GALDÓS EN 1904: “CONTRA PACIENCIA, ACCIÓN;

CONTRA MISERIA, BIENESTAR”

Mª del Pilar García Pinacho

En enero de 1904 Benito Pérez Galdós publica el artículo “¿Más paciencia...?” en el

periódico El Progreso Agrícola y Pecuario. La mayoría de las características que aparecen en

este artículo no son primicia en la obra galdosiana, pero constituyen en conjunto un elemento

aglutinador de la esencia del Galdós del siglo XX, mucho más allá del recreador y crítico del

XIX.

Estas líneas generales y novedosas conforman la idiosincrasia de su madurez periodística,

lo que queda reflejado en su género, estructura y estilo, que son rabiosamente actuales.

También su interés por la tierra y las manos que la trabajan, y la llamada a la acción. Sin

embargo, y a pesar de todo ello, a nuestro juicio conserva una línea evolutiva fiel al talante de

su juventud.

Respecto a su faceta periodística debemos tener en cuenta dos circunstancias en los puntos

señalados: el periódico en el que aparece y su género como “artículo de fondo”. Desde las

primeras labores periodísticas de Galdós, a principios de la década de los 60, hasta la fecha en

que publica este artículo que nos ocupa, el periodismo en España ha sufrido una revolución.

En el caso de la Prensa de 1904 tenemos la fortuna de poder contar con el primer manual para

periodistas, publicado en 1906, y que es el más fidedigno retrato de su tiempo: El Arte del

Periodista, obra de Mainar, por lo que nuestra perspectiva al juzgar este trabajo puede estar

más ajustada a la realidad de su época.

Según el inestimable manual, a la clasificación decimonónica de periódicos en dos tipos

–los que son “para que la Historia pase como conviene a sus fundadores y mantenedores”1 y

los “hechos con el propósito de pasar el fundador a la Historia”2–, se añade ahora el

“periódico industria”, modelo en que se integra El Progreso Agrícola y Pecuario. Esta

publicación es una de las más prestigiosas y sólidas en su especialidad y, de hecho, luce con

orgullo bajo su cabecera el lema “Calificado el mejor de los periódicos agrícolas de España en

el concurso de Madrid de 1902” y sobre ella salta a la vista “Año X”.

Estos dos elementos son características habituales de los “periódicos industria”, por mucho

que en España se sigan defendiendo ideales políticos. Nuestro periódico está, como su nombre

indica, al servicio del progreso agrícola y pecuario, moderno en su formato arrevistado y

cuidado, en la constancia y utilidad de sus secciones –bibliografía, revista de prensa,

oposiciones y una amplia y completa sección de mercados–, en la propaganda institucional y

en la “fidelización” de sus lectores: sortea entre sus suscriptores “una maravillosa Segadora

Deering […] que ha de transformar nuestros cultivos”,3 les regala periódicamente cuidadosas

e impecables láminas a color y dedica tres páginas, de sus dieciseis, a satisfacer las consultas

de los lectores. Asimismo, bajo el nombre de su director y redactores siempre figura el aval de

sus conocimientos: ingeniero agrónomo, doctor veterinario, etc.

Sólo su conciencia de empresa impulsa al editor a tales estrategias que hoy son

comparables al plan de marketing de cualquier rotativo. Este artículo de Galdós es el primero

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de los varios que componen este número de El Progreso, que salió a la luz el 31 de enero, y al

que, con anterioridad, se había dedicado un rataplán4 en la primera página de 7 de enero en

que se anunciaba a los suscriptores un:

Número extraordinario que llamará notablemente la atención./ Colaborarán en él

afamados escritores de gran renombre en el mundo de la sociología, de la ciencia, del

arte, de la política y del periodismo. / Irá editado en excelente papel y

esmeradamente impreso./ Este número se repartirá/ gratis/ entre nuestros

suscriptores.

Es interesante, como veremos más adelante, destacar que, entre otros, aparece uno de

Pablo Iglesias, titulado Movimiento Obrero Agrícola, que desgraciadamente no ha quedado

recogido en las últimas Obras Completas5 editadas por la Fundación que lleva su nombre.

Esta apuesta empresarial obviamente funcionó y sin problemas hasta que, en el año 1936,

la Guerra Civil abrió un largo paréntesis en el periodismo español.

El género que utiliza don Benito podría ser el de artículo de “fondo”, definido como:

artículo, firmado o sin firmar, publicado al principio o en medio del periódico, en que

se define, explica o aplica, doctrina pura sobre cualquier asunto, tratándolo

doctrinalmente y en forma didáctica. El artículo de fondo es... el que tiene fondo.6

A la vista de esta definición el artículo “¿Más paciencia...?” podría ser considerado como

tal.

Suponemos que a Galdós le habría gustado lo que Mainar dice del estilo que debe tener

este género periodístico en 1906:

como si Sancho se hubiese hecho culto frecuentando la escuela y la universidad, pero

continuase diciendo y pensando con el mismo sentido práctico, conservando cierto

socarrón humorismo y hablando a todos como hablamos.7

Mainar parece que cuando define este género periodístico, hubiera tomado como modelo

este artículo de Galdós, porque en él apreciamos todos sus rasgos: la parte más exaltada y

rotunda es en la que el firmante, B. Pérez Galdós, habla en primera persona del plural, como

parte del proletariado campesino, y se dirige en imperativo, en segunda del plural, a los

propietarios de la Tierra.

Existen, ante estas definiciones, dos salvedades en el artículo de Galdós: se despega

necesariamente del vértigo de la actualidad de la publicación en la que se inserta –cuatro

números al mes– y se eleva sobre la “Actualidad”, suma de las actualidades periodísticas más

menudas, porque se trata de un número extraordinario y único, lo que es común a todos los

colaboradores del ejemplar; el tono, el final, la estructura y, en definitiva, el género en sí, es

más propio del llamado hoy en día “artículo de opinión” cuyas estructuras y estilos perfiló

primero y practicó después el último periodista de toda una ilustre y prestigiosa saga: José

Ortega y Gasset, nacido sobre las rotativas de El Imparcial y que fue imponiendo estos

nuevos modos a través de sus artículos diarios en El Sol de Urgoiti, ya en los años veinte, y

que, por último, culminó con “El error Berenguer” y su lapidario final “¡Españoles, nuestro

estado no existe! ¡Reconstruidlo! Delenda est Monarchia”.8

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Veamos esta estructura orteguiana tan novedosa en el artículo galdosiano:

- Titular rigurosamente periodístico: breve, resumen de la idea básica “no nos queda

paciencia” y sugerente.

- Primeras líneas o entradilla: planteamiento de la cuestión:

La vida española, congestiva en las ciudades, anémica en el campo, necesita

ponderación y equilibrio, reparto fisiológico de toda su savia y de todo su calor. Sólo

así podrá formarse una nación robusta y saludable, capaz de afrontar el estudio y aún

la solución de los ingentes problemas que el malestar humano ha planteado en este

siglo.

En este apartado introduce además la metáfora que sigue en el desarrollo del tema: la

Madre Tierra es de todos, no sólo de los propietarios, y España, el conjunto, un árbol que

debería ser “robusto y saludable”.

- Descripción sosegada y razonada de la situación actual (hasta el final del segundo

párrafo).

- Causas y antecedentes de la situación (tercer párrafo).

- Resolución: aquí se produce un cambio rotundo de tono, introduce términos durísimos

para preparar el desenlace: un enfrentamiento entre infra-hispanos y super-hispanos;

desaparece la metáfora idílica de la Madre Tierra, generosa, “que no acaba nunca de

amamantar al hombre”. En el apartado de la persuasión aparece, prolongándose hasta el final,

la forma vocativa e imperativa de los verbos en segunda persona del plural, empleada para

referirse a los super-hispanos y la primera del plural para los infra-hispanos.

- Final rotundo que, además, invoca a la acción:

Pues nosotros llevaremos a las ciudades las inclemencias de estos yermos,

representadas en la tempestad de nuestros corazones, ansiosos de justicia.

Inteligencias incultas y manos bárbaras os devolverán la lección ascética: contra

paciencia, acción; contra miseria, bienestar.

Desde este punto de vista podríamos encajar el artículo galdosiano en lo que, actualmente,

Martínez Albertos denomina “columna de opinión”, es decir:

si el texto es desarrollado en la línea de la argumentación, con razones probatorias de

carácter persuasivo y puntos de vista evidentemente personales, estaremos en una

caso de columna de opinión, o verdadero comentario periodístico equiparable a un

editorial aunque lleve la firma del autor.9

Esta comparación con los géneros actuales puede resultar al lector anacrónica. Sin

embargo, conocemos las similitudes evidentes, de este artículo concreto, con los artículos de

opinión de Ortega, y éste sí utiliza los modelos de opinión generalizados en el periodismo

occidental. Más aún, para movernos mejor en la evolución de los géneros periodísticos,

podemos trasladar el estilo periodístico de este artículo de Galdós a la “generación

periodística” de 1904, es decir, la del 98. Encontramos entonces más distancia que con la

generación del 56 o que con aquella de la que Ortega se considera heredero, la de 1868.

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Los resultados son bastante más evidentes al llevar a cabo la comparación de “¿Más

paciencia...?” de Galdós con el artículo más representativo de cada generación periodística.

Ya hemos apuntado los paralelismos con “El error Berenguer” de Ortega, lo mismo podemos

hacer con los más célebres de las de 1868 y 1898: con “El Rasgo...” de Emilio Castelar10 y

“Sin Pulso” de Francisco Silvela,11 este último reconocido históricamente como el primer

artículo regeneracionista.

“El Rasgo...” de Castelar, al uso del periodismo-oratoria del momento, es un texto

sensiblemente más largo, su estructura más farragosa, por lo demás, en esencia, coincide con

el de Galdós. Estas coincidencias podemos resumirlas en la utilización de una entradilla

esclarecedora, en el desarrollo de las posibles consecuencias de la situación y en una defensa

final de la acción (“tenemos derecho para protestar contra ese proyecto de ley”). Además

coinciden en su estilo con imperativos en primera persona del plural incitando a lo largo del

texto a la acción: “regocijémonos, pues, juntemos las manos, abracemos el pecho[…]”. A

todo esto tenemos que añadir que el artículo del orador está en primera página y lo firma él

mismo, su director. Por todo ello, pertenece en definitiva al mismo género, entonces llamado

de fondo, al igual que el de Galdós.

Los paralelismos entre Castelar y Galdós se acentúan aún más cuando comparamos nuestro

artículo no con el celebérrimo “El Rasgo...”, sino con el verdadero artículo, el primero, el que

abrió una herida mortal en la monarquía - “¿De quién es el patrimonio real?”, publicado

cuatro días antes en el mismo periódico. En él, Castelar no sólo se ocupa de los antecedentes y

causas del hecho, razón ésta por lo que son obviados en el segundo, y su final, encauzado

hacia la persuasión, a la acción, es más rotundo que el segundo, porque la persuasión y efectos

del primero cuando escribe el segundo ya son plausibles: “Defendamos, pues, de las

dilapidaciones y prodigalidades de los vándalos moderados, la riqueza pública”. Esta

reivindicación, imperativa, esta esencia, no aparece en el artículo más conocido.

Por el contrario, al acercarnos a “Sin pulso” de Francisco Silvela, nos alejamos de “¿Más

paciencia...?”, ya que toda la persuasión encaminada a la acción queda resumida en una única

frase que poco provoca la acción: “si pronto no se cambia radicalmente de rumbo, el riesgo es

infinitamente mayor”. Aunque, eso sí, analizada en el contexto en que se inserta, un artículo

de actualidad, escrito en 1898, año del desastre, es obligatorio que el llamamiento a la acción

esté implícito, mientras que a diferencia de Silvela, los otros autores mencionados, incluyendo

a Galdós, reflejan esa invocación de forma explícita. La evolución histórica ha demostrado

que la influencia de los artículos “El Rasgo...” y “El error Berenguer “fue más efectiva.

La madurez profesional de Galdós como periodista, con rasgos que enlazan con los del

siglo XXI, queda expuesta en cuanto al género periodístico utilizado, a la estructura del artículo

y a su estilo.

Otro hecho absolutamente peculiar con respecto a otros artículos periodísticos de Galdós es

la persuasión inherente en el artículo a través de su llamada a la acción, aunque según el final

del texto escogido, “contra paciencia, acción; contra miseria, bienestar”, casi podríamos

hablar de revolución.

Es paradójico un hecho: si la revolución se asocia de forma general con la juventud, los

revolucionarios o, como poco, los que llamaran a la acción reformadora deberían ser los

jóvenes. Los jóvenes en 1904 son los miembros de la Generación del 98. Nada más lejos de la

realidad si, como pensamos, Laín Entralgo, en su Generación del 98,12 está en lo cierto al

poner en tela de juicio esta tan difundida acción reformadora del grupo, más específicamente

el de Baroja, Azorín y Unamuno. Ellos pretendían, a priori, “iniciar una acción social” y así lo

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exponen literalmente: Unamuno pasa de su Paz en la Guerra en donde pretende o habla de

“combatir los combates del mundo” y su “tenemos que” a un desilusionado y escéptico

“Ojalá”;13 Azorín, quizás por su raza periodística, el más “activo”, se queda en que “el grupo

no podía permanecer inerte” y en La Voluntad, que podría ser el principio de esta acción, se

pregunta “¿Qué hacer?... ¿Qué hacer?...”, pero la sensación es precisamente esa, primero

evoluciona y luego permanece en la recreación y el ensueño;14 y Baroja, hombre de carácter y

nervio afirma, ya en 1897, que, por escoger una cita del mismo tema que trata Galdós en su

artículo:

ni entiendo de enseñanza agrícola nómada, ni de ligas de labradores, ni me interesa,

sino secundariamente, lo de la repoblación de montes, cooperativas de obreros

campesinos, cajas de crédito agrícola y los pantanos.15

No parece evolucionar, cuando en 1917 el vasco habla de “la acción” de la forma

siguiente:

Es un remedio viejo como el mundo, tan útil a veces como cualquier otro y tan inútil

como todos los demás. Es decir, que no es un remedio.16

Por el contrario, Galdós, en gran parte de su obra, ensalza la acción: por ejemplo, la

rebeldía patente del pueblo de Madrid en el Dos de Mayo, que es recordada en los Episodios y

otra vez rememorada en sus artículos periodísticos coincidentes con su aniversario; lo mismo

podríamos decir de la actitud del pueblo de Zaragoza... Si sus personajes, individuales o

colectivos, hacen algo es actuar, es luchar para conseguir lo que creen justo y, aún cuando la

acción emprendida fracasa, siguen siendo héroes. Se convierten, por ese motivo, en modelo a

seguir para los lectores de la obra galdosiana, a los que el autor se refiere en bastantes

ocasiones (las luchas de Fortunata y de Jacinta, la de La desheredada, la de Benina en

Misericordia, la de la misma Electra, el conde de Albrich, aparentemente vencido, etc.). El

lector así se ve abocado a ponerse del lado del que lucha, en definitiva, de quien actúa, aunque

el verdadero y más profundo significado de la obra sea el anticlericalismo, el derecho de las

clases trabajadoras... o el significado que, ayer como hoy, queramos interpretar.

Sin embargo, además del artículo objeto de nuestro trabajo, el más significativo para

relacionarlo con el “ensueño” de los escritores del 98, es “Soñemos, alma, soñemos”, cuyo

título nos conduce al mundo onírico, y donde Galdós, apenas dos meses antes que en “¿Más

paciencia...?”, reivindica la acción oponiéndola a la ensoñación. Para ello emplea palabras tan

regeneracionistas como las siguientes:

Estos enojos que reclaman justicia, equidad, orden, medios de existencia.

Apliquemos todos los sentidos a la observación de los estímulos que apenas nacen se

convierten en fuerzas, de los desconsuelos que derivan lentamente hacia la

esperanza, de la gestación que actúa en los senos del arte, de la industria, de la

ciencia... Observemos cómo el pensamiento trata de buscar los resortes rudimentarios

de la acción, y cómo la acción tantea su primer gesto, su primer paso […]. Tengamos

el propósito firme de adquirir vida robusta […]. Creemos que la pobreza es un mal y

una injusticia, y la combatiremos dentro de la estricta ley del “tuyo y mío”.

Trabajaremos metódicamente[…]. Resucitaremos.17

Ésta es la esencia de acción, nada de ensoñación, que retoma Galdós en El Progreso

Agrícola y Pecuario, lo que queda apuntalado por el final de su “sueño”:

282

¿Es esto soñar? ¡Desgraciado el pueblo que no tiene algún ensueño constitutivo y

crónico, norma para la realidad, jalón plantado en las lejanías de su camino!18

Tras este repaso a la acción en la obra, nos asomamos ahora a la acción en la vida de

Galdós. Para ello nos parece interesante volver a la carta que escribe a Narciso Oller al

respecto de su condición de diputado:

No se duela usted de verme diputado. Yo no soy ni seré nunca político. He ido al

Congreso porque me llevaron, y no me resistí a ello porque deseaba ha tiempo

vivamente conocer de cerca la vida política.19

Desde esta sincera declaración existe una vertiginosa evolución a otras palabras publicadas

en El Liberal en abril de 1907, y que a nuestro juicio son más apasionadas:

Sin tregua combatiremos la barbarie clerical hasta desarmarla de sus viejas argucias;

no descansaremos hasta desbravar y allanar el terreno en que debe cimentarse la

enseñanza luminosa, con base científica, indispensable para la crianza de

generaciones fecundas; haremos frente a los desafueros del ya desvergonzado

caciquismo, a los desmanes de la arbitrariedad enmascarada de justicia.20

Finalmente, parece abandonar esta actitud y, aún así, no se sumerge en el “ensueño” del 98

del que hablaba Laín Entralgo, sino que mantiene su esperanza, asegurando con

exclamaciones que la aurora llega por el socialismo, tal como manifestó en el año 1912.21

No obstante, en ninguna de estas declaraciones, escritas u orales, llega Galdós a intentar la

acción-persuasión a través del uso de los imperativos, excepto en el sueño de su alma.

Únicamente aparece, y no pocas veces, en su obra literaria. El recurso que utiliza en estos

casos sí es el imperativo, pero siempre en boca de sus personajes y, este hecho, aunque

tomemos ejemplos del siglo XX, periodo que nos ocupa, es fácilmente constatable en toda la

obra y una buena muestra son las dos primeras series de los Episodios. Rodríguez Puértolas

destaca varios casos, como el diálogo, casi sermón de Mari Clío a Tito en La Primera

República:

no quiero verte romántico, llorón, ni neurótico, ni flatulento, ni poseído de los

demonios, que todos estos nombres han sido aplicados sucesivamente a los enfermos

de necedad aguda. Conservando amorosamente el saber que tienes archivado en tu

cabeza, ponte a trabajar en una herrería, forjando a fuerza de martillo el metal duro;

abre el surco de la tierra, siembra el grano y cosecha la mies; arranca de la cantera el

mármol o el granito; agrégate a los ejércitos que entran en batalla; lánzate a la

navegación, al comercio, y si logras juntar a tu saber teórico la ciencia práctica que

aprenderás en estos trajines, serás un hombre.22

A pesar de lo relevante de la cita de Mari Clío, ya que utiliza el imperativo, no podemos

imaginarla desde su atalaya utilizando este modo verbal en primera persona del plural. En

cambio, sí es empleado en El Caballero Encantado, obra con una estrecha relación temática y

de fondo con el artículo objeto de nuestro estudio. Es necesario en este caso destacar el

contexto porque es muy significativo: exaltación popular, una muchedumbre reunida y

dispuesta a todo. Casi es el mensaje que el mismo Galdós da en “¿Más paciencia...?”:

Y no una, sino seis o más voces gritaron: “Pues duro a los pudientes ensalzaos, y a

los Gaitines que nos roban la vida. ¡Si quieren guerra, guerra!” Alguien propuso que

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se reuniesen los supervivientes de Boñices con la gente de las aldeas cercanas,

hombres y mujeres, viejos y chiquillería, y armados todos con garrotes, o con

escopeta el que la tuviese, se lanzaran bramando por los campos y caminos hasta

llegar a Soria y a la casa del gobernador, y allí, con escándalo, tiro y estacazo limpio,

pidieran y recabaran el derecho a vivir.23

Es esta idea, la llegada del campo a la ciudad, aunque a la inversa, el aspecto central del

artículo, en el que Galdós evidencia que no le queda paciencia. Nótese también que el pueblo

pide derecho a vivir, mientras que al articulista no le basta con vivir sin más, sino que

reivindica una vida digna, frente a la miseria exige un estado de bienestar, última y

significativa palabra del texto.

Qué lejos parecen quedar aquéllas palabras que Galdós dedicó oficiando de “maestro,

mejor dicho, de dómine” del grupo de escritores que fundaron la revista Electra y que abren la

primera página del primer número, el 16 de marzo de 1901. Entonces, apenas tres años antes,

decía “que no hay dificultades ni distancias que resistan a estas dos poderosas fuerzas:

paciencia y voluntad”. ¿Les habría dicho en enero de 1904, “acción y voluntad”?.

También de 1901 es la colaboración de Galdós en El Progreso Agrícola y Pecuario,

titulada “Rura”. La diferencia más sustancial es el tono, bastante más pacífico y conciliador

en el primero, aunque la idea básica siga siendo la misma: “Seamos todos un poco

estripaterrones y conciliemos la vida urbana con la vida agrícola, aspirando a la suprema

síntesis, que ha de alegrar nuestra existencia”.24

Como hemos indicado, resulta más conciliador, pero también bastante más esperanzado:

Vamos a la perdición si no impulsamos en el siglo que empieza la magna obra de

ennoblecer al labrador, de hacerle caballero, de hacerle rico y sabio para que

constituya la primera y más poderosa de las clases sociales. Señales hay en estos

tiempos de que los venideros marcarán esa dirección en los destinos de España, y si

así fuere, los que empalmen el siglo XX con el siglo XXI verán entre otras maravillas el

prodigio de la Civilización Bucólica […].25

Uno de los hechos que más llama la atención es el impulso que lleva a Galdós a escribir

estos dos artículos, “Rura” y “¿Más paciencia...?”, y el de la carta reproducida en Electra es el

mismo, como el de casi todas las colaboraciones, estrictamente colaboraciones, periodísticas

de Galdós en el siglo XX. Parece una redundancia incidir en que Galdós era, sin lugar a dudas,

una celebridad nacional durante el tiempo que aún vivió del siglo pasado y que además tenía

un buen número de amigos y “amigos-conocidos” periodistas, como él lo había sido antes,

que ahora son directores de periódicos, de sección, que han creado sus propios diarios o

revistas y en los que, obviamente, la firma del maestro brillaría como el oro y sería un

impulso sólido para el medio que lo consiguiera. Y así Galdós, además de escribir parte

fundamental de su obra, dedicaba un tiempo significativo, imprescindible para su trabajo

literario, a atender o a intentar desatender los ruegos que éstos le hacían para que colaborara

en tal o cual periódico. No hay mejor prueba de ello que la revisión, por ejemplo, de la

correspondencia de Galdós en este tiempo con algunos de ellos26 para imaginar lo abrumado

que podría haber llegado a sentirse un hombre deseoso de trabajar, y aún así, la muestra más

evidente son las múltiples firmas suyas que aparecen en diversos periódicos o revistas, a los

que ya nos hemos referido, pero también en muchos otros, como El Heraldo de Madrid, La

Alhambra, etc. Otro ejemplo, también muy significativo, es su relación sólida y antigua con

Juan Valero de Tornos, a quien recuerda con afecto sincero en Amadeo I, quien suplicaba a

284

todo el mundo colaboración y apoyo para llenar y dignificar las páginas de su Gente Vieja,

aunque dudamos que a nadie le hiciera gracia figurar como tal. Juanito, como lo recordó

Galdós, recurría constantemente a sus amigos o conocidos para contestar a encuestas sobre

todo tipo de cuestiones. Debía ser perseverante cuando en el número specímen de 1900

aparece la lista de los cuarenta y seis “mozos viejos” que escriben, entre ellos los más ilustres

periodistas del XIX, como Álvarez Guerra, Alberto Aguilera, Fabra, Javier de Burgos, Lustonó,

Llano y Persi, Eugenio Sellés, incluso como “viejo honorario” aparece, y colabora a menudo,

Mariano de Cavia. Ya, a partir del 15 de enero de 1904, se publican cincuenta nombres más,

entre los que reluce el de Benito Pérez Galdós. Hecho insólito es el número de colaboradores

total, ya que el fallecimiento de la “Gente Vieja” era abundante y menguaban tanto las filas,

que tienen que añadir una sección bastante fija titulada “Los que se van”. El resultado de esta

política editorial es que convence a Galdós para que forme parte del jurado de un concurso

sobre el tema “El Modernismo”.27 Así obtuvo la colaboración de grandes hombres, aunque

tristemente las más célebres firmas adornan el número dedicado a su fundador cuando muere

en 1905, entre ellos el “guanche” que, no había vuelto a colaborar desde el concurso, a pesar

de existir pruebas de que había sido requerido.28

Todo ello muestra que Galdós intentaba sortear como podía los insistentes y frecuentes

ruegos y que sólo a veces los peticionarios lograban las líneas del autor, como él dice en la

primera frase de la carta para Electra “los redactores de la revista Electra me suplican […]”.

Esta circunstancia es más que válida para hacernos pensar en la neutralidad de sus

colaboraciones, porque su impulso no es la situación que le lleve a escribir una denuncia, es la

atención a una sugerencia que le distrae de su interés real. Si Galdós hubiera sentido la

necesidad de expresar su opinión sobre cualquier tema a través del periodismo, en el siglo XX

lo hubiera hecho en el periódico o revista que hubiera deseado, por no hablar de la posibilidad

de éxito de crear o fundar él mismo el medio. Éste es el motivo por el que, en general, sus

colaboraciones sean tan asépticas mientras que su obra coetánea resulta tan crítica con

diferentes aspectos de la sociedad, de la política... de su tiempo. Por tanto, es muy probable,

que ante el ruego de Sergio de Novales, director de El Progreso Agrícola y Pecuario, el

resultado fuera Rura, con las connotaciones apuntadas, y no “¿Más paciencia...?”, con toda la

valentía de Galdós al acusar a los propietarios, cara a cara, de la miserable situación del

proletariado campesino.

Las dos circunstancias que hacen paradójica la actitud de Galdós son, primera, la relación

que le une a Novales29 y, segunda, su interés personal por denunciar la situación y llamar a la

solución. Don Sergio de Novales era sobrino de D. Bartolomé José Gallardo y propietario de

la finca toledana La Alberquilla que antes también había sido Gallardo. Esta razón era

suficiente para un acercamiento del narrador de los Episodios Nacionales, en donde el

bibliófilo aparece varias veces como protagonista del liberalismo. En esta finca pasó Galdós

con el director de El Progreso Agrícola y Pecuario largas temporadas desde 1898. Ortiz-

Armengol define al diputado como “sagastino arquetípico: liberal, pero dinástico; avanzado,

pero propietario; regeneracionista y anticlerical”,30 por lo tanto, a simple vista, tienen varios

aspectos en común. No nos parece extraño que Galdós escribiera sin demasiado esfuerzo

algún artículo para el periódico de su anfitrión de tantos y tantos días. El tono de “Rura” no es

de extrañar, denuncia la situación del proletariado campesino, pero conociendo a propietarios

como Sergio de Novales, interesado en el progreso agrícola, como a la vista queda en el

periódico que dirige, vislumbra “señales” de solución.

Su amistad con Novales no le impide hacer duras críticas a los propietarios en “¿Más

paciencia...?”. Transformemos sus imperativos. En el artículo, Galdós les pide justicia a los

propietarios, como Sergio de Novales, luego son injustos; les pide sean benignos, luego son

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malignos; y así son también, absentistas, petulantes, orgullosos... con estas palabras textuales.

Es más, dedica más de tres cuartas partes del texto a pormenorizar la deplorable situación del

campesinado y no tiene ningún empacho en decir que toda esta situación es “por vuestra

culpa”. Y así podríamos seguir con toda la segunda mitad del artículo, porque ésta es la

esencia de cada una de las frases que contiene hasta el final.

Más valiente es, si cabe, lo que ya hemos apuntado, que hable así de los propietarios a

Novales que es uno de ellos, pero que obviamente no es de los “super-hispanos” , ya que

consiente en la publicación del texto asumiendo todas sus consecuencias, es decir, que

también muestra valor codo a codo con Galdós. Lo insólito es que el público lector objetivo

de la publicación está constituido por quienes poseen la tierra. Los índices de alfabetización

en España son ridículos en esta época y además, cuando se emplean estadísticas entre la

población rural, lo son aún más.31 Los únicos lectores de este periódico, “el mejor de los

periódicos agrícolas de España”, son los propietarios y a ellos se dirigen sus secciones, tan

tendentes a la rentabilización de las explotaciones; a la introducción de nuevas tecnologías

biológicas, veterinarias; a la utilización de la maquinaria más moderna, “la magnífica

segadora Deering”; a la difusión de los más modernos piensos, etc.

El contenido del artículo sería el discurso más interrumpido por los aplausos en un mitin

sindicalista agrario multitudinario, pero no es ése su público. De la misma manera que lo

hubiera sido el artículo que firma Pablo Iglesias y que empieza así:

La clase dominante o patronal, equivocándose, como en otras muchas cosas, ha

tenido la creencia de que los trabajadores del campo de nuestro país tardarían

bastante en acudir a la organización para reclamar, como sus compañeros del taller,

de la fábrica y de la mina, mejores condiciones de vida.32

Pablo Iglesias no se queda a la zaga de la dureza de Galdós y se pregunta qué tiene de

extraño que:

muchos de esos obreros juzguen buena la violencia y sueñen con venganzas

patronales […] ¿Por qué sorprenderse de que tales obreros respiren odio contra los

patronos y contra las autoridades, y de que hablen de exterminio […]?.33

Por eso ya resulta del todo inconcebible el hecho de que el número se agotara, es decir, se

pidieran más ejemplares, lo que sucedió, como podemos comprobar en la nota que aparece en

el periódico, el 31 de marzo de 1904,34 en la que se piden ejemplares del número en cuestión y

se ofrece una compensación a quien lo envíe.

Y por eso, esta circunstancia pudo ser una sólida base de la relación de admiración mutua

entre Pablo Iglesias y Benito Pérez Galdós. A Galdós le acusaron de no actuar en Electra, en

el órgano del tipógrafo con estas palabras:

Menos voces y más actos; menos gritar y más hacer; menos timideces, menos

términos medios, menos radicalismos en la frase y más en la acción.35

Con “¿Más paciencia...?” los editores de El Socialista deberían reconocer el volumen

poderoso de la voz de un hombre que rondaba los 60 años, un descaro propio de la juventud,

una claridad meridiana en la expresión y rectificar, por supuesto, la cursiva que empaña el

radicalismo o compromiso de Galdós con sus palabras o con la acción.

286

Lo que puede resolver esta paradoja de la que hemos hablado, en cuanto a la motivación de

Galdós al adoptar esta actitud, pudiendo soliviantar y ofender al público objetivo de El

Progreso Agrícola y Pecuario, es el interés especial que Galdós ha tomado por la cuestión

desde los albores del siglo XX. Si el Galdós del XIX era el de la “cuestión urbana”, el del XX es

el de la “cuestión rural”, cuyo exponente es, sin duda, como apunta Puértolas,36 El Caballero

Encantado y cuyas semillas más fecundas son, primero “Rura” y sobre todo, “¿Más

paciencia...?”. Además, como recuerda Tuñón de Lara,37 no era la España rural un tema

rigurosamente novedoso en la obra galdosiana y pone tres grandes obras como ejemplo: Doña

Perfecta, Gloria y Marianela. Así que sin ser una cuestión nueva, sí es redoblado su esfuerzo

crítico y renovador.

Asimismo, y como apuntábamos al principio, a pesar de los elementos novedosos que el

trabajo periodístico muestra abiertamente, subyacen, en este artículo, de extensión media

dentro de su producción periodística, casi todos los elementos constantes de su producción

literaria:38 El factor social, el educacional, el trabajo como dignificación y elevación del

hombre, el anticlericalismo, la denuncia del caciquismo y, podríamos añadir, la imaginación

mitológica.39

La Madre Tierra, o Naturaleza, determina la metáfora que permanece en el artículo desde

definir la tierra, como hemos indicado: “esa madraza que no acaba nunca de amamantar al

hombre”. En función de la metáfora utilizada inserta otras con el mismo símil o paralelismo y

así la “vida española” tiene “savia” y “calor”; España debería ser una nación “robusta y

saludable”; la vida española podría tener un “florecimiento integral” y la rutina del

campesinado tiene una “corteza” que hay que romper. Incluso ese modo tan castizo de Galdós

de “madraza” aparece en tan pocas líneas.

En cuanto al caciquismo, subyacente a lo largo de todo el texto, aparece explícitamente ya

en el primer párrafo: “en el campo encontramos la fuerza elemental, la rutina, la ignorancia,

luchando en desigual contienda con los obstáculos naturales, a los que se agregan las

maldades del caciquismo y la usura”.

El anticlericalismo aparece también en forma de metáforas y supone una crítica al

materialismo, ya que el campesino, “el rural” o “infra-hispano”, es ascético por necesidad.

Desde “De aquel ascetismo que nos vienen predicando” empieza Galdós a explicar las causas

de la penosa existencia de una parte de los españoles. Esta metáfora la redondea con las

siguientes palabras:

Y para que el rural no desmaye, su hermano de las ciudades no cesa de recomendarle

con hipócrita unción la práctica sistemática de las virtudes cristianas, genuinamente

españolas, la paciencia y la sobriedad. […]

El régimen español de vivir mal en la tierra por querencias del Cielo se sostiene y

preconiza en el campo como ley religiosa y social […] Los infra-hispanos, tristes,

agobiados, vuelven sus ojos a los que participamos en mayor o menor grado del

humano bienestar, y nos dicen: Caballeros, ya, de tanto ascetismo, hemos ganado el

cielo de la razón y de la verdad.

Uno de los valores que siempre más apreció Galdós fue el trabajo y así, por ejemplo, lo

primero que dice al recordar a su querido amigo Valero de Tornos es “por su invencible

voluntad en el trabajo” y uno de los consejos, que no iba a dar pero da, a los creadores de la

revista Electra es que “con la entonación más grave que puedo tomar, les recomiendo que

287

trabajen sin descanso”. Si hasta en los escritos más breves le da un valor prioritario –la nota

de Valero de Tornos son cinco líneas a una columna– en el artículo que estudiamos es crucial

y constante y lo denomina “heroico martirio que merece glorificación”, califica al trabajo del

campo como “penoso, abrumador”, “la esclavitud de la tierra”, “la faena dura que empieza

cuando acaba, como los castigos paganos”, “obra dura, incansable”; los campesinos son

“galeotes irredimibles” y, sin embargo, lo eleva al “más noble de los oficios”. Este su trabajo

es lo que probablemente redima a los ojos de Galdós cualquier culpa y le permite hacerla

recaer en el ocioso.

Por último, el institucionismo o factor educacional se convierte en la verdadera

reivindicación de Galdós para los infra-hispanos, ya que manifiesta que es la ignorancia lo

que les hace serlo y si la acción es lo que predomina el artículo, para los krausistas la

“educación era la forma suprema de acción”40 y la primera desigualdad que denuncia en la

entradilla es la de que la enseñanza agrícola, el conocimiento de las máquinas y los métodos

de cultivo está en las ciudades, mientras que en el campo reina la ignorancia y la “plena

atmósfera de barbarie”. Por eso la mayor parte de sus exigencias hacia los super-hispanos se

relacionan con la educación:

Seamos nosotros un poco civilizados y vosotros un poco campesinos. Venid acá y

traednos toda la ciencia que en libros o en viajes aprendisteis, y enseñadnos lo que

ignoramos, rompiendo con paciente educación la corteza de nuestra rutina. Traed al

campo a vuestros hijos […] y llevad a los nuestros allá para educarlos a la moderna.

Y, a nosotros, que por culpa vuestra conservamos las inteligencias endurecidas,

enseñadnos a leer y escribir, aunque sea menester abrir a golpes las puertas y

ventanas de nuestros cerrados entendimientos. […] Si estas voces que al superhispano

dirige el infra-hispano fuesen desoídas o menospreciadas y siguierais

negándonos la educación […]. Inteligencias bárbaras os devolverán la lección

ascética: contra paciencia, acción; contra miseria, bienestar.41

A pesar de que este derecho a la justicia social sea defendido de una forma tan radical por

el siempre “moderador, enemigo de la violencia y “cachazudo”” Galdós, como hemos

apreciado en otros trabajos,42 no nos hace pensar en una evolución de la esencia ética o moral

del autor, sino todo lo contrario: con el mismo ahínco, con la misma sosegada y razonable

argumentación que defendió la supresión de las corridas de toros en sus primeros trabajos

periodísticos, concluyendo que prefería ser extranjero en España que bárbaro en Europa;43 con

el mismo rigor que defendió la supresión de la pena de muerte;44 defiende ahora, con vigor

juvenil, la supresión del sufrimiento de los españoles que viven en el campo, que además

realizan un trabajo duro pero noble y exige la supresión de las diferencias entre las ciudades y

el campo, la supresión de la ya manida expresión de “las dos Españas”.

En definitiva, concluimos que este artículo de Galdós supone un nuevo experimento formal

en cuanto a las formas del periodismo galdosiano, a través de la utilización de los géneros,

estilo y estructuras más modernos, y que estas formas y estructuras tan “progresistas” están al

servicio de una nueva actitud, sin duda alguna, más avanzada, encaminada a lograr la acciónpersuasión.

Y, sin embargo, toda esta novedad es el más fiel y completo reflejo de la esencia

de un hombre en quien cada uno de sus átomos, desde su juventud a su vejez, tiene en común

con los demás el ansia y la sed de justicia. Es la esencia de un hombre que puso su pluma al

servicio de la esperanza que la movía.

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NOTAS

1 Rafael MAINAR: El arte del periodista, Sucesores de Manuel Soler, Barcelona, 1906, p. 18.

2 Id. p. 20.

3 Aparece este reclamo en todos los números de principios de cada año.

4 Rataplán: “nota en que se anuncia en los periódicos la publicación...”. Cfr. MAINAR, p. .

5 Pablo IGLESIAS: Pablo Iglesias 1850-1925, Fundación Pablo Iglesias, Madrid, 2000.

6 MAINAR: p. 113.

7 Id. p. 112.

8 En El Sol, 15 de noviembre de 1930.

9 José Luis MARTÍNEZ ALBERTOS: Curso general de Redacción periodística, Paraninfo, Madrid, 1993,

p. 375.

10 Emilio CASTELAR: “El Rasgo”, en La Democracia, Madrid, 25 de febrero de 1865.

11 Francisco SILVELA: “Sin Pulso”, en El Tiempo, 16 de agosto de 1898.

12 V. Para entender con más claridad esta cuestión LAÍN ENTRALGO: “De la acción al ensueño”, en La

Generación del 98, Austral, Madrid, 1997, pp. 336-352. De este capítulo retomamos los ejemplos que

utiliza el autor. Por otro lado, existe una corriente contraria, es decir, que defiende la acción como actitud

de sus miembros, entre ellos V. Donald L. SHAW: La Generación del 98, Cátedra, Madrid, 1989.

13 LAÍN ENTRALGO, op. Cit.

14Id.

15 Id.

16 Id.

17 Cfr. Benito PÉREZ GALDÓS: “Soñemos, alma, soñemos”, en Alma Española, Madrid, Noviembre de

1903, p. 1.

18 Id.

19 William H. SHOEMAKER: Estudios sobre Galdós, Valencia, 1970, p. 205.

20 Luis ANTÓN DEL OLMET y Arturo GARCÍA GARRAFA: Los Grandes españoles. Galdós, Madrid,

1912, p. 118.

21 OLMET Y GARRAFA, Op. Cit., p. 111.

22 RODRÍGUEZ PUÉRTOLAS: Galdós. Burguesía y Revolución, Turner, Madrid, 1975, p. 118.

23 Id., p. 131.

24 Benito PÉREZ GALDÓS: “Rura”, en El Progreso Agrícola y Pecuario, Año VII, Núm. 226, Madrid, 7 de

Enero de 1901, p. 1.

289

25 Id. p. 2.

26 V. Corina ALONSO: Relación de Galdós con su época (1900-1920),Cabildo Insular de Gran Canaria, Las

Palmas de Gran Canaria, 1994.

27 Cfr. Gente Vieja, Año II, Madrid, todos los números de enero y febrero de 1902 y su dictamen en 10 de

abril de 1902.

28 La entrevista, aparecida en Año VII, Núm. 136, de 15 de julio de 1905, pp. 3 y 4, es posterior al

fallecimiento de Valero de Tornos. La entrevista carece de interés objetivo por haber sido redactada en

forma de “entrevista-reportaje” y perderse así lo que el entrevistado dijo; Galdós había sido requerido,

como mínimo, una vez a contestar al cuestionario siguiente: “¿Si vd. fuese encargado de dirigir el

centenario del Quijote, qué proyectaría para llevarlo a cabo de un modo brillante y práctico?” y se dice

explícitamente en el número de 15 de junio de 1904 que la carta le ha sido enviada a Galdós y no figura

contestación; en el número de 15 de enero de 1905 dedicado a Juan Valero de Tornos aparecen los

recuerdos de más de cuarenta personalidades de todos los ámbitos, desde Canalejas a Silvela, Benavente y

Echegaray al Duque de Rivas, etc. La nota de Galdós es la que sigue: “Por su invencible voluntad en el

trabajo, por su trato amenísimo, por la viveza y gracia de su ingenio cuando escribía, así como la fidelidad

de su memoria cuando relataba sucesos públicos o privados, Valero de Tornos vivirá siempre en el

recuerdo de los que fuimos sus cariñosos amigos” (p. 4)

29 V. Pedro ORTIZ-ARMENGOL: Vida de Galdós, Crítica (Grijalbo-Mondadori), Barcelona, 1996, pp. 514,

606 a 610, 625 a 658 y 826.

30 Id. p. 608

31 Cfr. SÁNCHEZ ARANDA y BARRERA DEL BARRIO: Historia del Periodismo Español desde sus

orígenes hasta 1975, Eunsa, Pamplona, 1992, p. 40, en donde señala que la tasa de alfabetización en 1910

es del 63,7%, global.

32 Cfr. El progreso Agrícola y Pecuario, Núm. Cit. p. 10.

33 Artº cit. P. 11.

34 Aviso en el que anuncia que no tienen más números del 31 de enero y piden a los suscriptores que manden

alguno, a cambio de la obra de Sergio de Novales Purificación y Aprovechamiento de las aguas fecales de

Madrid.

35 Cfr. “Electra”, en El Socialista, Año XVI, Núm. 779, Madrid, 8 de Febrero de 1901.

36 V. PUÉRTOLAS: Op. Cit. Y la edición del mismo autor de El caballero encantado (Cuento real...

inverosímil), Cátedra, Madrid, 1987.

37 V. Manuel TUÑÓN DE LARA: Medio Siglo de Cultura Española (1885-1936), Tecnos, Madrid, 1973.

38 V. En Id. “La España de Galdós y de «Clarín»”, pp. 19-36 y “El krausismo y la Institución Libre de

enseñanza”, pp. 37-56. y RODRÍGUEZ PUÉRTOLAS: El Caballero encantado.

39 La realidad mitológica de Galdós ha sido expuesta por Alan SMITH en conferencia pronunciada en la

Asociación de Amigos de Pérez Galdós de Madrid, “Galdós y la imaginación mitológica: hacia una poética

del Realismo”, en mayo de 2000 , así como en diversos trabajos.

40 TUÑÓN DE LARA, Op. Cit. P. 42.

41 Id.

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42 GARCÍA PINACHO,V. Pilar: La Prensa como fuente y subtema de los «Episodios Nacionales» de Benito

Pérez Galdós, en Fundación Universitaria, Madrid, 1998.

43 H. SHOEMAKER,William: Los artículos de Galdós en “La Nación. 1865-1866, 1868, Ínsula, Madrid, 1972, pp. 502-

503.

44 Id. p. 81.

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