdaneta, como un Juno, tiene dos caras,

una trágica, que domina en La campaña del Maestrazgo y una cómica

que aparece en pasajes de Luchana y, sobre todo, en su breve aparición

por medio de dos cartas a Calpena, en La estafeta romántica. En este

episodio Don Beltrán se anticipa al Valle-Inclán de los esperpentos al asumir

el punto de vista de la otra orilla al 'narrarle a Calpena lo que está

sucediendo en Madrid; es decir, el súbito cambio de dirección asumido

por la reina Cristina y su hermana con respecto a los enjuagues proyectados

con Carlos V y la facción. En un momento en que narra pasajes

particularmente sainetescos de la historia, Don Beltrán le advierte a su

amigo:

De fijo llevarás a mal que trate yo una grave cuestión histórica por arte

bufonesca. Pero, hijo, considera que los años me hacen infantil: quiero

ser serio, y no lo consigo. Mi experiencia, madre de mi descreimiento en

estas materias, es abuela de mi humor festivo ( ... ) Te presento el lado gracioso

de esta real intriga, porque es el que más a mis ojos se destaca

(Cap. XXXVI, págs. 956 b-957 a).

No en valde cuenta el hijo de Valle-Inclán, el actual Marqués de Bradomín,

que uno de sus más persistentes recuerdos es el de ver a su padre

leyendo los Episodios Nacionales con sus inequívocas cubiertas rojo y

gualda.

Observemos ahora la estructura de la "tercera serie». Después de Zumalacárregui,

un episodio independiente, creemos que vamos a entrar

de lleno en ésta con el bildugsroman que narra las trifulcas y aventuras

caballerescas y amorosas de Fernando Calpena. Aparentemente entramos

en una manera narrativa que repite la de las dos primeras series, tan

anteriores en el tiempo de composición a la que nos ocupa. Pero es sólo

en apariencia. Muy pronto nos damos cuenta de que Galdós adopta técnicas

narrativas que incluyen bastantes innovaciones. Pienso, por ejemplo,

en la utilización de secciones epistolares en De Oñate a la Granja

que aunque nos remiten a formas narrativas del XVIII, son utilizadas aquí

con nueva técnica que le permite al narrador introducir la historia vista

desde una perspectiva irónica con comentarios críticos muy acertados

que reflejan opiniones del narrador quien tiene, naturalmente, un conocimiento

de lo que ya pasó. El tono de estas epístolas, además de hacerlas

entretenidas, contiene bastante humor y da la impresión de la

historia puesta en solfa. Tanto "la mascarita» como Hillo se lucen como

narradores de acontecimientos históricos para beneficio de Cal pena,

_ BIBLIOTECA GALDOSIANA

quien persiguiendo su agenda personal, sus amoríos con Aura, se ausenta

durante algunos meses del teatro de los importantes acontecimientos

históricos. El tono de la narración ya no es épico, como sucedía en las

dos primeras series y hasta en ZumalacárreguL sino más bien irónico.

Pero, además, Calpena no es el único protagonista de las novelas que

componen esta serie. En Luchana, por ejemplo, el narrador le hace a un

lado para perseguir, en forma muy original, como mencionaré luego, la

vida de Aura Negretti con los Arratia, sus primos. En La campaña del

Maestrazgo, Calpena desaparece para dar lugar al protagonista de este

episodio, Don Beltrán de Urdaneta. En La estafeta romántica nos enfrentamos

con una novela polifónica, literalmente, no en el sentido bajtiniano

que hoy damos a ese término, aunque con tiempo podríamos tal vez

encontrar justificación para emplearlo con esa significación más moderna.

El caso es que en este curioso episodio, reseñado en su momento

por Rubén Daría en términos no muy positivos, el sistema narrativo epistolar

utilizado por Galdós le da oportunidad para crear una verdadera tela

de araña de hilos comunicativos cuyo motivo principal es atrapar a Demetria

y Fernando en una relación matrimonial. Una utilización muy original,

me parece, de la novela epistolar, que le permite al novelista desarrollar

una multiplicidad de narradores, cada uno con su voz propia. Pero

los cambios de protagonista se multiplican. En Montes de Oca surge uno

nuevo, Santiago Ibero, al desaparecer Calpena. Luego éste e Ibero se

reúnen en Los ayacuchos para desaparecer por completo al final de este

episodio, excepto por la breve coda al terminar Bodas reales, en la que

se nos da cuenta de la vida en el exilio de estos dos personajes con sus

respectivas esposas y prole. En el último episodio la figura central es

doña Leandra Quijada de Carrasco, que se nos antoja prefiguración de

la Madre o la madama Clío de la quinta serie. En la tercera serie pasamos

del estilo épico con ribetes de tragedia de Zumalacárregui, a la tragedia

grotesca de la vida doméstica de los Carrascos, entrelazada tan íntimamente

con la circunstancia histórica española. Caminamos todo el

tiempo sobre la cuerda floja que, por un lado, amenaza con caer en un

romanticismo paródico y, por el otro lado, en un cuasi esperpento. Nos

vemos entre Don Alvaro y las "tragedias grotescas» de Arniches, pasando

por El sí de las niñas. Hay, en fin, muchas características narrativas en

esta tercera serie que hoy podriamos calificar de "postmodernistas» y que

coinciden con tendencias que encontramos en la literatura de nuestro

propio fin de siglo, como he apuntado y, espero, demostrado, en mi

ponencia de Almeria.

Ya en otra parte traté el aspecto paródico que introduce Galdós muy

temprano en esta serie al utilizar Grandes esperanzas de Dickens en la

concepción del episodio MendizábaJ. El uso de la parodia continúa insistentemente

en otros episodios de esta tercera serie y la parodia es una

de las más destacadas características del postmodernismo finisecular,

según Linda Hutcheon ha demostrado en su sugerente estudio A Theory

of Parody.

V CONGRESO GALDOSIANO mi

Interesante también es notar cómo, a veces, se filtra un comentario

directo del narrador en el que, abiertamente, se sale del marco cronológico

de la narración para echar un vistazo hacia atrás desde la perspectiva

finisecular en que él narra. Así, en De Oñate a La Granja, en el

capítulo XII, leemos:

Así hemos venido todo el siglo (énfasis mío). navegando con sinnúmero

de patrones, y así ha corrido el barco por un mar siempre proceloso, a

punto de estrellarse más de una vez; anegado siempre, rara vez con bonanzas,

y corriendo iguales peligros con tiempo duro y en las calmas chichas.

Es una nave ésta que por su mala construcción no va nunca a donde

debe ir: los remiendos de velamen y de toda la obra muerta y viva de

costados no mejoran sus condiciones marineras, pues el defecto capital

está en la quilla, y mientras no se emprenda la reforma por lo hondo,

construyendo de nuevo todo el casco, no hay esperanzas de próspera

navegación. Las cuadrillas de tripulantes que en ella entran y salen se

ocupan más del repuesto de víveres que del buen orden y acierto de las

maniobras. Muchos pasan el viaje tumbados a la bartola, y otros se cuidan,

más que del aparejo, de quitar y poner lindas banderas. Son, digan

lo que quieran, inexpertos marineros: valiera más que se emborracharan,

como los ingleses, y que borrachos perdidos supieran dirigir la embarcación.

Los más se marean, y la horrorosa molestia del mar la combaten

comiendo; algunos, desde la borda, se entretienen en pescar. Todos hablan

sin término, en la falsa creencia de que la palabra es viento que hace

andar la nave. Esta obedece tan mal, que a veces el timonel quiere hacerla

virar a babor y la condenada se va sobre estribor. De donde resulta, iay!,

que la dejan ir a donde las olas, el viento y los discursos quieren llevarla

(pág. 572 a b).

El párrafo, tan largo como es, no tiene desperdicio. En primer lugar, es

una de las mejores caracterizaciones de la historia de España durante

todo el siglo XIX. El tono del párrafo es muy diferente al utilizado ya sea

por el narrador o por los que en su lugar se ocupan de narrar los sucesos

históricos que están viviendo, como es el caso de "la incógnita", NilIo,

Don Beltrán, el mismo Calpena, etc. Estilísticamente el párrafo tiene

gran interés por el hecho de que aquí Galdós se aferra, como los escritores

del Siglo de Oro, sobre todo Quevedo, a una sola imagen -en este

caso una antiquísima, la del estado como una nave- y todo el párrafo

presenta, en un tour de force, cada uno de los aspectos del gobierno de

la nación en términos náuticos. El toque moderno que introduce Galdós

es que, a pesar de la seriedad de su comentario, este aferramiento a

los términos náuticos no deja de producir un efecto cómico. Es decir,

que nos encontramos de lIeno en el terreno de la desmitificación postmodernista.

De hecho, las tres últimas series de Episodios Nacionales

ofrecen mucho en común con el resurgimiento en nuestros días de la

novela histórica tanto en España como en el resto de Europa y las dos

Américas. El tono narrativo se aproxima, cada vez más, conforme avanzamos

de la tercera a la quinta serie, al utilizado por los actuales novelistas

que tratan asuntos históricos. Antes de referirme a éstos quisiera

_ BIBLIOTECA GALDOSIANA

destacar unos pocos ejemplos más de la evolución que se opera en la

narración galdosiana en estos episodios escritos en las postrimerias del

siglo XIX.

Interesante, por ejemplo, es notar la transición visual, casi cinematográfica,

utilizada por el narrador de Luchana entre los capítulos XIV y XV.

Hasta el capítulo XIV hemos seguido a Fernando Cal pena en su persecución

de Aura, la mujer ideal, primero, por la zona carlista en el episodio

anterior, De Oñate a La Granja, y luego, en Luchana, entre los cristinos.

En su viaje, acompañado por don Beltrán de Urdaneta, han notado a un

extraño individuo cuya insistente mirada molesta a Calpena. Resulta ser

"Churi .. , de la familia de los Arratia de Bilbao, en cuya casa se hospeda

Aura, de quien no hemos sabido nada casi desde Mendizábal. El narrador

decide que es hora de abandonar a Calpena y de ponernos al día

sobre Aura, su paradero y su vida. Se le ocurre una maniobra narrativa

genial: A finales del capítulo XIV los viajeros se encuentran una partida

de facciosos de los que huyen, pero en cuyas manos cae el pobre

"Churi ... Como quieren quitarle su precioso burro, el joven acomete a los

facciosos quienes, en pelea tan desigual, le dejan caído "patas arriba .. ,

como le cuenta su escudero a Calpena. El capítulo siguiente comienza

con el narrador confirmando que "Cierta era la anterior referencia ...

y continúa del modo siguiente:

El desgraciado "Churk estimando más la posesión del asno que su propia

existencia, embistió a los fieros enemigos que le arrebataron lo que

más amaba en el mundo. Alguno de los facciosos le conocía, sin duda, e

intercedió para que no le mataran. Le apalearon de lo lindo, dejándole,

como observó Sabas (el criado de CalpenaJ, patas arriba (pág. 689 al.

Con esta transición visual nos trasladamos del centro narrativo de Calpena

al de Aura, porque "Churi .. logra regresar a Bilbao y ponernos en

contacto con su familia de quien se nos dan todos los datos y cuyas peripecias

seguimos a través de todo el sitio de esta ciudad con su heroica

defensa. A Calpena no lo volvemos a ver hasta que "ChurÍ», de nuevo,

nos lleva al sitio donde se encuentra el joven madrileño en compañía de

Espartero y las tropas que han venido en socorro de los sitiados. Esta

segunda transición, sin embargo, no es tan innovadora, narrativamente

hablando. El aspecto visual, el "Churi .. patas arriba, que entronca al capítulo

XVI con el XV es una verdadera invensión de Galdós.

CONCLUSIÓN

Me he concentrado en los Episodios Nacionales -y particularmente

en los de la tercera serie, ya que las dos últimas han sido tan estudiadas

desde el punto de vista de las innovaciones narrativas introducidas por

Galdós que no vale la pena que yo insista más en esa especie de "realismo

mágico.. que él se inventa para la última serie de episodios- decia

V CONGRESO GALDOSIANO _

que me he concentrado en sus episodios precisamente porque una de

las modalidades más comunes en nuestro propio fin de siglo es la novela

histórica que se cultiva hoy día en todas las latitudes. Viajando en el

metro o los autobuses ya sea en Boston o Nueva York o, supongo, en

muchas otras ciudades donde no suelo viajar yo, se observan cantidades

de lectores con pesados novelones en sus manos. Casi todos son novelas

históricas o seudohistóricas escritas por autores que se han hecho

millonarios escribiéndolas. Pienso por ejemplo en Leon Uris, autor de

obras como Battle ClJ', famosa novela sobre los hombres en las últimas

guerras; Exodus, sobre el nacimiento de Israel; Trinity, la novela épica

sobre Irlanda. O autores como Tom Clancy quien escribió una novela de

casi 800 páginas sobre la reciente guerra del Golfo, terminada en febrero

de 1991, poquísimo tiempo después de los sucesos históricos que le

sirven de trasfondo a The Sum of All Fears. Clancy es autor de muchos

otros "episodios internacionales ... James Michner podría ser otro ejemplo.

Y como estos hay muchos más. Ahora bien: ¿quiere decir esto que los

Episodios Nacionales de Galdós puedan proyectarse en nuestro fin de

siglo con igual popularidad? La contestación es desgraciadamente negativa.

Y la razón es muy sencilla. Las novelas históricas o seudohistóricas

escritas en nuestros días por autores como los que he nombrado, narran

sucesos tan recientes que inmediatamente pueden captar la atención de

los lectores ordinarios quienes han visto en los noticiarios de la televisión

escenas presentadas conforme estos sucesos iban ocurriendo. No

les cuesta a los lectores meterse dentro de la narración y como ésta consiste

de una intriga llena de suspence, la popularidad de estas obras está

asegurada. Lo malo es que, para la mayoría de los lectores de nuestra

época, los sucesos históricos narrados por Galdós ya no tienen la actualidad

que tenían para el español medio en la época en que Galdós los

escribía. Si hablamos de un posible público internacional, la situación se

agrava aún más. Es decir, que para la mayoría del público lector de nuestro

fin de siglo, los Episodios Nacionales nunca podrán tener la misma

oportunidad de captar su atención en la misma proporción en que la

captan obras que, incluso, puedan narrar sucesos de la historia de otros

países y no de España. Recordemos que la televisión ha convertido al

mundo en una global village en términos de Marshall McLuhan. Los novelones

históricos a que me he referido tienen más en común con la literatura

periodística que con la que debemos llamar artística. Su interés,

como el de los periódicos, es efímero. No en balde la palabra griega para

"periódico .. es e<l>el.u::ptbecr. No entran en esta categoría novelas históricas

de autores postmodernistas como Eduardo Mendoza, Lourdes Ortiz, Abel

Posse, y otros, cuyas obras tienen más en común con los episodios que

Galdós escribió a partir de su "tercera serie».

Desde el punto de vista de la atracción de un público lector, la proyección

finisecular de la obra galdosiana será siempre menos limitada

para sus novelas contemporáneas que encontrarán lectores, en todas las

latitudes, que se interesen por la vida de las gentes en el siglo pasado:

_ BIBLIOTECA GALDOSIANA

por sus costumbres, creencias, sicología, problemas amorosos, políticos,

económicos, religiosos y sociales. Existe, sí, un público mucho más limitado

que el que consume novelones como los que aparecen en las listas

de best sellers, para las novelas de la llamada época victoriana. Ediciones

de autores ingleses que hasta hace pocos años estaban poco menos

que olvidados, como Anthony Trollope, se consiguen de nuevo fácilmente

para suplir una demanda más modesta, pero suficiente para que las

editoriales se ocupen de suplirla. Las novelas de Galdós caen en esta

misma categoria y se publican y leen, aun en traducción, si han tenido

la suerte de aparecer en colecciones de bolsillo, como las de Penguin,

aunque, como el profesor Kronik nos ha dicho esta mañana, estas traducciones

se venden poco. En España, ediciones como las que ha sacado

Alianza Editorial, seguirán apareciendo y supliendo una demanda

también más limitada que la de los best sellers, con la ventaja de que

cuando éstos desaparezcan, las obras de Galdós continuarán en los estantes

de las librerías vendiéndose menos, pero con bastante más continuidad.

Pero tanto sus novelas contemporáneas como sus Bpisodios

Nacionales encontrarán siempre un público entre lectores críticos del

presente, conscientes de la importancia de la disponibilidad del pasado

como recurso moral e intelectual y como fuente de goce estético. Muy

importante para esta proyección futura es la labor de los maestros y profesores,

en colegios y universidades, que continuamos ocupándonos de

Galdós y de su obra. En esta labor es indispensable la contribución del

crítico cuyos articulos están continuamente poniendo al día esta obra,

apuntando nuevos aspectos o nuevas maneras de enfocar viejos aspectos.

Una de las mayores contribuciones de este Congreso, por lo menos

lo que a mí me ha impresionado más, ha sido la presentación por la

nueva generación de galdosistas aquí presentes, de la multiplicidad de

recursos literarios utilizados por Galdós para producir un doble efecto:

por un lado, hacernos suspender nuestra falta de fe para que creamos

en la realidad de lo que narra, a la vez que, con estos mismos recursos

narrativos, nos está haciendo ver que se trata de una creación artificiosa,

de un artefacto literario. La sorpresa y el placer estético que produce

siempre la lectura de sus obras es lo que nos hace volver a ellas con la

seguridad de que una nueva lectura nos revelará más aspectos de este

maravilloso artificio. Su obra es un verdadero baúl de trucos que no

tiene fondo. Por eso es preciso reiterar que los Anales Galdosianos adquieren

cada vez mayor importancia como vehículo para esta critica innovadora,

y que congresos como el presente son el mejor vehículo para

estimular en nosotros estas nuevas lecturas que constituirán el mejor

medio para la proyección de la obra de Galdós durante la vuelta del siglo

xx y más allá.

"OMuerte en el nombre de DiosO. Centenares de mezquitas, de iglesias católicas

y de templos ortodoxos han sido destruidos o gravemente dañados

por las bombas en Bosnia-Herzegovina desde que comenzara la

guerra, en abril de 1992.

V CONGRESO GALDOSIANO B

Al compás de los bombardeos y de los asesinatos masivos, el factor

de radicalización religiosa también ha manchado de sangre este conflicto.

Una sociedad que fue tolerante para dar respetuoso cobijo a tres religiones

distintas ha acentuado el odio hacia el enemigo en nombre de unos

dioses que ahora están enfrentados en el campo de batalla.

Soldados que exhiben medias lunas o cruces católicas u ortodoxas dan

fe en las líneas del frente o en los controles militares de que el conflicto

de Bosnia ha derivado también en una lucha de religiones.

En los tres bandos en litigio los símbolos religiosos están adquiriendo

cada día más protagonismo.

Así se explica la creciente aparición de sectores radicales islámicos,

que llevan el Corán como bandera; los miles de peregrinos católicos que

acuden a la ermita de Medjugorje, situada junto al cuartel general de los

Hcascos azulesH españoles y a apenas 20 kilómetros de las zonas de

combate o la adoración que los serbios profesan por el monasterio de Gracanica,

una joya de la arquitectura bizantina en el corazón del Kosovo albanés.

Salvo honrosas excepciones, las autoridades religiosas no han escapado

al furor de la artilleria y han justificado, como en tantos otros conflictos

bélicos, la guerra santa contra el adversario.

En nombre de Dios también se ha asesinado, violado y destruido en

este antaño ejemplo de convivencia religiosa que se llama Bosnia-Herzegavina

... (El País, lunes 30 de agosto de 1993.)

_ BIBLIOTECA GALDOSIANA

LISTA DE OBRAS MENCIONADAS

Todas las citas de los siguientes Episodios Nacionales han sido tomadas de la edición

de las Obras Completas de Federico Carlos Sainz de Robles, AguiJar, Madrid, 1962.

Los capitulos y páginas citadas están indicadas en el texto o entre paréntesis después

de la cita:

Zumalacárregui.

Mendizábal.

De Oñate a La Granja.

Luchana.

La campaña del Maestrazgo.

La Estafeta Romántica,

Montes de Oca.

Los Ayacuchos.

Hodas reales.

Daniel BELL, The End of Ideology: On the exhaustion of polítical ideas in the fifties, New

York, Free Press, 1962,

Tom CLANCY, The Sum of All Fears, New York, Putnam, 1991.

Linda HUTCHEON, A Theory of Parody, Methuen, New York, 1985.

Leon Urus, Hattle Cry, New York, Putnam, 1953.

-, Exodus, NewYork, Doubleday, 1958.

-, Trinity, New York, Doubleday, 1976.