FIGURACIONES FEMENINAS GALDOSIANAS:

PRE-FIGURACIONES, RE-FIGURACIONES,

CON-FIGURACIONES Y TRANS-FIGURACIONES

Carmen Merchán Cantos

Introducción.

No sólo fue Galdós una especie de psicoanalista avant la lettre, sino

también un feminista anticipado. No es casualidad que la mayoría de sus

novelas lleve por título un nombre propio o figurado femenino. Desde

Doña Perfecta pasando por La desheredada, siguiendo por Fortunata y

Jacinta y Misericordia la mayoría de sus novelas están protagonizadas por

una mujer o tratan de manera esencial lo que se ha dado en llamar “cuestión

femenina”. En relación a este tema, es importante señalar que quizá

sea Galdós uno de los novelistas españoles que más en serio y con mayor

profundidad ha abordado el tema de la mujer.

Autoritarias provincianas, “nobles desheredadas”, amantes y malcasadas,

o criadas misericordiosas son algunas de las figuras femeninas que se

dibujan en la novelística galdosiana. Tras esa variedad de tipos se puede,

no obstante, detectar una convicción que de una u otra manera nos transmite

la voz narrativa: la necesidad de repensar la cuestión femenina después

de los cambios esenciales que la sociedad occidental ha vivido tras

lo que se conoce comúnmente con el nombre de la Modernidad.1 El paso

de lo que podríamos denominar “viejo orden” al “nuevo orden” va a suponer

un profundo cambio ideológico. Y será precisamente en el tema de la

mujer en el que ese cambio mostrará toda su complejidad. Podría decirse

que la novela de Galdós, centrándose cada vez más en la problemática de

la mujer, profundiza en las raíces más hondas de ese “nuevo orden”. Como

si ya presintiera que por algun motivo esencial a la de la mujer se le iba a

llamar, en nuestro de nuevo desorientado fin de siglo, “la revolución pendiente”.

Desarrollo.

Aunque el sentido del juego de palabras que aparece en el título (prefiguraciones,

re-figuraciones, con-figuraciones y trans-figuraciones) puede

parecer intuitivamente claro, quizá convenga hacer algunas observaciones

generales. Con él se quiere condensar la evolución del pensamiento

galdosiano con respecto a las diversas figuraciones femeninas. Esta evolu-

4.1-28

474

ción puede verse si analizamos cuatro novelas que constituirían cuatro

momentos significativos en el conjunto de su obra novelística: Doña Perfecta

(1876) o el momento de las pre-figuraciones; La desheredada (1881)

o el momento de las re-figuraciones; Fortunata y Jacinta (1886-1887) o el

momento de las con-figuraciones; y finalmente Misericordia (1897) o el

momento de las trans-figuraciones.

Así, pues, nuestro análisis de estas novelas atenderá principalmente a

cómo Galdós pre-figura, re-figura, con-figura y trans-figura a la mujer. Aunque,

naturalmente, esta indagación constante sobre la feminidad que nos

parece ser en gran medida la novela galdosiana, tiene como consecuencia

inevitable tanto diversas visiones de la figura del hombre, como, finalmente,

del ser humano en general.

Lo que se quiere indicar es que el hilo conductor de las figuraciones

femeninas está lógicamente entretejido con el de las figuraciones masculinas.

Y en este sentido, el entramado narrativo galdosiano irá mostrando

las diversas tensiones entre, por un lado, la urdimbre-trama del sentimiento,

la imaginación y la naturaleza como elementos comúnmente asociados

a la feminidad; y por otro lado, la urdimbre-trama de la razón, la inteligencia

y la cultura como elementos asociados, también de manera habitual,

a la masculinidad.

Será esta misma dualidad la que se irá poniendo cada vez más en tela

de juicio en la novela de Galdós. El ser humano (masculino o femenino)

está dotado de tres fuerzas: entendimiento, voluntad y sentimiento,2 y su

dinamismo ha de ser armónico y no de oposición. Nuestra hipótesis de

trabajo es que el tejido de la novelística galdosiana muestra, de manera

creciente, la urgente y necesaria regeneración de los géneros femenino y

masculino para la mejor comprensión del “paño” humano.

Doña Perfecta (1876) o el momento de las pre-figuraciones.

Como es sabido, Doña Perfecta presenta el conflicto que surge entre

Pepe Rey, ingeniero procedente de Madrid que va a Orbajosa para casarse

con su prima Rosario, y Doña Perfecta, tía suya y madre de Rosario. Este

conflicto obedece a las diferentes creencias que ambos tienen: Pepe Rey

es un liberal convencido y Doña Perfecta una carlista no menos convencida.

Por eso el conflicto entre estos dos personajes acaba tematizando el

enfrentamiento entre liberales y carlistas, el cual a su vez puede ser entendido

como la oposición entre progresistas y conservadores. El tema, pues,

se plantea según una estructura de tres esferas o círculos concéntricos, y

cada uno de ellos, progresivamente, tiene un ámbito de aplicación más

amplio.3

Las principales figuras femeninas de esta novela son Doña Perfecta y

Rosario. La presentación que la voz narrativa hace de cada una de ellas

475

podríamos decir que es casi contrapuesta. Mientras que “Rosarito” es descrita

bastante al principio de la novela (cap.IV, pp.92-93),4 no será hasta

casi el final (cap.XXXI, pp.281-283) que se nos dé una caraterización de

su madre. Podríamos decir que Rosario abre la novela, Doña Perfecta la

cierra. Así, esta situación de carácter cronológico parece reforzar aspectos

temáticos: Rosario es la apertura (“el vasto caudal de su espíritu se desbordaba”,

p.93), Doña Perfecta la cerrazón (“como el caracol en su casa portátil”,

p.282). Siguiendo con el modo antitético de caracterizar a madre e

hija tenemos que mientras que de Rosario el narrador nos dice que “habría

pasado por hiperbólico el que la llamara hermosa”, aunque gracias a

su expresión de dulzura y modestia “al verla no se echaban de menos las

perfecciones de que carecía”. (p.93, cursiva mía), de Doña Perfecta nos

refiere que, aunque por su expresión de dureza y soberbia (...) era causa

de antipatía, se podía ver que “era hermosa, mejor dicho, todavía hermosa,

conservando en su semblante rasgos de acabada belleza” y que “todo

observador la consideraba como acabado tipo de la humana figura”.

(pp.281-282, cursiva mía). La apertura y la no completa perfección definen

la figura de Rosario, frente al “acabado [podríase entender también

“perfecto”] tipo de la humana figura” con que es descrita Doña Perfecta.

Esta caracterización casi antitética de la madre y la hija contrasta, a su

vez, con las respuestas que, hacia el principio de la novela, da Licurgo a

Pepe Rey cuando éste, que aún no conoce ni a su tía ni a su prima y futura

esposa, le pregunta por ellas. Al preguntarle primero: “¿Cómo está mi señora

tía?” (p.72), Licurgo responde: “Siempre tan guapa”, y añade: “Así

viviera mil años ese ángel del Señor”. Y al preguntarle por Rosario Licurgo

contesta: ¡Bien haya quien a los suyos parece! ¿Qué he de decirle de Doña

Rosarito sino que es el vivo retrato de su madre?”. (p.72, cursiva mía)

Además del juego de inversiones de sentido que acabamos de ver y que

se va a desplegar a lo largo de toda la novela, aparece en el texto anterior

una figura clave, de la que se vale también la voz narrativa para referirse

tanto a la madre como a la hija, se trata de la figura del ángel.5 Ambas,

Rosario y Doña Perfecta, son “ángeles”, pero, como veremos, no del mismo

signo.

Rosario es vista como un ángel por su primo a lo largo de toda la novela.

Ya a los pocos minutos de conocerla le dice: “En todo lo que está delante

de mis ojos veo una mano de ángel que no puede ser sino la tuya” (p.94),

y al día siguiente, mientras pasean por la huerta de la casa, le comenta:

“eres un ángel, y yo te quiero como un tonto”. (p.118)

Un momento clave del uso de la figura del ángel para caracterizar a

Rosario, así como de la introducción de una imagen antagónica, el demonio

(que, como veremos, se asociará de manera alternante a Doña Perfecta

y a Pepe Rey), lo encontramos en el capítulo “Luz a oscuras”. Tras varios

días de encierro a que la tiene sometida su madre, Rosario consigue re476

unirse por la noche con su primo. Después de llevarle a un sitio seguro

[oímos al narrador que dice: “Creíase él conducido a ignotos lugares Elíseos

por el ángel de la noche.” (p.183)], tiene lugar una charla entre ambos.

Este diálogo contiene en gran medida las pre-figuraciones de las tres fuerzas

humanas que están en juego en la novela: Doña Perfecta, Rosario y

Pepe Rey. Toda la preocupación de Rosario es saber si su primo, contrariamente

a lo que le dice su madre, cree en Dios. A la pregunta insistente de

su prima Pepe Rey contesta: “Rosario, hasta los malvados creen en Él.(...)

Por mi parte, me importan poco las intrigas y las calumnias, y si tú te

sobrepones a ellas y cierras tu corazón a los sentimientos de discordia que

una mano aleve quiere introducir en él, nada se opondrá a la felicidad”

(p.184, cursiva mía). Acto seguido la preocupación de Rosario se dirige

hacia otra pregunta: si Pepe Rey cree en el diablo, a lo que éste responde:

“Será preciso creer en él” (p.184). De manera significativa, Rosario pasa a

hablar de su madre y pregunta a su primo si no cree, como ella, que los

quiere mucho. A lo que Pepe contesta: “Si tú lo crees así, yo también... (...)

Pero, querida Rosario, es preciso reconocer que el demonio ha entrado en

esta casa.” (p.185, cursiva mía). Poco más adelante Rosario, con una “voz

pura, grave, angelical”, le dice a su primo que lo ama y que es suya, y deja

que éste la abrace. Ante esta escena comenta el narrador: “Por la mente

del ingeniero pasó como un rayo la idea de que existía el demonio; pero

entonces el demonio era él”. (p.188, cursiva mía)

Antes de entrar a la interpretación de este fragmento recordemos cómo

ha sido caracterizado Pepe Rey desde el inicio de la novela. Nos bastará

con citar la imagen de una estatua, de la que el propio narrador se vale:

“Su persona bien podría pasar por un hermoso y acabado símbolo, y si

fuera estatua, el escultor habría grabado en el pedestal estas palabras:

Inteligencia, fuerza”. (p.90). Es decir, Pepe Rey presenta las características

de la figura varonil de tipo clásico. Añadamos también que de Doña Perfecta,

en esa presentación tardía de su persona, el narrador nos dice: “No

sabemos cómo hubiera sido Doña Perfecta amando. Aborreciendo tenía la

inflamada vehemencia de un ángel tutelar de la discordia entre los hombres”.

(p.283, cursiva mía). Este comentario del narrador modifica la caracterización

simplista de Licurgo, a la vez que valida la idea que fluye en

el diálogo de Pepe Rey con su prima, (Doña Perfecta, ¿ángel o demonio?).

Pero, además, el narrador nos indica cuál es la causa oculta del comportamiento

de Doña Perfecta y que no es otra que una pasión: el odio.

Si revisamos ahora estos fragmentos a la luz de la teoría de las tres

fuerzas del espíritu -entendimiento, voluntad y sentimiento- tenemos que

Rosario es la figura del sentimiento. Pero de un sentimiento ligado a la

sensibilidad, y, sobre todo, a la emoción.6 De ahí la imposibilidad de pensar

y actuar por sí misma que explican su final: su simbólica pérdida de la

razón. Un momento muy importante para la comprensión de Rosario tiene

lugar en el capítulo titulado “La confesión”. Rosario, que sigue en su encierro

forzoso, eleva su “exaltado pensamiento”:

477

Señor, Dios mío: (...) ¿He dejado de ser buena y honrada...? Yo

no me conozco. (...) ¡Cuántas sensaciones diversas! ¡Mi corazón

está consumido de tanto sentir...! (...) ¡Qué mala soy! Los demonios

se han apoderado de mí. (...) Otra vez la idea terrible. (...)

¡Señor, que aborrezco a mi madre! (pp.240-241, cursiva mía).

Significativamente, el demonio es ahora los demonios, puesto que se

debate entre su madre y su primo. Tras esta confesión a sí misma, Rosario

tiene un sueño en el que, según la voz narrativa, “la imaginación le reproducía

todo lo que había hecho aquella noche, desfigurándolo, sin alterarlo

en su esencia.” (p.241); en él se le aparecen, como “figuritas grotescas”,

los principales personajes de la historia, en una suerte de anticipación del

final trágico (más adelante volveremos sobre la importancia de este sueño).

Pepe Rey también sería, en cierto modo, la figura del sentimiento. Pero,

a diferencia de Rosario, este sentimiento está casi desplazado por el entendimiento

o la inteligencia. Esto ocurre sobre todo como consecuencia

de sus enfrentamientos con su tía. En la discusión más intensa que sostienen

(“Combate terrible - Estrategia”, cap.XIX), vemos que Pepe Rey pide a

Doña Perfecta “razones y no sentimientos” (p.203). A lo que su tía rápidamente

responde que él sólo posee un “gran entendimiento” (p.204), pero

que es “un mozalbete sin experiencia ni otro saber que el de los libros,

que nada enseñan del mundo ni del corazón” (p.205). Con esta “estrategia”

pretende Doña Perfecta que su sobrino entienda que todas las calamidades

de las que le acusa han de ser interpretadas por él como buenas en

su intención, bondad de la intención que sólo Dios ve. El “combate” cada

vez se hace más “terrible” y hacia el final Pepe Rey dirige estas significativas

palabras a su tía: “Creo que ambos carecemos de razón. En usted

violencia e injusticia; en mí injusticia y violencia. Hemos venido a ser tan

bárbaro el uno como el otro, y luchamos y nos herimos sin compasión.”

(p.210, cursiva mía)

Doña Perfecta, por su parte, sería la figura de la razón en su uso negativo,

de la (mala) voluntad y de la pasión. Doña Perfecta está desprovista de

sentimiento: “con sus hábitos y su sistema de vida se había labrado una

corteza, un forro pétreo, insensible” (p.282, cursiva mía). Su único interés

por los otros es el de dominarlos (“Era maestra en el arte de dominar, y

nadie la igualó en el arte de hablar el lenguaje que mejor cuadraba a cada

oreja”, p.282). Aunque, como sabemos, la pasión que la domina a ella es

el odio. En el enfrentamiento con su sobrino al que acabamos de aludir,

ella misma se compara con Dios, pues es ella la que, como Dios, dice

obrar según una intención buena.

Los ejemplos que usa para intentar convencerlo de la bondad divina (y

suya) están tomados del proceder de la naturaleza en su aspecto más

destructor:

478

El que le desconoce, necesariamente ha de juzgar de todo como

juzgas tú, a lo tonto. Por ejemplo, en la tempestad no ve más

que destrucción; en el incendio, estragos; en la sequía, miseria;

en los terremotos, desolación, y, sin embargo, orgulloso señorito,

en todas esas aparentes calamidades hay que buscar la bondad

de la intención. (p.205)

Una intención oculta de este género destructivo es la que parece adivinar

Rosario hacia el final cuando, antes de caer exánime y perder el conocimiento,

le dice: ”¿Por qué me mira usted así? Usted no es mi madre. (...)

Usted no es mujer.” (p.286). De hecho, esta “adivinación” de Rosario parece

estar bien orientada: Doña Perfecta, cuando habla con María Remedios

(ex-lavandera de la casa de Polentinos, sobrina de don Inocencio y madre

de Jacinto, hijo al que desearía ver casado con Rosario) le dice: “¡Desdichada

de mí, ver estas cosas y no ser hombre!...” (p.247). La propia María

Remedios, que se revelará al final como “la oculta fuente de donde aquél

revuelto río ha traído sus aguas” (p.254), dominada a su vez por una pasión

maternal desmedida (“frenesí lamentable”, p.255) también dice a

Caballuco para que se decida a cometer el asesinato de Pepe Rey: “Si yo

fuera hombre...” (p.280). Doña Perfecta y María Remedios, las generadoras

de la tragedia, parecen ser, pues, dos mujeres histéricas que podrían o

desearían ser hombres.7

En conclusión, Doña Perfecta puede verse como el momento de las prefiguraciones

no sólo por el hecho de ser una novela de tesis, sino porque

en esta obra se proyectan o pre-figuran, en gran medida, “figuritas grotescas”

(expresión que el propio narrador usa al relatarnos el sueño de Rosario).

Rosario (figura del sentimiento y la sensibilidad) y Pepe Rey (figura del

sentimiento y el entendimiento) entre quienes, según éste, se iba a establecer

una “armonía perfecta” (p.115), son destruidos por la fuerza

devastadora de Doña Perfecta (la razón de una pasión).

La desheredada (1881) o el momento de las re-figuraciones.

La desheredada, Isidora Rufete, es una joven de La Mancha que llega a

Madrid con poco más que unos dudosos documentos, tozudamente determinada

a probar con ellos su origen noble y su derecho al marquesado de

Aransis. La novela narra cómo ha sido engañada por su familia con respecto

a su herencia, y las consecuencias de su decepción. Está dividida en

dos partes, cada una de ellas acaba con una muerte simbólica de Isidora.

Su primer “suicidio” tiene lugar cuando descubre la falta de fundamento

de su derecho a pertenecer a la aristocracia, con lo que, llena de desesperación,

se entrega a un aristócrata por matrimonio, Joaquín Pez, haciéndose

su amante. Su segunda muerte simbólica alude a su decisión de prostituirse,

esto es, poner su belleza, previamente signo de nobleza y status, a

la venta.8

479

A lo largo de La desheredada Galdós juega con los dos sentidos de la

palabra “noble”, como podremos ver. Por una parte, se refiere a una clase

social (nobleza o aristocracia); por otra parte, se refiere a una cualidad

moral: una persona “noble” es una persona moralmente buena. La ironía

reside en que la historia de la heroína Isidora Rufete, que está convencida

de su “nobleza” (status), pierde prácticamente toda su “nobleza” (cualidad

moral) cuando finalmente tiene que aceptar que no es una aristócrata sino

“pueblo llano”. De este modo, la cuestión central de la novela -¿es Isidora

miembro de la nobleza o no?- se convierte en una cuestión moral -¿es

buena o no?-. La novela muestra la progresiva degradación de su carácter:

va de amante en amante hasta llegar a la prostitución. Su “descenso a los

infiernos” simboliza el propio declive de España en el siglo diecinueve,

cuando el país, intentando ser distinto y creyéndose absurdamente un

gran poder, acaba perdiendo sus posesiones coloniales y cediendo su libertad

a regímenes autoritarios.

Aunque Isidora es víctima de una mentira inventada por su familia, y

alimentada por personajes como Joaquín Pez, quien sin remordimientos

manipula sus sueños, su propia personalidad, con fuertes elementos

quijotescos, contribuye mucho a su desgracia. Durante la mayor parte de

la novela Isidora se vale de la fantasía, la imaginación incontrolada, y no

de la razón, para hacer frente a la realidad. Este hecho provoca en ella un

estado de constante zozobra psicológica y espiritual.

Otra similaridad entre Don Quijote de la Mancha y la heroína de La desheredada

es que ambos son lectores voraces, libros de caballería en el

caso de él, y folletines en el de ella. Para ambos personajes los libros no

son sólo proveedores de material para la fábrica de su imaginación sino su

peculiar “principio de realidad”. Así, hacia el principio de la novela, Isidora

piensa:

No es caso nuevo ni mucho menos -decía-. Los libros están llenos

de casos semejantes. ¡Yo he leído mi propia historia tantas

veces...! ¿Y qué cosa hay más linda que cuando nos pintan una

joven pobrecita, muy pobrecita, que vive en una bohardilla y

trabaja para mantenerse; y esa joven que es bonita como los

ángeles y, por supuesto, honrada, más honrada que los ángeles,

llora mucho y padece porque unos pícaros la quieren infamar

(...). [Y] de repente cambia la posición de la niña y habita palacios,

y se casa con un joven que ya, en los tiempos de su pobreza,

la pretendía y ella le amaba (...). (p.1031, cursiva mía)9

Ella, que sueña con ser un miembro distinguido de las clases altas de la

sociedad y “más honrada que los ángeles”, se convertirá en una prostituta,

dando servicio a clientes de clase baja, con los que establecerá vínculos

comerciales.

480

En Isidora se re-figuran los propios males de España, a los que se les

dará una igual solución: el escapismo.10 Su historia, centrada en el tema

de su “nobleza”, reproduce las tensiones entre el “viejo orden” y el “nuevo

orden”. Isidora/España sólo experimenta simpatía por el ancien régime,

por eso se siente profundamente perturbada al caer en la cuenta de la

llegada de los nuevos tiempos:

De una taberna, donde vociferaban media docena de hombres

entre humos y vapores alcohólicos, salió una exclamación que

así decía: “Ya todos somos iguales”, cuya frase hirió (...) el oído,

y por el oído el alma de Isidora (...) Isidora pensaba que aquello

de ser todos iguales y marcharse el Rey a su casa, indicaba un

acontecimiento excepcional, de esos que hacen época en la vida

de los pueblos, y se alegró en lo más íntimo de su alma, considerando

que habría cataclismo (...). Esta idea, no obstante, con ser

tan conforme al hundimiento moral de Isidora, no la consolaba.

A la momentánea alegría siguió agudísima pena. Por un instante

se sintió invadida por un dolor tan grande que llegó a pensar que

no debía vivir más tiempo. (p.1077)

Es la misma idea moderna de igualdad la que provoca la angustia de

Isidora. El viejo orden, estable, altamente diferenciado, jerárquicamente

ordenado cuadraba mucho mejor con su espíritu. Pero también la voz

narrativa suministra una profunda crítica de la modernidad: “La confusión

de clases es la moneda falsa de la igualdad” (p.1040). La era moderna,

aunque muy dada a la celebración de los valores de la libertad, la igualdad

y la fraternidad, no ha producido libertad sino parasitismo y servilismo, ni

igualdad sino “confusión de clases”, ni solidaridad sino rivalidad, promoviendo

falsas esperanzas de progreso económico y social. En suma, ha

traído consigo quizá nuevas y más sutiles formas de esclavitud.

Hay dos momentos paradigmáticos que muestran cómo la novela está

construida como copia, reproducción, re-figuración. Se trata de las dos

veces (una vez en la primera y otra vez en la segunda parte) que Isidora se

mira en un espejo y piensa sobre su figura. La primera vez tiene lugar

antes de ver a la marquesa de Aransis, en el capítulo titulado “Anagnórisis”:

Miróse mucho al espejo, embelesándose en su propia hermosura,

de la cual muy pronto se había de congratular la marquesa

como cosa propia, y se dio algunos toques en el peinado. (...)

Sus ojos eran pardos y de un mirar cariñoso, con somnolencias

de siesta o fiebre de insomnio, según los casos; un mirar que lo

expresaba todo, ya la generosidad, ya el entusiasmo y siempre la

nobleza. Miquis decía que había en aquellos ojos, mil elocuencias

de amor y propaganda de ilusiones. También decía que eran

un mar hondo y luminoso en cuyo seno cristalino nadaban como

481

nereidas la imaginación soñadora, la indolencia, la ignorancia

del cálculo positivo y el desconocimiento de la realidad. (p.1072,

cursiva mía)

En la segunda parte, vemos a Isidora intentando seguir los consejos de

su amigo y paisano el doctor Miquis (cap.“Las recetas de Miquis”). No obstante,

durante una de sus visitas al taller de costura de Eponina nos la

encontramos de nuevo meditando sobre su figura ante el espejo:

Contemplóse en el gran espejo embelesada de su hermosura...(...)

Isidora encontraba mundos de poesía en aquella reproducción

de sí misma. ¡Qué diría la sociedad si pudiera gozar de tal imagen!

¡Cómo la admirarían, y con qué entusiasmo habrían de celebrarla

las lenguas de la fama! ¡Qué hombros, qué cuello y qué...

todo! ¿Y tantos hechizos habían de permanecer en la oscuridad,

como las perlas no sacadas al mar? No, ¡absurdo de los absurdos!

Ella era noble y si no lo fuera por su nacimiento bastaría a

darle la ejecutoria su gran belleza, su figura, sus gustos delicados,

sus simpatías por toda cosa elegante y superior. (p.1134,

cursiva mía)

Isidora es la figura de la imaginación. Pero de una imaginación ”enferma”.

Por ello ni su pensamiento ni su sentimiento pueden determinar correctamente

su voluntad (“alas naturales”). Sus actos, erróneamente encaminados

a probar a la sociedad su identidad superior (“alas postizas”), le

llevaran a la búsqueda de la muerte social, al anonimato.

Como es sabido, Galdós dijo haber iniciado con La desheredada su

“segunda manera”. Esta expresión, tomada del terreno pictórico, parece

efectivamente haber orientado su nueva escritura como re-presentación,

re-producción y re-figuración.

Fortunata y Jacinta (1886-1887) o el momento de las con-figuraciones.

Fortunata y Jacinta lleva como subtítulo “dos historias de casadas”, aunque,

como se ha observado, bien podría haberse subtitulado “historia de

dos malcasadas”. Se compone de cuatro partes. Gonzalo Sobejano propone

el siguiente esquema:

1) historia de la malcasada Jacinta, que incluye retrospectivamente la

historia de la seducción de Fortunata; 2) historia de la malcasada Fortunata;

3) oposición circunstancial de Fortunata y Jacinta; 4) identificación esencial

de una y otra. Y concluye: “Lo que relaciona a estas dos mujeres es

que Fortunata aspira a ser ángel a través de Jacinta y ésta anhela ser madre

a través de Fortunata.”11

482

El “plan” de Fortunata y Jacinta es la historia, primero ficticia y luego

real, del hijo de Fortunata y Juanito. Esta historia aparece en cada una de

las partes de la novela: en la primera como “la falsa novela del Pituso”

(fabricada por dos locos: don José Ido del Sagrario y José Izquierdo); en la

segunda como la gran idea de Fortunata; en la tercera como la puesta en

marcha de su “pícara idea” (volver a tener un hijo de Juanito); y, finalmente,

en la cuarta, como historia “real”. Esta historia que es primero mentira,

fabricada por dos locos, y creída por Jacinta porque quiere creerla, aunque

reconozca que “sólo en las novelas malas se ven esos hijos de sorpresa

que salen cuando hacen falta para complicar el argumento” (p.529),12

esa historia falsa acaba siendo verdad (nos estamos acercando al trasunto

de Misericordia).

Y conviene indicar que esta historia que se nos relata en Fortunata y

Jacinta puede funcionar a varios niveles, sugiriendo diversas con-figuraciones:

la reconciliación entre Fortunata y Jacinta, la conexión entre la

burguesía y el pueblo llano, la vinculación entre naturaleza y cultura, y la

complementariedad entre realidad y ficción.

El tema central de la novela, el del hijo, se funde con la imagen del

árbol. Esta imagen aparece dos veces, en la primera parte y la cuarta parte

respectivamente.

Las amistades y parentescos de las familias de Santa Cruz y Arnaiz

pueden ser ejemplo de aquel feliz revoltijo de las clases sociales;

mas ¿quién es el guapo que se atreve a formar estadística de

las ramas de tan dilatado y laberíntico árbol, que más bien parece

enredadera, cuyos vástagos se cruzan, suben, bajan y se pierden

en los huecos de un follaje densísimo? (p.499) (...) Ahora se

nos presentan algunos ramos que parecen sueltos y no están.

¿Pero quién podrá descubrir su misterioso enlace con los revueltos

y cruzados vástagos de esta colosal enredadera? (...) La mente

más segura no es capaz de seguir en su laberíntico enredo las

direcciones de los vástagos de este colosal árbol de linajes

matritenses. Los hilos se cruzan, se pierden y reaparecen donde

menos se piensa. Al cabo de mil vueltas para arriba y otras tantas

para abajo, se juntan, se separan, y de su empalme o bifurcación

salen nuevos enlaces, madejas y marañas nuevas. (p.501)

La segunda vez que aparece la imagen del árbol (según el típico recurso

galdosiano de “la prolongación de la imagen o imagen continuada”13 es en

la cuarta parte, en el capítulo titulado “Insomnio”, que narra la muerte de

Moreno Isla, primo de Jacinta y secreto enamorado suyo:

Se desprendió de la Humanidad, cayó del gran árbol la hoja completamente

seca, sólo sostenida por fibra imperceptible. El árbol

no sintió nada en sus inmensas ramas. Por aquí y por allá caían

483

en el mismo instante hojas y más hojas inútiles, pero la mañana

próxima había de alumbrar innumerables pimpollos, frescos y

nuevos. (p.894)

Como señala Harriet S. Turner14 la imagen del árbol supone una especie

de metáfora para la propia novela de Galdós al “constituir el tronco de la

fábula y su forma narrativa”, y señala también que la imagen de este árbol

genealógico o familiar (cultura), dará paso a la del árbol arquetípico de la

vida (naturaleza).

Otro aspecto importante del árbol es su carácter bisexual. Como señala

Carl Jung: “[an] equally mother symbol is the wood of life (...) or the tree of

life.” y

the feminine quality of the tree that represents the goddess is

contaminated with phallic symbolism from the genealogical tree

that grows out of Adam’s body. (...) I have reproduced, from a

manuscript in Florence, a picture of Adam showing the membrum

virile as a tree. Thus the tree has a bisexual character.15

Y por la lana/hijo se saca el ovillo/madre. Fortunata es la “mujer natural”

16 por excelencia. Toda la novela insiste de una u otra forma sobre lo

que podríamos denominar la “filosofía de lo natural”, cuyo portavoz claro

es Fortunata. En el capítulo “Boda y luna de miel”, recién casada con su

“redentor” Maxi y poco antes de volver a caer en los brazos de su “dueño

natural” Juanito, Fortunata reflexiona sobre lo que ha sido su vida en estos

términos:

... estaba fuera de su centro natural. (...) Figurábase ser una muñeca

viva, con la cual jugaba una entidad invisible, desconocida,

y a la cual no sabía dar nombre.

Ocurriósele si no tendría ella “pecho” alguna vez, quería decir

iniciativa ...; si no haría alguna vez lo que le saliera “de entre sí”.

(p.709, cursiva mía)

Este fragmento contiene también la anticipación de su “pícara idea”.

Llama la atención el lapsus de “pecho” por “iniciativa”, que podría llevarnos

a consideraciones de tipo freudiano17 pues aunque la temática de

fondo está más relacionada con la masculinidad (actuar, tener decisión),

el “tener pecho” es principalmente uno de los atributos esenciales de la

feminidad.

Un momento en que esta “filosofía de lo natural” se expresa con una

fuerza tremenda es en la cuarta parte, en el capítulo “Vida Nueva”. Fortunata

(cuya historia constituye una bildung) se ha ido a vivir sola para dar a luz a

su hijo y concluye una de sus meditaciones solitarias con esta sentencia:

“Cuando lo natural habla, los hombres se tienen que callar la boca”.

(p.916)

484

Contrasta este capítulo “Vida Nueva” -en que Fortunata al reflexionar

sobre su pasado posee “juicios muy claros de sus acciones y sentimientos”

y ve todo “transparentado por la luz de la razón” (p.915, cursiva mía)-

con el capítulo siguiente, “La razón de la sinrazón”, en el que vemos a

Maxi, que una vez fue definido como el “hombre nuevo” (p.644) (y que,

según la época, sería un caso de “degeneración”), con un “renacimiento

armónico de la vida cerebral”, que le hace “concebir” una nueva “ley de la

razón”: el “furor de la lógica” (p.919), además del conocimiento por obra

del “cálculo puro” (p.927), “concepción” que le acabará llevando a vivir en

la “pura idea” (p.981), esto es, a la locura, a Leganés.

Vemos, pues, en Fortunata y Jacinta la necesidad de una nueva configuración

de lo femenino y de lo masculino, de lo natural y de lo cultural, del

sentimiento y de la razón. Nueva configuración que acabará siendo, más

bien, una transfiguración.

Misericordia (1897) o el momento de las trans-figuraciones.

Misericordia tiene como figura central a Benigna de Casia, criada fiel de

Doña Paca Juárez de Zapata. Doña Paca es viuda y madre de dos hijos,

Antonio y Obdulia. La situación económica de la casa se pone cada vez

peor, por lo que Benina decide ponerse a mendigar para mantener a su

señora. Con el fin de ocultarle su “ocupación real”, se inventa la existencia

de un tal cura llamado Don Romualdo, a quien dice ir a servir.

Prodigiosamente, esta figura inventada por ella acaba resultando “real y

verdadera” y por su mediación la familia Juárez sale de la pobreza. Juliana,

nuera de Doña Paca, toma el mando de la casa y Benina es despedida.

Aunque la ingratitud es el premio que recibe Nina, es capaz de perdonar y

su espíritu se hace “fuerte y grande”.

Como ha señalado Luciano García Lorenzo, pueden verse dos partes en

la novela: la primera desde el capítulo VI al XIX, que trata

la historia de la decadencia de las clases medias, Almudena, los

Juárez de Zapata y Frasquito Ponte. Es un proceso que se desarrolla

poco más o menos entre 1860 y 1897. Los otros 20 capítulos

están dedicados al sacrificio expiatorio de Benigna, a su

purificación y a su liberación final.18

Veamos cómo se va dibujando la figura de Benina, la “mujer nueva”19 a

lo largo de la novela. Hacia el principio la voz narrativa nos la presenta

junto a otros desheredados o “intrépidos soldados de la miseria” (p.64)

como “una vieja con traje y manto negros” (p.75). Poco después añade:

“La mujer de negro vestida, más que vieja envejecida prematuramente,

era, además de nueva, temporera” [repárese en el juego de palabras vieja/

nueva]. (...) “Respondía al nombre de la Señá Benina” (de lo cual se infiere

que Benigna se llamaba)” [y], “con todas y con todos hablaba el mismo

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lenguaje afable y comedido” (p.76, cursiva mía). A continuación oímos

que sus compañeros de fatigas la definen como “mendiga”, “maestra de

cocina” y ”sisona” (p.86). De nuevo la voz narrativa nos habla de ella aludiendo

a su “temple extraordinario de mujer” (p.96). Más adelante la vemos

ya como “criada” de doña Paca (p.98), y se dice que ella y doña Paca

son “las madres” de Antoñito y Obdulia [“sus madres” (p.109), “las dos

madres burladas” (p.110), “las madres” (p.111)]. La propia Benina, mientras

oye a unas conocidas de Almudena que se autocalifican de

comerciantas se siente “negocianta” (p.151). Y el amigo de la familia Juárez

de Zapata, Frasquito Ponte, la llama “ángel” (p.169, y, sobre todo, p.312).

A partir de la segunda mitad de la novela la voz narrativa va dando

pinceladas más precisas para trazar su figura. Así habla de “su certero

juicio” (p.189), de su “resolución” como “cualidad primaria de su carácter”

(p.193), o de que es “ejecutiva” (p.197). Cuando su compañero, el

moro ciego Almudena [quien dice verla “con los ojos del alma” (p.210)], se

le declara, ella le oye con “interés y piedad”, sin ninguna vanidad porque

es una “mujer de buen sentido”, “justo medio de discreción” (p.211). Seguimos

oyendo a la voz narrativa que habla de Benina como “persona

práctica” (p.212), y nos dice que, con su entendimiento, “a todo atendía

Nina, y ninguna necesidad de las personas sometidas a su cuidado se le

olvidaba” (p.231); y también nos habla de “la firmeza que gastaba en toda

ocasión” (p.241). Por último, hacia el final de la novela, tanto los pobres

de las Cambroneras como la “pecadora” Juliana la ven como una “santa”

(pp.242 y 318, respectivamente).

Un momento revelador, por condensar lo que la figura de Benina/Misericordia

representa, es cuando Doña Paca y Frasquito Ponte, que no saben

qué pensar de la herencia de la que les ha hablado Don Romualdo, dialogan

de esta forma:

...Frasquito de mi vida, ¿es verdad todo esto?

- Eso mismo iba a preguntar yo a usted... ¿estaremos soñando?

¿usted qué cree?

-¿Yo?... no sé... no puedo pensar... Me falta la inteligencia, me

falta la memoria, me falta el juicio, me falta Nina.

- A mí también me falta algo... No sé discurrir.

- ¿Nos habremos vuelto tontos o locos? (p.270, cursiva mía)

Misericordia parece mostrar que sin la unidad armónica de pensar (pensamiento),

sentir (sentimiento) y actuar (voluntad) que Benina representa

sólo se es “tonto o loco.”

Benina es la “mujer nueva”. En ella se amalgaman de forma armónica

entendimiento, sentimiento y voluntad, trenzándose, así, los hilos de la

feminidad y la masculinidad.

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Conclusiones.

En estos cuatro momentos de la novela galdosiana se ha querido mostrar

la sucesiva reorientación de la mirada de Galdós sobre las figuraciones

femeninas (y masculinas) así como su vinculación con las “fuerzas”

humanas del entendimiento, el sentimiento y la voluntad. Esta mirada se

inicia como la visión de una lucha: “feminidad contra masculinidad” (Doña

Perfecta); continúa como la visión de una derrota o la mirada de la “feminidad

frente al espejo” (La desheredada); avanza hacia una mirada de la

“feminidad como fecundidad” (Fortunata y Jacinta); y se consolida como

una mirada de la “feminidad como capacidad de transformación” (Misericordia).

Más allá de los debates entre intelectuales y políticos que en la época

trataban el tema de la “degeneración” (como equivalente a “feminización”)

de la sociedad y de su necesaria “regeneración”, Galdós, a través de sus

diversas figuraciones trans-figuradas, está sugiriendo, quizá, una profunda

y armónica “trans-generación” de “la humana figura”.

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NOTAS

1 Para un análisis de la Modernidad en general, vid. GIRARD, R., Mensonge romantique et

venté romanesque, Bernard Grasset, París, 1961. En cuanto a un estudio de lo que la

Modernidad supone para la mujer, vid. EHRENREICH, B., y ENGLISH, D., For Her Own

Good: 150 Years of the Experts’ Advice to Women, Anchor Press/Doubleday, New York,

1978.

2 Esta concepción antropológica parte del conjunto de la teoría crítica kantiana, especialmente

de su tercera crítica, Crítica del Juicio (1790), así como de su obra Antropología.

En sentido pragmático (1798).

3 Esto es lo que sostiene Ricardo Gullón en el capítulo de su libro Técnicas de Galdós

titulado “La estructura de Doña Perfecta” (Ed. Taurus, Madrid, 1970).

4 PÉREZ GALDÓS, B., Doña Perfecta, edición de Rodolfo Cardona, Ed. Cátedra, Madrid,

1982. Todas las citas de esta novela están tomadas de esta edición.

5 Un estudio que se centra precisamente en esta figura para la explicación de la práctica

totalidad de la obra galdosiana es el de JAGOE, C., Ambiguous Angels: Gender in the

Novels of Galdós, University of California Press, Berkeley-Los Angeles-London, 1994.

6 Rodolfo Cardona habla incluso de la “supersensibilidad” de Rosario. De este modo, con

relación al capítulo “Luz a oscuras”, indica: “La caracterización de Rosario en este

capítulo no ha sido lo suficientemente tratada por los críticos. En ella encontramos

elementos de esa supersensibilidad que junto a sus dos obsesiones, su madre y la

iglesia, (...), la llevaran a la locura”. Vid. su edición de Doña Perfecta, Ed. Cátedra,

Madrid, 1982, p.189, nota 398 (cursiva mía).

7 Sobre la importancia de la figura del histérico o la histérica en la novela realista en

general y en la de Galdós en particular vid. CHARNON-DEUTSCH, L., Gender and

Representation: Women in Spanish Realist Fiction, John Benjamins Publishing Company,

Amsterdam/Philadelphia, 1990. Lou Charnon-Deutsch define al histérico como “someone

whose sexual identification is blurred” (p.177) y considera que “the notions of the

femmme scriture”, Derrida’s vaginated text, and alí the other abstract notions of otherness

that are evolving to name the secret spaces of modern texts are all germane to the

study of the Galdosian novel.” (p.180).

8 Vid. FERNÁNDEZ CIFUENTES, L., «Signs for sale in the city of Galdós», en MLN, 1988,

Volume 103, Nº 2, pp.289-311.

9 PÉREZ GALDÓS, B., Obras completas, Novelas I, Ed. Aguilar, Madrid, 1970. Todas las

citas de La desheredada están tomadas de esta edición.

10 Vid. ÁLVAREZ, J. L. y MERCHÁN CANTOS, C., «From Escapism to Resented Conformity:

Market Economies and Modern Organizations in Spanish Literature» en Good Novels.

Better Management, edited by Barbara Czarniawska-Joerges and Pierre Guillet de

Monthoux, Harwood academic publishers, Switzerland, 1994.

11 Vid. SOBEJANO, G., «Muerte de un solitario (Benito Pérez Galdós: “Fortunata y Jacinta”,

4, II, 6)», en Fortunata y Jacinta edición de Germán Gullón, ed. Taurus, Madrid, 1986,

pp.319-320.

12 PÉREZ GALDÓS, B., Obras completas, Novelas II, Ed. Aguilar, Madrid, 1970. Todas las

citas de Fortunata y Jacinta están tomadas de esta edición.

13 Vid. GULLÓN, R., Galdós. Novelista moderno, Ed. Gredos, Madrid, 1966, p.254.

14 Vid. «Lazos y tiranías familiares: una reevaluación de Jacinta», en Fortunata y Jacinta

edición de Germán Gullón, Ed. Taurus, Madrid, 1986, p.278.

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15 Vid. JUNG, C. G., Symbols of transformation, Princeton University Press, N.J., 1967,

pp.219 y 221 respectivamente. Ambos textos son citados por SMITH, A. E., en «Nazarín

masculino, femenino: aspectos de la imaginación mitológica galdosiana» [trabajo presentado

en la M.L.A. en diciembre de 1995 y que aparecerá próximamente en Hispanic

Review (Columbia University)].

16 Para una clasificación jerárquica de los tipos de mujeres en la obra galdosiana vid.

MONTERO-PAULSON, D. J., La jerarquía femenina en la obra de Galdós, Ed. Pliegos,

Madrid, 1988, en este estudio se habla de seis tipos de mujeres: la mujer social, la

víctima, la mujer natural, la Quijote y rebelde, la Figura Christi y la mujer nueva.

17 Un estudio que hace una lectura freudiana de Fortunata y Jacinta es el de VILARÓS, T.

M., Galdós: invención de la mujer y poética de la sexualidad. Lectura parcial de Fortunata

y Jacinta, Siglo veintiuno editores, s.a., Madrid, 1995.

18 PÉREZ GALDÓS, B., Misericordia, edición de Luciano García Lorenzo, ed. Cátedra, Madrid,

1982, p.98, nota 81. Todas las citas de Misericordia están tomadas de esta edición.

19 La conciencia feminista de Galdós se expresa a través de la figura de la “mujer nueva”,

con personajes que, como Benina, reúnen de forma armónica aspectos femeninos y

masculinos. Como señala CONDÉ, L. P., en Stages in the Development of a Feminist

Consciousness in Pérez Galdós (1843-1920). A Biographical Sketch, Edwin Mellen Press,

U.K., 1990, algunas de las estudiosas que comparten esta visión acerca de la “mujer

nueva” en Galdós son: “Alina Paniatescu, Carmen Bravo-Villasante, Maryellen Bieder,

and Daría Montero-Paulson” (op.cit, nota 7, p.294)